En la mesa, Martín Caparrós, Juan Pablo Meneses y Juan Villoro charlan. Frente a ellos, un público integrado, sobre todo, por jóvenes estudiantes de periodismo y algún que otro curioso. Al lado de la mesa principal, una gran pantalla muestra en grande la imagen de Caparrós, Meneses y Villoro charlando.

La muestra, pero no: entre lo que ocurre en la mesa y lo que se ve en la pantalla hay un desfase como de quince segundos. El Caparrós de la mesa levanta el brazo, el Caparrós de la pantalla tiene ambas manos sobre la mesa. El Caparrós de la mesa baja el brazo, el de la pantalla lo levanta.

En eso se resume, explica el argentino, el secreto de la crónica: La pantalla pretende ser lo que pasa acá, pero no lo es. Y eso mismo pasa con el periodismo. Por eso, la crónica no puede ser una reproducción que pretenda ser fiel a lo que pasa, porque no se puede. Si lo intenta, se convierte en un retrato que ya no retrata nada .

Los tres cronistas están dialogan en el marco del Encuentro Internacional de Periodistas que, cada año, se realiza en el marco de la FIL Guadalajara.

El título de la mesa es La crónica periodística, el boceto de la historia . Juan Villoro comienza diciendo que el género parte de la curiosidad, y añade que la curiosidad debe darse en dos dimensiones: por un lado, debe responder a detalles específicos, hacer un zoom al personaje del que se va a contar la historia, pero al mismo tiempo debe ser una curiosidad dispersa, que genere conexiones entre el personaje y sus contextos .

Y para estar a tono, recuerda que hace justo un año Peña Nieto que en esos momentos tomaba posesión en San Lázaro visitaba la FIL para escenificar la historia de los tres libros no leídos: en ese caso, explica, el periodista llevó su curiosidad más allá para saber sobre los libros de Peña Nieto, que ahora sabemos que no existen .

Para Caparrós, el asunto es, por decirlo de algún modo, fácil: Lo importante es enganchar a la gente de modo que, aunque no le importe un carajo lo que está leyendo, no pueda dejar de leer el texto .

Por su parte, y para reafirmar lo que había dicho anteriormente, Villoro explica que lo peor que le puede pasar al periodista es el periodismo de fuentes, porque cada vez sabes más de cada vez menos cosas .

En una conversación que poco a poco fue dejando de lado a Meneses, Caparrós explica que, actualmente, las crónicas que se producen en Latinoamérica están dominadas por los raros y los violentos .

Esto, añade, se debe a una confusión: En algún momento se dijo que los cronistas eran la voz de los que no tienen voz. Y no digo que no, pero quedarse en eso es una visión muy sesgada. Hay muchas cosas de las que hay que hablar como para caer en la tentación de quedarse en la rareza y la violencia .

La charla entra en los pantanosos terrenos de la objetividad vs subjetividad; realidad vs ficción; literatura vs periodismo. Caparrós batea: Se ha querido equiparar la objetividad con la honestidad como si fueran iguales, cuando no tienen nada que ver.

Nada es objetivo. Siempre hay alguien que elige, prioriza, organiza . Y Villoro pone el broche: Esto es un tema de calidad. Tanto mejor esté escrita la crónica, más va a perdurar como pieza literaria. En el fondo debe estar el compromiso ético del cronista para dejar claro desde dónde está narrando .

La mesa termina. Caparrós, Meneses y Villoro se ponen de pie. En la pantalla, en cambio, Caparrós, Meneses y Villoro siguen hablando.

RDS