Dice el clásico que segundas partes nunca fueron buenas, algo que el cine se ha encargado de refutar contundentemente desde El Padrino II o la misma The Dark Knight de Nolan. Pero qué podemos decir de las terceras. Podría empezar con Matrix Revolutions, pero bastan ejemplos entre los superhéroes para ilustrar: Superman III, Spiderman 3, X Men 3: la batalla final, ¿alguna peor?

Apenas vi Dark Knight Rises, mentiría si dijera que esperaba ser deslumbrado por Nolan otra vez. Después de Batman inicia y su eficaz secuela, la barra estaba muy alta. Aún así mis expectativas eran altas, no sólo por el casi consenso de la crítica favorable, sino por la competencia y seriedad del director y su equipo.

Lo digo de una vez: Dark Knight Rises me pareció una de las películas más decepcionantes del año. Para explicarme va una advertencia indispensable: este texto está lleno de spoilers. Es para leerse después de ver la película, no antes.

Puede sonar ridículo criticar una película de superhéroes por no ser realista. El cine basado en cómics requiere que el espectador tolere ciertos saltos lógicos y dramáticos. Al igual que el cine de ciencia-ficción nos pide suspender la incredulidad para dar por buena la existencia de aliens, naves espaciales, dimensiones paralelas o viajes en el tiempo.

La cuestión no es que no sea creíble que exista Batman o Gotham o Bane, sino que dentro de ese mundo y su lógica, lo que suceda sea verosímil.

La película es espectacular en muchos sentidos: los efectos especiales, la música, la cinematografía, los miles de extras, las explosiones, etcétera. Incluso es capaz de engañarnos con que toca temas relevantes: como el terrorismo, la justicia, la especulación financiera, la venganza, la civilización, la trascendencia.

El elenco, en el papel, es de primera. El presupuesto se gastó correctamente. La promoción de la cinta cumple, desde el trailer donde se vuela el campo de los Steelers (Heinz Field), se nos vende la idea: este Batman sube la apuesta.

El problema estriba precisamente en eso. Es imposible subirle la apuesta a The Dark Knight y al Joker de Ledger. Para hacerlo Nolan se propone más extras, más explosiones, más muertos, más en juego. Si el Joker iba a volar un barco lleno de pasajeros, Bane piensa detonar un reactor nuclear y matar a millones.

The Dark Knight termina con Batman fugitivo de la justicia, culpado de matar a Harvey Dent por no sé qué tontería de crear un héroe real para Gotham. Era lo menos convincente de esa cinta (además de Maggie Gyllenhaal, pero mejor no empiezo a hablar de ella).

Volvemos ocho años después: Bruce Wayne cojea, se ha recluido, ha perdido dinero, la policía de la ciudad se volvió súper efectiva gracias a una Ley Dent que limpió la inquietante y omnipresente corrupción de The Dark Knight y acabó con el crimen (empezamos mal). Gotham es la NY de Giuliani.

Entonces aparece Bane, un tipo con bozal al que siguen otros dispuestos a morir por "la causa". Bane realiza un secuestro espectacular en un avión y llega a Gotham a hacer de las suyas construyendo algo en las alcantarillas. Entra a cuadro Selina Kyle (mejor conocida como Gatúbela) que se roba un collar de la mamá de Wayne: oh-oh. Bruce sale de casa y caza y la atrapa, pero las morenas son su punto débil y ella se fuga con su Lamborghini engañando al Valet Parking. Alfred quiere que Bruce se quede en casa y conozca una chica y le dé nietos o algo así. Llora y lo chantajea cada vez que sale a cuadro. Nunca pensé que odiaría a Michael Caine en la pantalla (ni siquiera en Miss Congeniality).

El cine nunca ha respetado el tema de la identidad secreta de los superhéroes. Ese que tanto trabajo costaba a los autores de Marvel y DC. Esos cómics donde Superman hipnotizaba a Lois Lane o hacía girar el mundo en reversa para regresar el tiempo y así nadie supiera que Clark sin lentes usa calzones rojos.

Esta cinta no es la excepción: todos se enteran quién es Batman: Gatúbela, Bane, Talia, Gordon, Robin, los matones, los presos, los huérfanos, etc.

El problema fundamental de la cinta es que todo sucede por una sola razón: que avance la trama. Los personajes no están vivos, son fichas de un dominó inventado por los hermanos Nolan, donde se abusa de la coincidencia y la credulidad del espectador.

Resumen: Batman retirado, los malos roban a Wayne y se apoderan de las armas que guardaba Wayne, y con ellas del reactor que escondía Wayne, para casi matar a Wayne y mejor mandarlo al hoyo (literalmente) y entonces amenazar con matar a todo Gotham porque así es más emocionante.

Un punto dramático: Wayne es recluido en una prisión en algún lugar del medio oriente. Cuando Wayne escapa después de que los presos le echan porras, y el Yoda reo le da consejos místicos y le curan la espalda a rodillazos, y hace la rutina de Rocky para ponerse fuerte, y lo que quieran; sale sin zapatos al desierto. Lo primero que hace es echar una soga para que escapen todos los reos: los asesinos, los ladrones y la escoria encarcelada ahí. ¿Por qué? ¿Porque Bane hace lo mismo en Gotham? ¿Ojo por ojo, cárcel por cárcel? Después viaja hasta Gotham en menos de 24 horas, sin un quinto en el bolsillo ni en el banco y llega a una ciudad sitiada, sin accesos. Fuera de que Superman le echara un ride…

Gotham es enorme, del tamaño de Nueva York, Pittsburg o Londres (se filmó en las tres), sin embargo, Batman se las arregla para aparecer en lugares en forma casi simultánea. El edificio donde se refugian los ex-directivos de su compañía, para que Fox le preste un traje de repuesto y de ahí al túnel donde Blake (aka Robin) está a punto de ser machacado, y en medio del hielo donde Gordon y sus cuates van a dar un paseo. En sus ratos libres, le da chance pintar un murciélago en el puente con gasolina.

El reactor que Bane desconectó y se calcula que explotará en x días, lo hará porque su núcleo se vuelve inestable, como bien nos explican varias veces para que entendamos. Digamos que hasta ahí va. Pero el reactor no es una bomba, no tiene detonador conectado, el tema de toda la secuencia final de "faltan 11 minutos…tic-tac" es absurdo. Si se trata de inestabilidad puede explotar antes, o después o nunca. En cualquier caso, digamos que diseñaron muy bien el reloj que lleva la cuenta. Batman se hace con el reactor y quedan diez minutos, apenas tiempo para sacarlo de la ciudad, y qué hace nuestro héroe y sus amigos: se esperan a ver cómo agoniza Talia y dice sus últimas palabras, se despiden, nos recuerdan que no hay piloto automático, se dan un beso, y entonces sí a sacar la bomba atómica de la ciudad. Pero rápido, que llevo prisa. Por cierto, la secuencia, que no está cortada en tiempo real, dura más de doce minutos.

¿Muere Batman? Ya sabíamos que no, y que se iba a salvar con algún truco baratón. Que reparó el piloto automático meses antes.

Entonces arriesgó la vida de todos, para salvarse él, en medio del mar, apuñalado en el costado, confiando en que no iba a fallar el dichoso automático, y luego nadar de vuelta, en el mar radioactivo para coger el primer vuelo a Florencia con su nueva chica?

Lo peor no son esa cadena de tonterías con que se hila el último tercio de la película. Lo peor son los diálogos expositivos, las escenas donde Batman entra a un cuarto y ve a Bane y dice "Bane" y Bane dice "Llegaste". Como si fueran Jerry y Newman en algún capítulo de Seinfeld. Los cientos de policías bien uniformaditos y planchados después de un mes en la cloaca atacando un ejército con metralletas sin que los masacren a todos. Vamos: los miles de muertos sin sangre.

Nolan quiere aumentar la apuesta pero no ser políticamente incorrecto. El estadio explota y jugadores, entrenadores y porristas desaparecen. Los peores reos salen a la calle y se dedican a sacar a los ricos de sus casas y juzgarlos en un tribunal patito. Y mientras, Batman dice: yo no mato, nada más reparto en las azoteas y calles, si muere alguien es por accidente o porque se cayó.

Bane termina siendo el sitter de Talia. Selina es dura, cobarde, avariciosa, pero tiene un gran corazón y talento innato para conducir batimotos. El poli huérfano y aburrido, el "hot head", resulta que se llama Robin. Y Alfred llora y llora.

Pareciera que para Nolan el lado oscuro, el irracional, ese que tan bien explora el Joker de Ledger o La broma asesina de Alan Moore, el dilema moral del vigilante, aquí es puro show veraniego. La oscuridad es pintar de negro, hablar ronco, recitar clichés y entonar risas malvadas. La nueva apuesta es entretener a base de explosiones, efectos especiales y descuidos técnicos. Decir voy a volar la ciudad en pedazos como el Mr. Frío de Schumacher amenazaba con congelarla, porque esa era la meta última de la Liga de las Sombras que habitaba en el Tíbet: destruir Gotham. Triste final para la saga.

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