Se oyen risas, carcajadas incluso. El taller textil es un lugar alegre para trabajar.

Un grupo de mujeres jóvenes juega con ropa, en medio de un lugar lleno de telas y materiales varios para hacer ropa. Es el taller de la marca Déjate Querer. Aquí trabaja, por el momento, Geraldine Padilla, artista textil ( novata , insiste ella en aclarar. Es joven, por cierto, 29 años).

Geraldine no comenzó su carrera en el textil estudiando diseño, o como herencia de su madre o de su abuela. El textil la encontró a ella.

Estudió Arquitectura en la UNAM. Se enamoró de un italiano y se fue con él a su país. El amor no resultó, pero sí la vocación. Le había hecho a mi novio una cartera hecha a mano y ése fue mi primer encuentro con el textil . De pronto se encontró en Italia sola y sin dinero. Su forma de sobrevivir fue haciendo fundas para tablets a mano. El negocio funcionó y se dijo: ¿qué hago aquí si podría estar haciendo esto en mi país?.

De regreso en México, Geraldine decidió tomarse más en serio el arte textil. Tomó cursos sobre todo en el taller Dos Coyotes, de Karla Belinda Amezcua, y descubrió que la arquitectura le interesaba cada vez menos. Lo que me interesaba es cómo la gente modifica los espacios. No es lo mismo una cocina aquí que en Oaxaca . Por eso está a punto de entrar a la maestría de Arquitectura Social.

Entre la lana y el bordado

Geraldine se describe como ñoña , y eso es porque tiene una gran curiosidad intelectual. Lee mucho (ahora mismo tiene en su buró una mezcla de ensayo, textos de antropología y la novela Mal de amores de Ángeles Mastretta). Si bien el textil no le llegó como herencia (aunque después descubrió que su bisabuela confeccionaba ropa y que su abuela era buenísima para el bordado rococó), la lectura sí. Mi abuelo leía todo, siempre que entraba a una habitación leía hasta la más chiquita de las palabras. Fue la mejor herencia que me dejó porque cuando murió yo empecé a devorar libros. Es como si me hubiera habitado su espíritu .

Las risas en el taller continúan. Geraldine no deja de sonreír durante la entrevista. Encontrarse con el arte textil significa la gran felicidad de su vida. Pronto participará en su primera exposición colectiva en la Galería Fidencia.

El material favorito de Geraldine es la lana. Dice que le da una sensación de casita . De hecho, la cabecera de su cama está hecha de lana blanca y gris y dice que la picazón ya ni la siente. Duerme protegida.

La comunidad de arte textil en la Ciudad de México crece, pero está entretejida con fuerza, una cohesión apasionada que sólo se ve en grupos pequeños. Geraldine me cuenta que es una comunidad conformada casi en su totalidad por mujeres, pero que también de vez en cuando se acercan los hombres. Creo que se ha castigado al hombre. El estereotipo de la mujer como la única textilera es falso, sólo hay que ver las comunidades originarias en las que hombre y mujer tejen , explica. Dice que lo curioso es que hombres y mujeres tienen diversas formas de organizarse para trabajar: mientras las mujeres van en bola y chismean, los hombres prefieren trabajar a solas.

Además de trabajar el fieltro de lana, el trabajo favorito de la artista es el bordado ( es todo un lenguaje ) y el telar de cintura.

A Geraldine también le gusta tejer a solas, sobre todo cuando está trabajando con el telar de cintura. Es mi meditación. No me doy cuenta de cómo pasa el tiempo y de repente ya tengo todo un lienzo terminado. Es hermoso .

Geraldine y su forma de felicidad.

La India como otro planeta

Geraldine Padilla viene regresando de un nutritivo viaje por la India. Estudió una maestría, pero sobre todo hizo investigación por su cuenta sobre el modo de vida en la India. Lo que significa es que fue muy observadora de las diferencias culturales entre la cultura occidental y la India.

Los jeans fueron una sorpresa. Yo siempre ando en jeans, así que es la ropa que me llevé. Y todo mundo me decía que por qué traía jeans con semejante calor. Allá descubrí que la ropa tiene más que ver con el clima y la temperatura que con la moda .

El quehacer textil en la India es muy cercano a la gente común. Las mujeres usan sus saris (vestido tradicional) y sus kurtas, especie de huipil o blusón, todo hecho a mano y a la medida. Es una relación viva , dice Geraldine. Una de las cosas más liberadoras, cuenta la artista, fue participar en el festival Navrati vistiendo un choli, una suerte de top que deja buena parte del torso al desnudo. No estoy acostumbrada a usar tan poca ropa, pero ahí descubrí que nadie tenía una pose especial. Adquirí mi pose natural .

Esa pose natural que tiene tan feliz a Geraldine Padilla fue descubrirse como artista textil.

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