En un contexto de apertura para la revisión de nuestros procesos históricos y la reivindicación de quienes quedaron a la deriva de los relatos oficiales, es desde disciplinas varias, entre ellas la literatura, que se han propuesto nuevas perspectivas que si bien no cambian los hechos que nos anteceden y nos conforman, sí modifican la manera en la que asimilamos el presente.

Uno de estos aportes es el libro Hijas de la historia. Las mujeres que construyeron a México (Planeta, 2021), de la historiadora Isabel Revuelta Poo, que ofrece una versión femenina del acontecer de nuestro país desde el México prehispánico y hasta el siglo XX. El libro honra la memoria de diez mujeres que fueron parte de los acontecimientos más emblemáticos de nuestra historia y que con su impronta, aunque no se les haya reconocido, contribuyeron a la identidad histórica del territorio hoy llamado México. Son en su mayoría mujeres que si bien trascendieron la memoria colectiva, se les evoca con mitos y estigmas a cuestas.

Se trata de Malitzin o doña Marina, de doña Isabel Moctezuma y doña Catarina de San Juan, así como Sor Juana Inés de la Cruz, María Ignacia Rodríguez de Velas y Osorio, mejor conocida como “la Güera” Rodríguez; también Frances Erskine Inglis, marquesa de Calderón de la Barca; doña Concepción Lombardo de Miramón, junto a Carmen Serdán, Antonieta Rivas Mercado y Dolores del Río.

Mujeres estigmatizadas o almibaradas

“Me pareció importante abarcar estos 500 años porque conmemoramos justo cinco siglos de lo que somos: México. No somos mexicas ni españoles, somos esa mezcla de estas dos grandes culturas que a su vez tuvieron influencia de otras. La historia no es a rajatabla ni de hechos aislados, son largos procesos llenos de acontecimientos. Y si estamos en estos 500 años, me parecía más que pertinente empezar a hablar de la participación de las mujeres, porque siempre hemos estado ahí, algunas más protagonistas que otras, unas mal interpretadas, debajo de la lápida terrible de una leyenda negra, otras completamente almibaradas y llevadas a un lugar también muy lejano. Entonces, hablar de sus vidas y del proceso histórico en el que estuvieron inmersas es tejer historia”, comparte la autora e historiadora.

La investigación sobre estas figuras femeninas de nuestra historia fue minuciosa, refiere, con una revisión bibliográfica a fondo de varias de estas figuras femeninas en textos de Ramón Xirau, Octavio Paz, Margo Glantz, Carlos Martínez Assad, Sara Sefchovich, Mónica Lavín, Eduardo Galeano y Solange Alberro, por mencionar un puñado de autores de fuentes bibliográficas, sin considerar los textos de los cronistas en el siglo XVI, para los casos de más mujeres que vivieron la Conquista y la Colonia, además de los textos de aquellas protagonistas que tuvieron la oportunidad de dejar por escrito sus testimonios íntimos o epistolares.

“Está el caso de Antonieta Rivas Mercado, quien fue importante como promotora cultural. Pero no nada más hay que conocerla como la mecenas, fue una grandísima escritora, y eso nos lo dan las investigaciones actuales, con la recuperación de sus obras de teatro, diarios, ensayos, poemas. Era una escritora en ciernes. Lamentablemente, la vida se le truncó por la tragedia que conocemos. El siglo no estaba listo para Antonieta, porque no se le reconoció al igual que a los Contemporáneos. Ella estaba a la altura. De ahí que sea importante seguirlas revisando”.

La reinterpretación y los monumentos

Revuelta Poo coincide en que es inevitable que la historia sea susceptible de interpretaciones según la conveniencia de quien la relata, lo que no es correcto, dice, es cambiar los hechos para ajustarlos a una narrativa oficial. “Es un despropósito, porque lo único que hace es confundirnos y nos desdibuja. Deshacer la pertenencia con falsos hechos y discursos es un arma muy peligrosa, porque entonces no conocemos en realidad lo que somos y si no sabemos lo que somos, ¿qué planteamiento podemos tener en el presente?”.

Expresa su opinión sobre la instalación de esculturas evocativas a las mujeres indígenas como monumentos, como, por ejemplo, planteaba el gobierno capitalino con una escultura de Pedro Reyes en la otrora Glorieta de Colón, que, finalmente ocupará la escultura prehispánica llamada "Jóven de Amajac".

“Poner esculturas de mujeres indígenas sin el contexto presente es caer en lo mismo en lo que cayó Porfirio Díaz al hacer estatuas de indígenas cuando hay muchas cuentas pendientes con los indígenas vivos”, dice, y añade que “no nos hubiera servido de mucho tener estatuas desvinculadas de nuestra realidad ni tampoco de nuestra historia”.

El antídoto contra las descontextualizaciones de la historia, argumenta, es leer historia a partir de su diversidad de voces, no solamente aquellas con las que nos identificamos, sino alimentar la curiosidad como lectores: “leamos voces que disienten de lo que pensamos”.

El libro ya está disponible en librerías de manera física y en tiendas virtuales para su edición digital y en audiolibro.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx