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Arte e Ideas

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Inventando al Almirante

La tesis con la que la mayoría se siente a gusto, es verdad, es que nació en Génova, pero la documentación que existe al respecto está llena de lagunas y misterios

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Foto: CortesíaCortesía

Si alguna vez fue el ídolo de alguien –hay una estatua suya en Paseo de la Reforma– hoy ya no lo es más. O ya no vive aquí. Cristóbal Colón, sobre todo en este lado de la Mar Océano no es una figura bien vista, no tiene buena fama, es perfecto candidato a los muy caros huevazos que la raza le avienta a su efigie cada 12 de octubre y perfecto chivo expiatorio de que nuestras raíces hayan desaparecido en el oprobio, ya nadie habla náhuatl ni utiliza cuchillos de obsidiana.

Desde el principio la figura del Almirante provoca ciertas molestias. Para empezar, ni el origen de su nacimiento es claro. Diversos lugares se postulan como su tierra natal. La tesis con la que la mayoría se siente a gusto, es verdad, es que nació en Génova, pero la documentación que existe al respecto está llena de lagunas y misterios. Su hijo, Hernando Colón, autor de un libro sobre la vida de su padre, contribuye a generar más polémica. Parece que a propósito quiere ocultar la procedencia de su progenitor y ni Martín Fernández de Navarrete, serio estudioso de los Viajes de Colón habla del tema.

Por ello hay múltiples hipótesis y teorías: algunos lo hacen catalán, otros, gallego, pero también hay quienes juran es portugués o judío, (¿genovés?, ¿Almirante?). Hasta la misma Wikipedia, (Twinkipedia, para los cuates) se hace bolas. En la entrada correspondiente a Colón se lee lo siguiente: Cristóbal Colón. Lugar discutido, c. 1436-14561 –m en Valladolid, España, 20 de mayo de 1506)– fue un navegante, cartógrafo, almirante, virrey y gobernador general de las Indias al servicio de la Corona de Castilla, famoso por haber realizado el denominado descubrimiento de América, en 1492.

Como quien dice ni siquiera sabemos en qué año nació. Y luego, por añadidura, encontramos textos tan parciales como: “Venciendo prejuicios e intereses, temores e ignorancias, el hábil y ambicioso marino genovés Cristóbal Colón arribó a América por la Isla Guanahaní, imponiendo su primera determinación colonialista al renombrarla San Salvador”. O tan inútilmente precisos como el titulado

Las cosas suplicadas y que Vuestras Altezas dan y otorgan a D. Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha de descubrir en las mares Oceánicas, del viaje que ahora, con la ayuda de Dios, ha de hacer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, donde se enlistan títulos, prebendas, división de dineros, tierras y mercancías que todavía ni existían.

Los detractores de Colón lo han tachado de ambicioso, interesado, debilucho, aprovechado, explotador, algo tonto y por añadidura ignorante. Pero la ignorancia tiene colores variopintos y si no hay tonto con vacas, tampoco hay navegante que no sepa hacer la mar.

Amplios conocimientos de navegación y cartografía, entre otros saberes y ambiciones le permitieron a Cristóbal Colón concebir el proyecto para partir de Europa en viaje marítimo hacia el Oeste para llegar a Asia. Su sustento teórico argumentaba la esfericidad de la Tierra, la unicidad del océano y las que pensó eran las correctas dimensiones del Globo Terráqueo. Después de ofrecer sin éxito a Portugal dicho proyecto, Colón lo presentó a los Reyes Católicos de España que tardaron en aceptar, porque parecía estar en contra de todo: los preceptos de la Biblia, y los textos de la Patrística, que negaban la redondez de la Tierra. Sin embargo el destino estaba echado y el descubrimiento escrito en el libro de los tiempos.

Los planes de la expedición hacia América contemplaban tres carabelas: la Santa María, donde viajó Colón; La Pinta, cuyo capitán era Martín Alonso Pinzón y La Niña,capitaneada por Vicente Yánez Pinzón.

El número de tripulantes no se sabe con certeza, pero los que han leído los apuntes del almirante calculan poco más de 105.Y es cierto: poco se sabría del viaje sin los cuadernos de navegación que Colón escribía todos los días. Además de una puntual bitácora no sólo muestran la formación de Colón y lo revelan como un hombre de espíritu crítico, moderno y humanista sino que son divertidos por sus citas de Ptolomeo, la Historia natural de Plinio y las muchas notas sobre los viajes de Marco Polo, faltaba más. El apunte de Colón para aquel glorioso día –un jueves como en este año, por cierto– dice lo siguiente:

“Esta tierra la vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana, puesto que yo a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vi lumbre; aunque fue cosa tan cerrada que no quise afirmar que fuese tierra, pero llamé a Pero Gutiérrez repostero de estrados del Rey y le dije que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo, y la vio. (…) A las dos horas después de media noche apareció la tierra, de la cual estarían dos leguas”.

El almirante descendió a tierra dio gracias a Dios y tomó posesión de la isla en nombre de los Reyes Católicos, mientras grupos dispersos de indígenas aparentemente inofensivos, contemplaban con curiosidad a los recién llegados.

Colón al respecto escribe: “Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una harto moza, y todos los que yo vi eran mancebos, que ninguno vi de edad de más de XXX años, muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras, (...) y son de color de los canarios, ni negros ni blancos...” Pero todo adquiere sentido cuando provienen de la voz de la sensatez y el estudio, una como la de Edmundo O’Gorman cuando explica de manera sencilla y rotunda la cuestión en su libro La invención de América: “El 12 de octubre se conmemora la llegada del navegante genovés Cristóbal Colón a tierras americanas y el inicio del encuentro entre dos culturas.

La trascendencia de este hecho histórico no tiene parangón en la Historia y sus implicaciones han dado cabida a innumerables disertaciones, interpretaciones y polémicas.

Por lo pronto, baste recordar que, en efecto, en 1492 no sólo se dio el descubrimiento de un nuevo continente y con él el inicio de su conocimiento de todo el planeta, sino también el encuentro de dos mundos. Cambiaron las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales en los dos hemisferios y, en forma arrolladora se dio un trasplante de modelos del Viejo al Nuevo Mundo. Muy cierto que también el atropello de las culturas autóctonas, pero a su vez la implantación de la lengua española que hoy hablamos y leemos.

El mestizaje racial y cultural que nos dio origen y que es la base del ser constitutivo de la mayoría de las naciones americanas”.

Más clara ni el agua de las Indias Occidentales. Mejor razón para dejar de insultar al Almirante, no hay otra. Es hora de dejar de decir que Colón no pudo haber descubierto lo que no buscaba, de estar aduciendo pruebas de que muchos navegantes europeos tocaron tierras americanas antes que Colón. Ya basta, por piedad, que la tierra es redonda y no para de moverse.

El verdadero significado del histórico viaje que conmemoramos el próximo jueves es que, hace ya más de cinco centurias, se modificó la idea que se tenía del mundo y se trastocaron, para siempre, todas las ideas que se tuvieron antes y llegarían después. (Y ¡qué viva la Raza! cómo no).

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