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Intimidan a Natura Mexicana para que salga de la selva
La Lacandona ocupa 0.2% del territorio nacional, pero en ella se produce 30% del agua dulce del país.
La Selva Lacandona constituye el macizo de vegetación más importante de México, tanto por los servicios ambientales que provee como por la diversidad biológica que alberga. Su territorio, que originalmente ocupaba casi 2 millones de hectáreas, se ha reducido a una cuarta parte de su extensión dada la tala de maderas preciosas, el cambio de uso de suelo y la sobreexplotación de sus recursos no renovables.
¿Qué significa esta pérdida para el país?
La Selva Lacandona, con sus escasas 500,000 hectáreas, es el último reducto de las selvas altas de América del Norte. Su mera existencia mitiga los avances del cambio climático, genera oxígeno y asimila contaminantes, además de que sirve de refugio de una flora y fauna única en el planeta, como, por ejemplo, 22 especies de peces exclusivos de la región.
La Selva Lacandona ocupa tan sólo 0.2% del territorio nacional; sin embargo, en ella se produce 30% del agua dulce y 56% de la energía hidroeléctrica del país. Sus ríos y arroyos acarrean una gran cantidad de nutrientes que alimentan a las pesquerías del Golfo del México. Y es el sitio donde está 20% de la flora, 44% de las mariposas y 25% de las orquídeas de México. De perderse, también se perdería el hábitat de la guacamaya roja y otras especies en peligro de extinción.
Natura Mexica es una asociación civil sin fines de lucro que trabaja a favor de la conservación, manejo y restauración de la Selva Lacandona, concretamente en la Reserva de la Biosfera Montes Azules y su área de influencia.
Desde el 2005 ha buscando mecanismos que disminuyan la deforestación de la zona, a la vez de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de una de las regiones más marginadas del país. Los esfuerzos de esta asociación se han focalizado en la tarea de encontrar alternativas que no reproduzcan el modelo de pobreza, desigualdad y explotación irracional de los recursos naturales que ha imperado en dicho territorio.
Recientemente, el trabajo de este grupo conservacionista se ha visto obstaculizado por la privación ilegal de la libertad de uno de sus miembros, Julia Carabias. Y si bien la ex presidenta del Instituto Nacional de Ecología y extitular de la Secretaría de Recursos Naturales y Pesca, fue puesta en libertad tras negociar con sus secuestradores, al parecer el objetivo de este crimen fue intimidar a Natura Mexicana conformada en su mayoría por jóvenes universitarios para que deje de trabajar en dicha zona chiapaneca.
A raíz de ello, un número importante de académicos han expresado su indignación, el esclarecimiento del hecho y el castigo a los culpables, así como su solidaridad hacia un proyecto que demanda condiciones de seguridad adecuadas para continuar la conservación y el desarrollo sustentable de lo que queda de la Selva Lacandona.
Es urgente, pues, que los gobiernos federal y estatal ayuden en la construcción de acuerdos para lograr un estado de derecho en el que prevalezcan los principios de conservación, sostenibilidad y justicia social en ésta y otras Áreas Naturales Protegidas del país, pues de lo contrario, se dejarían las puertas abiertas para un ecocidio de alcances inimaginables.
La valiosa diversidad de la Selva Lacandona, tanto cultural como ambiental, hacen que dicha tarea no sea fácil, pero debe de quedar claro que mientras no exista una política pública diseñada para desenmarañar los conflictos sociales que imperan en la región, ese patrimonio natural de los mexicanos está en serio riesgo de perderse.