Ingentia prima, en latín la primera inmensa, es el primer registro de un dinosaurio gigante del periodo Triásico. En ella o él (aún no se determina el sexo) se han descubierto los primeros pasos hacia el gigantismo.

Se trata de un dinosaurio de unos 8 metros de largo y de casi 10 toneladas. Hasta el momento, los registros más antiguos del despegue hacia las tallas gigantes, propias de los saurópodos —cuadrúpedos gigantes de cola y cuello largo— se habían encontrado en rocas pertenecientes al periodo Jurásico, pero en rocas más antiguas; es decir, del Triásico, 30 millones de años antes de lo que se pensaba.

En el Triásico predominaban los dinosaurios pequeños y bípedos de no más de 7 u 8 kilogramos, especies del tamaño de un perro mediano. “En este periodo los dinosaurios gigantes no eran la forma dominante .Los dinosaurios siempre han despertado mucho nuestra imaginación y la mayoría de las personas piensa que todos los dinosaurios eran enormes, pues los hallazgos de este tipo llaman más la atención, pero no siempre fue el caso, por ejemplo, el dinosaurio más pequeño que se conoce es más pequeño que un gorrión”, explica Roberto Díaz Sibaja, paleontólogo y doctor en ciencias biológicas.

Este descubrimiento también nos muestra que la evolución puede tomar diferentes rutas, pero no todas pueden ser exitosas, ya que dinosaurios como Ingentia se extinguieron a principios del jurásico.

Díaz Sibaja explica que anteriormente se creía que los dinosaurios habían seguido un tránsito muy uniforme hacia el gigantismo y que sólo un grupo lo había logrado bajo una sola estrategia biológica, “con este tipo de descubrimientos nos damos cuenta de que en realidad no es así. Digamos que los dinosaurios no estaban destinados al éxito biológico y sin errores; en la primera etapa de su evolución se experimentó con diferentes estrategias para poder adaptarse al ambiente”. El estudio publicado en la última edición de la revista Nature Ecology & Evolution, se dio en el noroeste argentino, en la provincia de San Juan. Los autores son procedentes de la Universidad Nacional de San Juan.

Todo comenzó en el 2000 cuando al paleontólogo Ricardo Martínez se le acercó un campesino y le comentó al pasar, que en su campo ubicado cerca de la localidad de Balde de Leyes en la provincia de San Juan, había visto lo que parecían ser huesos enterrados en la piedra roja, característica del lugar.

Pasaron 15 años, donde después de campañas exploratorias, que resultaron en cientos de fósiles, —al menos de unas 15 especies nuevas pertenecientes a varios grupos de vertebrados diferentes— Ingentia prima fue encontrada.

¿De dónde salió Ingentia?

Díaz Sibaja explica que el Triásico es el primero de los periodos que componen la era mesozoica, la cuna de los dinosaurios, con una serie de adaptaciones para posteriormente dominar el planeta.

Dentro del Triásico superior encontramos periodos denominados: Carniano, Noriano y Raetiano, para estas últimas etapas del periodo la mayoría de las formas de vida vegetal se vuelve arbórea (más altas) y esto permite que los dinosaurios muestren adaptaciones nuevas que las hacen gigantes.

Ingentia pertenece al grupo de saurópodos y a un subgrupo denominado Lesensaurio; entonces, se trata de la primer grupo del Raetiano que se vuelve gigante, alcanzaron tamaños de 10 toneladas sin haber adquirido la mayoría de las transformaciones anatómicas que se suponía eran necesarias para el soporte de tanto peso.

El paleontólogo Ignacio Cerda encontró en los huesos de Ingentia prima huellas de una increíble estrategia: pulsos de crecimiento óseo acelerado. Desde que nacían, estos animales crecían continuamente a una velocidad altísima. También crecían por temporada y de manera muy rápida. “Fue algo así como prueba y error de la naturaleza para ver cómo podían ser gigantes”, dijo.

Por alguna razón la estrategia de crecimiento que se ve en Ingentia prima no se volvió a repetir; los titanosaurios se hicieron gigantes por otro camino evolutivo 30 millones de años más tarde.

Díaz Sibaja agregó que estos ajustes responden a adaptaciones vegetales. “En aquella época se tenía un clima parecido al de la sabana africana, no muy húmeda, pero con bastante vegetación. El Triásico era particularmente seco; esta falta de humedad se debe a la existencia del supercontinente Pangea. Hay un fenómeno que se llama efecto sombra de lluvia, donde las lluvias quedan secuestradas, por lo que no llegan al centro del continente. En el Triásico, la Pangea estaba en su apogeo y había cadenas montañosas circundando todo el continente, para responder a estas necesidades, las plantas producían formas arbóreas para poder escapar de la depredación y no perder capacidad reproductiva”.

Los científicos argentinos encontraron poco más de 30% del cuerpo de Ingentia: el cuello casi completo, una de las extremidades delanteras y varias vértebras de la cola. Lo suficiente para concluir que su cuello era robusto y, más importante aún, que contaba con un sistema de respiración de estilo aviano.

“Las aves tienen un sistema respiratorio muy peculiar; es un sistema de extensión de los pulmones denominado sacos aéreos, esto permite almacenar por un rato más el aire de su cuerpo antes de sacarlo, de tal modo que es como un sistema de ventilación. los dinosaurios fueron los primeros con este sistema respiratorio y aunque solemos pensar que este sistema de aire está relacionado con el vuelo, la realidad es que se rediseñó para las aves”, explica el investigador.

En estos dinosaurios gigantes, lo que les proporciona es una mayor eficiencia metabólica, de tal manera que con nutrientes escasos, que proporcionan las plantas, ellos podían extraer la mayor cantidad de nutrientes sin necesidad de sistemas tan complicados como el de las vacas.

En 1859, Darwin en su libro el origen de las especies decía que había grandes e importantes huecos en el registro fósil, a más de 150 años de sus palabras siguen siendo verdaderas, explica Díaz Sibaja.

Hoy seguimos casi igual en términos de desconocimiento que cuando Darwin vivía, nos falta muchísimo por aprender y con cada descubrimiento vamos añadiendo unas cuantas líneas al libro de la historia de la vida de nuestro planeta y la paleontología nos ayuda a responder muchas preguntas que de otra forma sería imposible responder, como el origen de los grupos biológicos o cuestiones de adaptación evolutiva.

En México aún no tenemos grandes descubrimientos del Triásico, del grupo de los saurópodos, como Ingentia, sólo se tiene una localidad con restos fósiles de este tipo, localizado en el estado de Chihuahua, casi en frontera con Estados Unidos, en la comunidad de Manuel Benavides. En Puebla, Guerrero, Oaxaca y Michoacán sólo hay huellas. En el país, aún falta mucho por descubrir, concluyó el investigador.

nelly.toche@eleconomista.mx