Con una ofrenda floral al pie de la escultura del Ariel en los Estudios Churubusco, el cineasta Felipe Cazals, fallecido el pasado 16 de octubre al perder la batalla contra el cáncer de esófago, figura fundamental para este nuevo vértice del cine mexicano, recibió la tarde de este jueves un homenaje póstumo público al que acudieron integrantes de la comunidad cinematográfica y cultural del país.

Las actrices María Rojo, Diana Bracho y el actor Damián Alcázar; los cineastas Jorge Fons y Juan Antonio de la Riva, las funcionarias Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Cultura federal, y María Novaro Peñalosa, directora del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), tomaron parte de la ceremonia solemne.

En primera fila estuvo la viuda, Rosa Eugenia Báez, su hermana Patricia Cazals, entre otros familiares del ganador de cinco Premios Ariel y nominado en 11 ocasiones, así como merecedor del Ariel de Oro en reconocimiento a toda su trayectoria.

Fueron varias las ocasiones en que se escucharon ovaciones para Felipe Cazals. La comunidad ahí reunida decía mucho de la generosidad del director, tanto en lo humano como en lo profesional, y daba constancia de la reiterada trascendencia de su legado fílmico.

“Felipe siempre decía que la vida eran los otros. Y sí, él pudo hacer el cine que hizo gracias a todos ustedes, sus amigos, sus productores, a los actores y a las actrices, a sus asistentes que lo querían tanto. Su vida fue el cine mexicano y sus amigos. Él no tenía familia, su familia era el cine mexicano”, declaró la viuda.

“Felipe Cazals logró el camino verdadero de los artistas, logró la libertad y eso se va conquistando. El camino más franco a la libertad es el del arte, pero no siempre es fácil. Felipe Cazals es el ejemplo de esa libertad creativa, absoluta, a la hora de narrar historias en una época en donde la libertad se tenía que arrebatar, en donde había que arriesgar para decir lo que él dijo, de la manera que él lo dijo (…) pero esa libertad nunca se peleó con un tremendo rigor artístico”, declaró Alejandra Frausto.

“Él no quería un homenaje en Bellas Artes, aunque las puertas desde luego estaban abiertas. Quería un homenaje al pie del Ariel, en su casa, los Estudios Churubusco. No quería coronas de flores. Aquí estamos, director, siguiendo tus instrucciones”, declaró la funcionaria y se comprometió a trabajar para la difusión del trabajo del maestro para llevar su filmografía a las nuevas generaciones. Finalmente solicitó un minuto de aplausos para el realizador.

Por su parte, el realizador Jorge Fons, colega y amigo desde la juventud del homenajeado, remarcó que Cazals fue fundador junto con Arturo Ripstein y otros colegas del grupo de Cine Independiente de México. “Ahí realizó sus primeros dos largometrajes: ‘La manzana de la discordia’ y ‘Familiaridades’. También produjo un corto que dirigió Arturo y yo fui asistente. Ahí nos conocimos un poco más. Llegó el año 70 y las puertas del sindicato se abrieron, entramos todos de a montón. Felipe entró en grande, con una película muy importante, una superproducción histórica, sobre la vida de Emiliano Zapata”, recordó.

La actriz María Rojo, quien trabajó con él en las cintas “El apando”, “Las Poquianchis”, “Bajo la metralla” y “Las inocentes”, lo evocó como aquel director que en el set proclamaba: “¡cállense!”, hacía del ambiente “algo así como el de un ritual” e iba muy bien con el rigor que se nota en toda su filmografía.

“De alguna manera también están aquí aquellos para quienes trabajaste. Esos que también están por todo el país y a quienes con tus películas les pusiste un espejo enfrente para que se vieran tal cual (…) el fanatismo, la degradación, la corrupción, la desesperanza, la arbitrariedad, los peligros del delirio del poder, así como el sectarismo ideológico son una probadita de lo que tú denuncias sin titubear”, añadió Rojo. “Yo te aseguro que muchos actores logramos contigo nuestros mejores trabajos”.

La ceremonia concluyó con la entrega de la Medalla de Oro al Mérito del Director a la viuda, a nombre del finado, de parte de la Sociedad Mexicana de Directores, misma que por la irrupción de la pandemia no se pudo entregar en vida.

ricardo.quiroga@eleconomista,mx