La pandemia trajo un sinfín de tragedias, y también innumerables retos sin precedentes en materia de salud, económica y social. Ahí, en medio del embrollo que parece indescifrable, el agua reclama su lugar como elemento vital; lejos de la obviedad, sin darla por sentado. Platicamos con Hugo Contreras, Director de Seguridad Hídrica para América Latina en The Nature Conservancy, para conocer el contexto actual del agua en México y qué perspectivas hay a corto y mediano plazo. 

Si el río suena, agua lleva

Si el río suena, es porque agua lleva, aunque el cauce cada vez luce más pobre… México sufre estrés hídrico, escasez de agua pues… y es grave. Antes de la pandemia ya había señales de alarma, hoy, no sólo la pensamos fundamental en términos de consumo humano, sino que, ante la crisis sanitaria, se convierte en el ingrediente más importante para reforzar los hábitos de higiene, y sobre todo para la prevención de enfermedades. Se perfila como el eje para la recuperación económica, aunque no lo parezca.

-Antes de la pandemia, ¿cuál era la situación del agua en la Ciudad de México?

–Le estamos extrayendo al acuífero prácticamente el doble de lo que le estamos recargando. El déficit de agua que tiene la Ciudad de México, entre el volumen de agua que se extrae de los acuíferos y el que se vuelve a infiltrar de manera natural, es equivalente a 967 albercas olímpicas al día. Si el acuífero se agota, habrá varias repercusiones: El hundimiento de la ciudad, edificios emblemáticos como el Palacio de Bellas Artes o el Ángel de la Independencia son referentes; hemos puesto escaleras para llegar a la base cuando realmente esa escultura estaba a nivel del piso; estos hundimientos tienen impactos importantes en los edificios, en las tuberías, en las calles… otra consecuencia es el deterioro de la calidad del agua, mientras más profundo extraemos agua en la ciudad, naturalmente tiene una concentración mayor de metales pesados de la que debería tener al menos en las capas más superficiales; además,  el costo de bombearla incrementa de forma importante, tenemos que extraer cada vez más profundo, se necesita energía y eso cuesta, afirmó Hugo con voz de preocupación.

En poca agua, poco se navega

Abril del 2018 fue marcado como la “hora cero” en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en la que los grifos dejarían de suministrar agua debido a la sequía. Pero aquél terrorífico momento marcado en el calendario no llegó, los habitantes de la ciudad impusieron una cultura de ahorro, y las autoridades restringieron a 50 litros de agua al día por persona. En México, no está claro si hay una “hora cero” pero de acuerdo con Hugo Contreras, la Ciudad de México debe comenzar a tomar medidas: “No he escuchado un planteamiento oficial de una “hora cero”, pero me parece que es un buen momento para postergar esa “hora cero” lo más posible, idealmente al infinito. Es un buen llamado a la acción, como ciudadanos interesados en el agua, poner una “hora cero” cuando mejor consideremos y de ahí trabajar para atrás y ver qué tenemos que hacer para que ese día no llegue”.

–En ese sentido, ¿la “hora cero” podría llegar en uno, dos o diez años?

Sí. En el terremoto del 2017 hubo un daño importante a la infraestructura y perdimos la capacidad de dar agua por un tiempo. Con la ruptura del Cutzamala perdimos la capacidad de abastecer agua por un tiempo. No sé si la “hora cero” va a llegar, pero tenemos muestras de una interrupción masiva de servicio y las consecuencias que puede tener.

–Y con la pandemia, ¿el tema se agravó?

–Hay un dato que debemos tomar con mucho cuidado, a finales de julio y principios de agosto, el área de Topilejo resultó ser una de las colonias con mayor número de contagios relativos, está en semáforo rojo; no puedo asegurar que hay una relación uno a uno, pero sí llama la atención que Topilejo tiene un servicio deficiente de abastecimiento de agua, y a la vez está tan golpeada por la pandemia, aunque, por supuesto, hay otros factores que influyen.

–Entonces, el agua cobra un papel vital (valga la redundancia) para resolver la crisis sanitaria.

–Con la pandemia nos hemos hecho muy conscientes de la necesidad de tener agua para lavarnos constantemente las manos, limpiando las superficies. Nuestra relación con el agua se ha vuelto muy consciente. Pero, surgen tres dilemas: El primero es el económico. Los sistemas de agua en México, incluido el de la Ciudad de México, venían arrastrando desde hace muchos años déficits financieros muy importantes. Los ingresos no han sido suficientes para cubrir los costos y eso ha impedido que el sistema de aguas de la Ciudad de México realice las inversiones que debe hacer en los últimos años para mejorar la red, para tapar fugas, para mejorar los sistemas de bombeo o ampliar la capacidad para el tratamiento de aguas residuales. Hay una pérdida de capacidad económica y, por tanto, los sistemas de agua generen menos ingresos; esta pandemia agrava más su situación financiera y se agudiza más el círculo vicioso.

Un segundo dilema es que la pandemia nos ha dejado ver la necesidad y oportunidad de cambiar nuestros hábitos y entrar en un modelo de economía verde. Esta economía implica cambio de hábitos en relación con el transporte, cómo vivimos, qué queremos y qué no queremos. La incapacidad financiera no permite recuperar esos espacios verdes que son súper importantes para la salud mental, pero sobre todo para los servicios que nos prestan como la mejora en la calidad del aire, y por supuesto, la captación y limpieza del agua.

El tercer dilema. El Covid-19 nos ha mostrado que los grandes eventos catastróficos, a nivel colectivo, pueden suceder. El calentamiento global puede tener impactos en magnitudes mayores a lo que está generando la pandemia, es decir, es un impacto que pegará en toda la economía en algún momento.

Agua corriente no mata a la gente

No hay que ahogarse en un vaso de agua. De acuerdo con Hugo, aún estamos a tiempo de cambiar hábitos, trabajar en la conservación del agua y no darla por sentado.

–El panorama luce árido…

–Hay luces en el camino afortunadamente. Vivimos en la época de la historia donde tenemos mayor conocimiento y mayor capacidad para hacer frente a estos grandes retos, hace 200 años la ciudad hubiera tenido que cerrar e irse. Tenemos tecnología, personas, conocimiento, que nos permiten pensar que hay solución.

Hay organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil que ya se plantean muy seriamente el tema del agua como el gran problema de la ciudad. Eso se refleja con la creación de Agua Capital, el fondo de agua de la Ciudad de México, por ejemplo. Hay un despertar de iniciativas que surgen desde la sociedad civil, desde la academia, incluso de la autoridad, para encontrar soluciones. El siguiente paso que debemos dar, es conectarlas. El gran valor de Agua Capital es precisamente la conexión entre estas iniciativas para que tengamos un plan y una visión de hacia dónde queremos ir.

–Y en casa, a nivel personal, ¿qué podemos hacer?

–Yo diría que lo primero es ir al cajón y ver cuánto consumimos de agua en los últimos 6 bimestres. Estar más consciente de cuánta agua usamos.

Segundo, ponernos metas: si el último bimestre usé 15 metros cúbicos, aspirar a usar 13 el siguiente. ¿Cómo? Usar una cubeta para guardar el agua de la regadera y utilizarla en el escusado, o para trapear; para lavar los trastes utilizar una pequeña tina y remojarlos o sólo lavar una vez al día. A veces me critican, pero jalarle al baño siempre que uno orina se puede evitar, puede ser cada dos o tres veces. Aquellos que tienen la fortuna de tener jardín, pensar en cambiar el pasto por plantas nativas o piedras, ¡no ponerle cemento!, poner una superficie permeable que absorba el agua. Hacer lo poquito que podamos hacer en cada ocasión.

Agua trotada, tanto vale como cebada

–Agua Capital es el fondo de agua de la Ciudad de México, pero ¿qué son los fondos de agua?

–Los fondos de agua son organizaciones que diseñan e impulsan mecanismos financieros y de gobernanza, articulando actores públicos, privados y de la sociedad civil con el fin de contribuir a la seguridad hídrica y al manejo sustentable de la cuenca a través de soluciones basadas en la naturaleza. Surgieron hace más de 20 años en América Latina y a la fecha existen 25 en diferentes ciudades importantes. En México hay un fondo de agua en la capital, otro en Monterrey, el Fondo de Agua Metropolitano de Monterrey; uno en Guanajuato y otro en Zacatecas en vías de ser formalizados. A través de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua, que es un acuerdo entre el Banco Interamericano de Desarrollo, Fundación FEMSA, la iniciativa climática internacional de Alemania, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y The Nature Conservancy, hemos impulsado la creación de fondos de agua como una respuesta desde la acción colectiva, la ciencia, y la naturaleza para resolver los problemas de seguridad hídrica que enfrenta América Latina.

–¿Cómo podemos involucrarnos en el tema?

–La seguridad hídrica es un problema que nos atañe a todos, y requiere nuestra aportación, no necesariamente económica, de tiempo, estando atentos a la agenda, aportando nuestro granito de arena. En las ciudades donde ya existe los fondos de agua, buscarlos y tratar de aportar; aquellos interesados en impulsar un fondo de agua donde no hay, que se acerquen con nosotros en fondosdeagua.org, ahí podemos conversar, aportar materiales y herramientas, conectar con otros interesados, y ayudar a delinear y planear cómo tener un fondo de agua en su ciudad.

¡Aguas! Gota a gota el agua se agota. La pandemia está cambiando el modo de vida y nos da la oportunidad de pensarnos de otro modo, más verde, más consciente. Más allá de la “moraleja”, se trata de mera supervivencia. Así de fácil.