La obesidad es un importante problema de salud pública que implica una interacción entre la susceptibilidad genética y la exposición a indicadores ambientales (por ejemplo, la comercialización de alimentos); sin embargo, los mecanismos que vinculan estos factores y contribuyen a una alimentación poco saludable no están claros.

Cerca de un tercio de los anuncios que los niños ven en la televisión son de comida y cada uno es un mensaje para comer, esto ha representado una alerta para los investigadores quienes hoy han encontrado que los niños con un riesgo genético para la obesidad tenían una mayor actividad en los centros de recompensa del cerebro al ver comerciales de comida rápida.

Estos estimulan desproporcionadamente los cerebros de los adolescentes con sobrepeso, incluyendo las regiones que controlan el placer, el gusto y la boca, por lo que los investigadores del Dartmouth College realizaron un estudio, el primero de su tipo, que investiga cómo un gen clave de la obesidad influye en la respuesta cerebral a los anuncios de alimentos y otras señales para comer.

Los hallazgos publicados en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias en Estados Unidos sugieren que los comerciales simulan mentalmente hábitos alimenticios poco saludables, los niños genéticamente en riesgo de obesidad están predispuestos a representar señales de recompensa con mayor fuerza, lo que podría dificultar que los adolescentes pierdan peso más adelante en la vida, además, ayuda a entender por qué algunos niños son más propensos a comer en exceso.

Al examinar el cerebro aún en desarrollo y sus estructuras relacionadas con la recompensa, nuestros hallazgos ayudan a una explicación que podría generar soluciones contundentes , dijo la autora Kristina M. Rapuano.

Para este estudio se utilizaron anuncios de televisión de alimentos; así se tuvo una mejor aproximación de cómo el cerebro responde a las señales de alimentos en el mundo real, pues en la mayoría de los estudios hasta la fecha sólo han mostrado imágenes de alimentos.

Los 78 niños de entre nueve y 12 años vieron un programa de televisión infantil en un escáner de resonancia magnética. Para simular la experiencia de ver la televisión desde casa, el programa incluyó 12 minutos de pausas comerciales: la mitad eran anuncios de comida rápida y la otra mitad de artículos no alimentarios.

Los niños también fueron evaluados en su riesgo genético para la obesidad basada en la masa, grasa y la obesidad (FTO, por su sigla en inglés) asociada con el gen que predice fuertemente la obesidad a lo largo de la vida útil.

El núcleo accumbens, una región en el cerebro comúnmente asociada con ansia de recompensa, no sólo era físicamente más grande en niños con el genotipo FTO de riesgo de obesidad en comparación con los niños de bajo riesgo genético, sino que también mostró una respuesta más fuerte a los comerciales de alimentos.

Diane Gilbert Diamond, profesora asistente de Epidemiología en la Escuela de Medicina Geisel de Dartmouth, dijo: sabemos por nuestro trabajo que los niños con este mismo factor de riesgo de obesidad genética son más propensos a comer en exceso después de ver anuncios de alimentos en la televisión, incluso cuando no tienen hambre. Los escáneres cerebrales sugieren que estos niños pueden ser especialmente vulnerables a las señales de alimentos y que limitar la exposición del anuncio de alimentos podría ser una forma eficaz de combatir la obesidad infantil .

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