Estados Unidos es un cuento de hadas, el cuento de hadas con el que el resto del mundo sueña y suspira.

Pero ser estadounidense es otra cosa.

Ser estadounidense es llevar como impronta, en el código genético cultural, la persecución de la felicidad, como lo garantiza la declaración de independencia de 4 de julio de 1776 a todo ciudadano de EU.

Perseguir la felicidad como lo hacía Jay Gatsby, anhelando algo que parece que está al alcance de la mano pero se aleja siempre (Como bien le dice su psiquiatra a Tony Soprano, otro hijo del sueño americano, es la persecución lo que está garantizado, no la felicidad).

Perseguir, desear, buscar, más, más, más, sin satisfacción posible. El espíritu americano es fuerte como un toro y delicado como un ama de casa frustrada.

Un ama de casa frustrada como Patty Herglund, la protagonista de Freedom, la más reciente novela de Jonathan Franzen. Por fuera siempre sonriente, incapaz de decir nada malo de nadie, dulce y boba. Por dentro, comida por una angustia existencial impronunciable, una mujer inteligente, compleja. Una mujer libre, ahogada por su libertad, igual que el resto de su familia.

En Las correcciones, la celebrada novela anterior de Fanzen, se dibujaba por completo esa angustiosa persecución de la felicidad a través de una familia, los Lambert, quienes vivían en un país de economía boyante, la política era liberal y la guerra, algo lejanísimo y digno de la América del recuerdo.

Porque Dios tiene sentido del humor, Las correcciones iba a presentarse en Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Así, la novela quedó como una reliquia, leerla es como ver el retrato de una familia a la que sabe que la tragedia está a punto de tocar.

Con Freedom, Franzen retoma el retrato familiar, pero éste es mucho más complejo: es una foto que tiene anverso y reverso.

Todo comienza como una caricatura, como un episodio viejo de Los Simpson. "Hay algo que no está del todo bien con los Herglund" dicen sus vecinos. Nos enteramos que los Herglund son una familia de clase media, de esas que viven en los suburbios y son medio neuróticos: Walter y Patty, padres de Jessica y Joey.

Franzen, con una maestría que solo tienen los grandes autores, es capaz de entregarnos personajes que podemos ver por fuera y por dentro. Primero nos presenta la visión caricaturesca y después, uno por uno y en primera persona cada uno de los personajes se va convirtiendo en seres humanos. Cada uno de los miembros de la familia Herglund es, a su modo, una forma de vivir la libertad y una manera del espíritu americano.

En el universo de los Herglund irrumpe un personaje que se ve totalmente fuera de lugar en Suburbia, EU. Richard Katz, una réplica fracasada de Bob Dylan (si a Dylan le hubiera dado por el punk). ¿Quién es Richard Katz y por qué su destino está unido al de Walter y Patty Herglund?

Los Herglund viven en los Estados Unidos post-9/11, el país de la guerra de Irak, George W. Bush y las suv's y el cambio climático. Freedom aparecerá en español en junio, pero en estos días en que la muerte de Osama Bin Laden llena los noticieros y los periódicos vale la pena leerla en su idioma original. En ese inglés tan norteamericano de Franzen (fluido y despreocupado sin llegar a la vulgaridad) se oye resonar a un país que sigue luchando consigo mismo, perseguido por sus propios sueños.