En febrero de 1912 Sigmund Freud comenzó una de sus obras más atrevidas y polémicas en medio de una tormenta decisiva para el psicoanálisis.

Había cumplido 55 años y ante la inminencia de la gran guerra, no resulta tan extraño que él mismo haya dicho que Tótem y tabú era resultado de sus fantasías científicas . Pretendía explicar la transición del hombre salvaje al hombre civilizado a la luz de sus investigaciones en el diván de la neurosis.

Freud se vale de por lo menos dos hallazgos de la antropología social de su época. Uno es la prohibición sexual entre miembros del mismo clan (tabú del incesto) y, el otro, la eliminación del padre (simbolizado por el tótem) para poder copular con la madre (complejo de Edipo).

Solamente refrenando –y haciendo inconscientes- los impulsos parricidas e incestuosos había podido transitar el salvaje hacia un orden social civilizado.

Después de un siglo, esta obra puede resultar francamente decepcionante si lo que pretendemos es encontrar los cimientos de un método científico que nos sirva para curar enfermedades mentales. Pero si la curiosidad intelectual permite adentrarnos en la vorágine de ideas y referencias con las que Freud va tejiendo su argumentación sobre los resortes de ese momento particular de la historia occidental, entonces Tótem y tabú resulta una lectura fascinante.

Una de las líneas de pensamiento más interesante es aquella que aborda la transgresión simbólica y la conducta sexual de los individuos rebeldes que no se ciñen a las normas establecidas y que son capaces de desafiar y afrontar las consecuencias sociales de su osadía. Freud explica que la persona que viola un tabú, la conducta prohibida, se convierte a su vez en tabú debido a que adquiere la peligrosa aptitud de tentar a otros a que sigan su ejemplo .

Si hoy día existe la posibilidad de señalar algún tipo de peligro social , éste tiene que ser entendido a través de la multiplicidad de propuestas de conducta, impensables hace un siglo, que de manera ininterrumpida han surgido ya como parte del funcionamiento de las redes sociales.

Sería imposible tratar de limitar, siquiera de manera modesta, la oferta multiplicada de tentaciones actuales, simplemente porque éstas no dejan de modificarse todo el tiempo de manera vertiginosa. ¿Cómo saber quiénes violan el tabú y cuáles pudieran ser las consecuencias?

Freud advirtió: El contacto es el inicio de todo apoderamiento, de todo intento de servirse de una persona o cosa , pero al mismo tiempo resalta la angustia del contacto que no se reduce a un mero contacto físico directo, sino que se extiende al contacto a través del pensamiento.

Hoy día el intercambio del pensamiento – instantáneo, continuo y permanente – nos ha rebasado. Con Internet hemos retrocedido hacia un nuevo salvajismo en el cual nos fascina violar las prohibiciones, aunque en los hechos seamos incapaces de hacerlo. El consumo de pornografía lo demuestra.

La búsqueda del placer instantáneo es lo más fuerte. El miedo al castigo se ha devaluado. Pero mientras el verdadero placer permanezca fuera de nuestra conciencia, seguiremos condenados a ser neuróticos.