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Fonema: autorreflexión del arte sonoro mexicano
La muestra colectiva Fonema, exhibida en el Ex Teresa Arte Actual, es un ejercicio de autorreflexión de la práctica del arte sonoro en México.
La muestra colectiva Fonema, exhibida en el Ex Teresa Arte Actual hasta el 29 de mayo, es un ejercicio de autorreflexión de la práctica del arte sonoro en México, que se puede imaginar como el juego de grabar sobre una cinta pregrabada y volver a poner play o bien, como un viaje en el tiempo. La exhibición, curada por Esteban King y Enrique Arriaga, es el resultado de un seminario en el que se dieron cita un grupo de nueve artistas emergentes en el campo del arte sonoro.
Luego de varios meses de sesiones de diálogo, lecturas e intercambio, los artistas tuvieron la labor de despertar el archivo del Festival Internacional de Arte Sonoro realizado entre 1999 y 2002 en el Ex Teresa Arte Actual y que dormía en su Centro de Documentación. Dicho acervo se compone de cintas de video, casetes de audio, fotografías, pósters y documentos administrativos que articulan la historia de las diferentes ediciones del festival.
Con una variedad de elementos del archivo se articularon distintas piezas, que no sólo conforman un ejercicio de reescritura del arte sonoro, sino también un diálogo con la historia del recinto barroco del Ex Templo de Santa Teresa, cuyo legado data del siglo XVII. Expropiado por el gobierno en algún momento del siglo XX, el inmueble fue asignado en 1993 para ser un museo dedicado al diálogo y la exhibición de prácticas que involucran lenguajes y soportes variados.
En esta ocasión, las instalaciones que reciben a los visitantes cuentan parte de la historia de los festivales revisitados en dos distintos formatos. En la Capilla de las Ánimas, Israel Martínez montó un megamix a cinco canales, elaborado a partir de pistas de los discos compactos editados para acompañar los catálogos que se publicaron a propósito de los primeros tres festivales. Además, realizó una compilación de tiraje ilimitado, titulada Grandes éxitos del arte sonoro , masterizada y producida por un estudio pirata en Tepito. Los visitantes de la exposición pueden hacerse de una copia disponible en la capilla, se trata de un guiño a las prácticas de difusión y circulación de contenidos sonoros o musicales, que incita a la circulación de la pieza fuera del espacio de exhibición.
La nave principal está ocupada por dos instalaciones: una selección del acervo de videos de las presentaciones del Festival Internacional de Arte Sonoro. Los dispositivos donde se reproducen los videos buscan hacer una referencia a los confesionarios que alguna vez habitaran el espacio. Arcangel Constantini presenta una instalación que consiste en bancas de iglesia rodeadas por cinco pares de bocinas. La noche de la inauguración cerró con un concierto en el que público sentado en las bancas formó una cadena humana de circulación de corriente eléctrica que a su vez se traducía en sonido.
Bajo la cúpula de doble tambor del arquitecto Lorenzo de la Hidalga conviven las instalaciones de Félix Blume y Tito Rivas. Con Ruidos I , una instalación de pequeñas bocinas que cuelgan bajo la cúpula a modo de péndulos, Blume buscó dar voz a los habitantes actuales del recinto: invitó a los custodios y el personal de limpieza a grabar con susurros 10 definiciones de ruido , recuperadas de los documentos del acervo del primer festival, titulado Ruido . Al centro, Rivas expone un conjunto de casetes con la cinta expuesta y enredada, aludiendo a los objetos obsoletos que es posible encontrar en los archivos. Su cambio de contexto, del archivo al museo, destaca su carácter material e incluso escultórico y cancela su uso como dispositivo de almacenamiento y lectura.
En espacios que la administración anterior reservaba al paso de los empleados, se encuentran las piezas de Mirna Castro y Mayra Huerta, que comparten el uso de distintos formatos, así como la composición con extractos de obras y documentos del archivo. Castro produjo De ruidos y fragmentos , una pieza radiofónica a partir de los documentos sonoros que resguarda el archivo, su montaje envuelve a los visitantes en un túnel del tiempo donde se escuchan voces y sonidos que señalan la problemática de definir una práctica tan amplia como el arte sonoro. Huerta exhibe dos piezas de video que son un adelanto de un documental sobre la historia del arte sonoro y la música experimental.
Las salas que cierran el recorrido exhiben el trabajo de Marcela Armas, Adriana García, Carmen Espinoza, Rolando Hernández y Benito Salazar, en diálogo con documentos que van desde pósteres hasta registros administrativos. Fonema contará además con una agenda de actividades paralelas que buscan seguir con la reflexión y producción del arte sonoro.