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Eugenio Maurer: el hombre que escuchó el tseltal

El sacerdote jesuita y antropólogo que vivió más de 40 años entre el pueblo tseltal falleció a los 94 años, dejando un invaluable legado a la antropología religiosa.

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Eugenio Maurer, antropólogo jesuita. Foto EE: Cortesía

J. Francisco De Anda Corral

El pasado martes 20 de septiembre transitó hacia la eternidad el antropólogo jesuita Eugenio Maurer Ávalos (Atlixco, Puebla, 1928). Tenía 94 años, de los cuales más de 40 los pasó viviendo entre los tseltales de la Misión de Bachajón, Chiapas. Durante 30 años emprendió junto con Abelino Guzmán, “El Cervantes del tseltal”, el proceso colectivo de traducción de la Biblia al tseltal en diálogo permanente con las comunidades, su cosmovisión y su realidad cotidiana, de tal suerte que el mensaje del texto sagrado tuviera sentido dentro de su cultura.

Tatic Maurer, como le llamaban cariñosamente los indígenas, llegó a la selva chiapaneca en 1973, al pequeño pueblo de Guaquitepec, municipio de Chilón, enviado por la Compañía de Jesús, con 45 años, para hacer su tesis doctoral después de haber cursado el doctorado en Antropología Social en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de París, sin hablar ni entender una palabra en tseltal, y haciendo el esfuerzo de aprenderlo a partir de las leyendas que le contaba la gente: “como mi trabajo de antropólogo es hacer preguntas, eso fue lo que hice, irlo aprendiendo poco a poco”, confiesa en una entrevista titulada “El hombre que escuchó el tseltal”, de Enrique González Ramírez, que forma parte del libro “Jesuitas mexicanos del siglo XX. Hombres en las fronteras” (ITESO, 2021).

Lo conocí por allá en 1997, y ya era una leyenda, “considerado una autoridad de la gramática y la lingüística tseltal”. Eran los años del levantamiento zapatista y de la intensa labor del obispo Samuel Ruíz en favor de los derechos indígenas e impulsor de la teología de liberación en la diócesis de San Cristóbal de las Casas. Aunque el concilio Vaticano II desde 1963 había reconocido la urgencia de la inculturación de la fe entre los pueblos originarios, en la práctica la jerarquía eclesiástica era reticente, e incluso desdeñosa, a las formas y ritos como los creyentes indígenas expresan su religiosidad. Por eso la disposición de las sagradas escrituras en la lengua tseltal, anclada no en una traducción literal y canónica, sino en una traducción simbólica, de una cosmovisión a otra, resultó un extraordinario servicio a la fe y a la cultura de los pueblos tzeltales, cuya lengua rezuma poesía en cada frase.

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Maurer fue autor o coautor de invaluables libros y ensayos de antropología religiosa: “El rostro indio de Dios” (PUCP, 1991), “Rostros indios de Dios. Los amerindios cristianos” (Ayba-Yala, 1991), “Los tzeltales, ¿paganos o cristianos?: su religión, sincretismo y síntesis” (CCE, 1984), “La cosmovisión de los Tseltales-Mayas” (Universidad de Deusto, 2000), entre otros.

Pero el libro Los Tzeltales (CEE, 1984) es probablemente la aportación más importante de Eugenio a la antropología, un libro imprescindible para entender la cosmovisión de ese pueblo y su aspiración persistente de tener una k’ubul cuxlejal (vida profunda).

Era erudito y profundo. Y pese a ello, o quizá por ello, su lenguaje era afable, campirano y sencillo, en “El hombre que escuchó el tseltal” narra su llegada a la misión chiapaneca: "Cuando llegué aquí no había teléfono. El día que lo pusieron, ¡ah, jijo!, se juntaba un montón de gente para verlo a uno hablar, como para decir: ‘Mira a ese imbécil hablando con un aparato!' jajaja".

Con esa misma simplicidad, y hasta candor, concibió su misión en el mundo y su vocación: “Me gustaron los jesuitas. Para mí es el mejor camino para servir a Dios y a la gente. Cada quien tiene el suyo y, como dice el Papa, todas las religiones son un camino, y yo agarré este”.

A la par, haciendo hermenéutica del evangelio de Juan, fue capaz de sintetizar con sencillez y hondura el propósito último de la encarnación divina (nada que ver con juicio, pecado o castigo): "que la mujer y el hombre vivan, que tengan vida plena y en abundancia, que sean felices haciendo felices a los demás."

Descanse en Paz, Tatic Maurer. El ajaw Tatil y Chulmatik (diosa de la Tierra) de los tseltales lo reciben con cantos y bailes.

francisco.deanda@eleconomista.mx

kg

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J. Francisco De Anda Corral

Editor de Arte, Ideas y Gente en El Economista. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Filosofía Social, por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Especialista en temas de arqueología, antropología, patrimonio cultural, religiones y responsabilidad social. Colaboró anteriormente en Público-Milenio, Radio Universidad de Guadalajara y Radio Metrópoli, en Guadalajara.

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