Valeria Luiselli nos engaña o mínimo nos tima. Aparentemente es una chica cualquiera, joven y bella, una chica amante de la literatura a la que un buen día después de sus incontables paseos a bordo de una bicicleta por las librerías de la colonia Roma se le ocurrió escribir.

Pero no, ningún papel más falso que ése para hablar de una mujer joven que irrumpe de manera contundente en el universo literario posnacional con su primer libro de ensayos titulado Papeles falsos (Sexto Piso, $165), en el que da cuenta de que una nueva generación de escritores mexicanos que toman valor de su diferencia y de su pérdida de referentes y con desparpajo renueva el ensayo pesado de antaño, para hacerlo más personal, pero no por ello menos lúcido.

Literatura sobre ruedas, ballet y ciudad

Valeria (cabello claro, ojos serenos de contornos bien definidos y cejas firmes, sonrisa fresca y dientes perfectos) camina con pasos cortos y pausados tirando las puntas de los pies ligeramente hacia fuera como las bailarinas de ballet (de hecho ella es bailarina de ballet), viste una falda de mezclilla holgada y una blusa blanca, revisa algunos títulos en una librería de su querida colonia Roma y casi en la entrada le llama la atención una bicicleta tipo retro de color blanco que una editorial rifa. Valeria dice: ¡Ay, yo la quiero! .

¿Para hacer ciclismo literario? Tal vez la quiera para encontrar ese único resquicio asequible de libertad y temporalidad en la ciudad de México, el centro de sus reflexiones, la protagonista en varios de los ensayos que componen Papeles falsos; aunque ella acepta que hablar de esta ciudad es una empresa destinada al fracaso, una ciudad que se desborda de sus límites, una ciudad que nos encandila y nos enfada, pero en la que todos encontramos motivos para seguir viviendo:

Detesto la Condesa, yo paseo con mi hija en la carreola y no hay ninguna consideración para pasar. En cambio, la Roma me gusta muchísimo, ahí corres el peligro de hechizarte , dice.

La literatura de Luiselli es un escape y un hechizo constante trazado al compás de un urbanismo literario en postales líricas de una ciudad que en principio es esta (el DF), pero que también es Venecia y es Nueva York, en donde desfilan ríos, terrenos baldíos, panteones, relingos, departamentos vacíos y donde se siente la herencia de escritores como Joseph­ Brodsky o T. S. Eliot

El acecho de un fantasma

Valeria vive en México desde hace un año, la mayoría del tiempo la pasa en casa, puede estar cinco días sin salir escribiendo siete horas seguidas, mientras cuida a su pequeña Maia de seis meses.

Cuando se da sus escapadas va al Centro a practicar ballet con una Compañía de Danza o da rienda suelta a una obsesión que tiene desde hace tiempo: entrar como detective a los edificios abandonados, a los apartamentos hasta llegar a las azoteas en busca de las huellas del paso del tiempo.

Hace un año todavía vivía en Nueva York, a unas cuadras de un edificio donde había vivido Gilberto Owen, y con este mal habito que tengo de entrar a los edificios, pues total que entré y me robé una maceta con una planta dentro, era una maceta abandonada, es decir no se la ‘robé’ a nadie , aclara.

Owen tenía varias cartas en las que hablaba de una maceta horrible que tenía en su cuarto y con la planta que encontró también halló poesía, la manifestación del tiempo suspendido, la posibilidad de lo imposible.

Entonces yo llevé esta planta a mi departamento que estaba casi vacío y empecé como a vivir con la presencia del fantasma de Owen, digámoslo así , comenta.

Fue así como decidió escribir una novela sobre el fantasma de Gilberto Owen, una especie de biografía falsa, según dice, una novela que ha escrito durante poco más de un año y que, a su juicio, va avanzada en un poquito más de la mitad.

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