El cineasta mexicano Alejandro G. Iñárritu cobró un millón de dólares solo por la licencia de exhibición de la exposición Carne y Arena, que se presenta en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT).

La aclamada instalación se estrenó en septiembre del año pasado, pero cerró días después, luego del sismo que azotó a la ciudad. Un mes después comenzó a vender boletos vía internet y la respuesta sigue siendo abrumadora.

Cada lunes la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) pone a la venta las entradas, y a pesar de que ya paso tiempo, los boletos se agotan en minutos. Cada día entran a la exposición entre 40 y 60 personas, dependiendo el horario del CCUT. Algunos días cierra a las 9 y otras hasta las 12 de la noche, y así seguirá hasta junio, cuando parta a otros países que ya la esperan.

La UNAM y el Gobierno de la Ciudad de México, a través del Fondo Mixto de Promoción Turística, invirtieron en el montaje, -que ya recibió un Oscar especial-, alrededor de 28 millones, 527 mil pesos que incluyen la instalación, promoción, etc., según documentos de la Plataforma Nacional de Transparencia.

Carne y Arena es una experiencia demoledora, futurista y al mismo tiempo asombrosa, pero no para todo público; habrá gente que saldrá corriendo ante lo brutal de la experiencia, que no dura más de seis minutos, y otros que solo la verán como parte de un videojuego o unos minutos en un parque de diversiones.

Alejandro G. Iñárritu lleva al espectador al centro de la acción. Es una experiencia totalmente inmersiva que tiene en la tecnología su mayor mérito; el “Negro” se puso a jugar con la Realidad Virtual (VR) y el resultado es Carne y Arena.

Todos hemos escuchado alguna historia sobre migrantes, hemos visto películas y series desde la comodidad de un sillón o butaca, pero esta muestra exige un acompañamiento en su vía crucis.

Pasar de espectador a migrante, esto es lo que logra el proyecto de realidad virtual de Iñárritu, quien filma una escena de acción entre migrantes y la patrulla fronteriza. Tal vez sea frívolo, muchos de los hemos visitado la instalación nunca conoceremos el sufrimiento, pero Alejandro lo intenta mediante un discurso que impacta en el rostro, sobre todo del visitante extranjero que ignora lo que sucede en la frontera, hoy blindada por Donald Trump.

De la oscuridad al desierto, helicópteros, personas tratando de esconderse; voces, gritos, perros y tú en medio; correr no es opción, tirarte al suelo, ayudar, quitarte el casco, volver... nada es opción. Estás mirando una escena cruel y trágica, una realidad que se queda corta ante el sufrimiento por llegar a Estados Unidos en una experiencia por momentos onírica.

La experiencia en Carne y Arena es breve pero poderosa; para algunos será sorprendente, otros la verán atemorizante y los demás saldrán pensando que se trata solo de un videojuego al que le faltó violencia pero nadie puede negar qué hay que verla.

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