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¿El último pueblo perdido?
Prohibido acercarse a la isla a menos de tres millas de distancia, de acuerdo con la disposición del gobierno indio.

Por Fernando Montes de Oca
Con toda la tecnología de geolocalización, fotografía satelital y demás instrumentos que ahora se emplean poder acceder a cualquier rincón del planeta, parecería imposible imaginar que aún exista algún lugar intocado por la humanidad tecnificada. He aquí lo que hasta ahora se sabe del que podría ser el último pueblo perdido en la faz de la Tierra.
Se trata de una isla salvaje ubicada en los trópicos del océano Índico, o dicho de otro modo, en los confines de la Tierra, si se considera el archipiélago indio de las islas Andamán como tal. Este recóndito y exótico lugar se usó durante décadas —desde 1858 hasta los albores de la II Guerra Mundial— como destino penitenciario y de trabajos forzados —tala de árboles— para todos aquellos descontentos que tenían la osadía de amotinarse contra la presencia imperial británica en la India.
60,000 años de aislamiento
Conocida con el nombre de Sentinel del Norte, su tamaño pequeño —apenas 72 kilómetros cuadrados—, unido a sus impenetrables selvas, su difícil y arriesgada circunnavegación a causa de los arrecifes y golpes de mar que se producen alrededor de sus costas, más la peligrosidad de los nativos, han contribuido a que durante 60,000 años, esta etnia indígena haya permanecido en relativa calma, que se cree procedente del continente africano, es cazadora y recolectora, de baja estatura y piel oscura.
El primer informe sobre la población sentinelense fue registrado en 1771 por el topógrafo británico John Ritchie, quien avistó “una multitud de luces”. Casi 100 años después, en 1867, un funcionario local fue enviado a explorar la zona, pero le fue imposible desembarcar en la isla. Los primeros contactos tuvieron lugar en 1880 y éstos sólo confirmaron cuanto ya había advertido en sus crónicas Marco Polo acerca de los sentineleses en el siglo XIII: “Si un extranjero llega a sus tierras lo matan de inmediato y acto seguido se lo comen”.
El primer contacto
Ocurrió gracias a la expedición liderada por Maurice Vidal Portman, quien se internó en la espesura de la isla; ahí se encontraron a dos ancianos incapacitados para caminar —que murieron a los pocos días—, así como a un grupo de niños que fueron devueltos con regalos para el resto de los nativos, para tratar de seducir a la tribu, y de los que no se volvió a saber nada más. Portman, prestigioso oficial de la armada británica y célebre por pacificar a varias tribus andamanesas entre 1879 y 1901, fracasó en su intento de comunicarse con los pobladores de la isla de Sentinel. Para el año 1895, se trató de establecer contacto al usar como intermediario a un nativo de la isla que convivía con la tribu de los Onge, pero igual fue rechazado. Todo esto, al tiempo que el movimiento antiimperialista en India cobraba más fuerza.
Una lluvia de flechas
La segunda oleada de exploración tuvo lugar en la década de los 70, con la llegada de varias expediciones de antropólogos indios y estadounidenses, custodiados por policía armada, para fotografiar y de nuevo hacer ofrendas a los sentineleses. En la primera ocasión, en marzo de 1970, los expedicionarios fueron recibidos con un extraño rito sexual por parte de los nativos quienes, en parejas, comenzaron a copular ante la atónita mirada de los exploradores, retirándose progresivamente a la espesura y desapareciendo entre los árboles.
En 1974 tuvieron lugar otras tres expediciones armadas, nutridas con documentalistas indios y fotógrafos de la National Geographic, quienes lograron desembarcar, depositaron ofrendas en la playa, entre las que se encontraba un cerdo, papel de aluminio y una muñeca. Los aborígenes, muy desconfiados, enterraron los regalos y respondieron con una lluvia de flechas en dos ocasiones, una de las cuales el jefe de la expedición fue alcanzado en la pierna, mientras constataban cómo el avezado arquero se desternillaba de risa, sentado bajo un árbol, tras comprobar lo certero de su disparo.
Tres millas de distancia
La década de los 90 fue la más pródiga de esta larga lista de contactos frustrados: se les entregó de comida —cocos, plátanos y demás recursos— de forma pacífica, con relativo acercamiento por parte de los expedicionarios y sin hostilidades por parte de la población local. Sin embargo, diversas críticas por parte de los antropólogos llevaron a la conclusión de que las continuas interferencias y la sola presencia de los investigadores podrían alterar significativamente el objeto de estudio, además de crear una peligrosa dependencia del exterior por la constante entrega de alimentos, o una posible transmisión de enfermedades desconocidas para los nativos, por lo que se decidió desistir.
Para prevenir violencia innecesaria y proteger a la tribu, el gobierno indio declaró ilegal acercarse a la isla a menos de tres millas de distancia. Dada la inhabilidad para estudiar a esta tribu, no se conoce mucho sobre ellos. Se estima que hay entre 50 y 400 miembros. A pesar de que es muy difícil observar la isla por aire, debido a la densidad de las copas de los árboles, se sospecha que los sentineleses no están familiarizados con la agricultura. No tienen escritura. No saben crear fuego —observaciones hechas en zonas abandonadas han concluido que los sentileneses esperan a que caiga un rayo y tratan de mantener ese fuego lo más que pueden—. No se sabe nada de su lenguaje.
De dónde viene
Pop
Aunque comparte su origen latino con el español, el uso de esta forma abreviada de la palabra popular en realidad es un préstamo del inglés. Proviene del latín populãris, pueblo, que a su vez se deriva de populus —raíz que también dio origen a la palabra people, gente— que, a inicios del siglo XV pasó al inglés antiguo como populer, y de ahí al moderno popular que, en general, se refiere a todo lo relacionado con el pueblo. La primera mención registrada como adjetivo data de 1910 y desde entonces, pop guarda el significado de algo que es “favorecido por la preferencia, aprobación o el afecto de la gente”.
Más avanzado el siglo XX, con el surgimiento de los diferentes estilos musicales, especialmente angloamericanos y británicos, empezó a utilizarse la frase pop music para nombrar las canciones que más gustaban a las masas. En 1926, en Estados Unidos empezaron a denominarse pop songs a ciertas piezas musicales muy exitosas, consumidas por grandes públicos y que eran opuestas a los géneros de culto. Sin embargo, a partir de 1950, pop empezó a ocuparse específicamente para referirse a un nuevo estilo musical nacido a mediados de esa década, heredero del rock and roll, con características propias; pero en ocasiones, también abarcaba otros géneros como el country, el blues, el folk o el jazz, que en ese tiempo no gozaban de muy buen prestigio.
El término trascendió las barreras musicales: en 1954 fue utilizado por el crítico inglés Lawrence Alloway para referirse a la cultura de la publicidad masiva —pop culture— y, en 1962, nombró de igual modo a las producciones de aquellos artistas que introdujeron temas e imágenes populares en obras de arte culto, es decir, acuñó el nombre del Pop Art.
Hoy el pop no sólo hace referencia a la música actual sino también a todo aquello que pertenece a la cultura de masas, promovido por las industrias del entretenimiento, el consumo y la publicidad, especialmente de EU, para completar el nombre de nuevas tendencias culturales. (Por Scarlet R.)
