El formato del libro infantil está pensado para que este se pueda sentir, oler, morder; su tamaño, para que el adulto acompañe al infante en la lectura. Tiene cualidades imposibles de reproducir en un PDF o un e-book por bien hecho que esté.

“Si tú acompañas al niño en la lectura, exploras su imaginación, indagas qué sentimientos le provocó y qué hay a partir de eso. Tú mismo vas construyendo al lector. Esa es una responsabilidad de los padres”, afirma la editora Andrea Garza Ponce de León, de profesión neurolingüista y psicopedagoga, fundadora de la editorial Cayuco y actual presidenta del Comité de Libros Infantiles y Juveniles (Colij), de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), que agrupa a 47 editoriales para este segmento.

Conversa con este diario para dibujar el panorama de este eslabón de la cadena productiva del libro en México, sobre todo durante la emergencia sanitaria y económica. Se trata de una industria en la cual la conversión a lo digital, si bien se ha intentado, no ha resultado ser un nicho de mercado como lo es para el libro de interés general.

“El sistema del libro infantil y juvenil como se conocía, como funcionaba para las grandes editoriales, se desplomó. Y no se desplomó con la emergencia sino porque la generación de contenidos para la SEP dejó de suceder. Después llegó la pandemia y las grandes editoriales no pudieron vender sus libros de texto. No sólo generaban contenidos para la SEP, tenían contratos con las escuelas particulares para generar un plan lector”.

En enero pasado, la Asociación Nacional de Escuelas Particulares estimó el cierre de alrededor de 20 mil escuelas privadas de las 48 mil que existen en el país. Es decir que por falta de recursos casi 42% de las instituciones particulares mexicanas dejó de prestar servicios educativos, al menos en el periodo escolar vigente y para el próximo ciclo. Con esto, gran parte del mercado para las editoriales dejó de existir.

No obstante, la producción de libros infantiles y juveniles en México se ha distinguido por su calidad a pesar de toda adversidad. Prueba de ello es su éxito rotundo, sobre todo de los sellos independientes, en el extranjero. Ahí están los reconocimientos anuales como mejores editoriales para la región otorgados en el máximo mercado de su tipo en el mundo, la Feria del Libro Infantil de Bolonia, en particular para Alboroto Ediciones (2020) Ediciones Tecolote (2018) y Petra Ediciones (2014).

“Hay un montón de propuestas muy arriesgadas y ricas que son bien recibidas en el extranjero”, indica la editora. Pero identifica una gran disparidad entre lo que el mercado mexicano puede obtener de fuera y lo que a duras penas puede ofrecer, no por los contenidos sino por los acuerdos comerciales.

Explica que es habitual que los gobiernos de los países con mayor representatividad editorial infantil y juvenil impulsen a sus editoriales a colocar los títulos en otros mercados, mientras que estos absorben los pagos para ilustradores, autores y traductores.

“De tal manera que comprar un título de calidad en el extranjero es bastante accesible”, reflexiona y sin embargo contrasta: “nosotros no podemos ofrecer eso, lo cual limita el intercambio real porque no tenemos ese tipo de apoyos”.

A más de un año del impedimento de eventos crucialmente presenciales para el primer acercamiento al formato físico, como la FILIJ, muchas editoriales infantiles han reducido su edición a cuatro o cinco novedades, cuando en años anteriores a estas alturas editaban entre 12 y 15 títulos. En el mundo editorial “tirar la toalla es como suicidarte, es muy complicado de aceptar; pero, por ejemplo, Editorial 3 Abejas cerró, pese a que tenía un gran fondo”.

Un segmento muy rentable

La literatura infantil y juvenil es uno de los eslabones más rentables en la cadena del libro. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, en 2019, previo a la pandemia de Covid-19, se vendieron 20.6 millones de ejemplares de este segmento, que representaron 16.6% del total de ventas del mercado editorial en México y en términos de facturación la suma fue de 1,254 millones de pesos, equivalente a 11.6% del total de ventas.

 

¿Qué acciones ha tomado el Colij?

“Estamos yendo de librería en librería, mostrando todo el catálogo que tiene el Colij, desde las grandes editoriales, como Santillana, El Naranjo, Trillas, hasta las independientes de dos o tres títulos, para que vean lo que hay, lo que puede acomodarse a su público, y traten de manera directa con la editorial; para que sepan promocionar sus contenidos”.

El reto es mayúsculo. Andrea Garza Ponce de León estima que de poco más de 600 librerías en el país unas 300 se ubican en la Ciudad de México, de las cuales solamente unas 75 tienen instalada un área para materiales infantiles y juveniles.

Pero “rendirse, imposible”. A nivel internacional, el Colij ya se ha reunido con grupos de países como Brasil, Eslovenia y España y anticipa su participación en un encuentro en Francia para la adquisición de derechos de libros infantiles y juveniles mexicanos. A pesar de todo, “hay real interés por conocer el catálogo de las editoriales mexicanas”, concluye.

Bolonia aprovechó las bondades de la virtualidad

El máximo mercado para la compra-venta de derechos de libros infantiles y juveniles en el mundo, que se repetirá de manera virtual del 14 al 17 de junio, desde marzo pasado está compartiendo de manera pública los catálogos y programas de las editoriales para darles mayor tiempo de exhibición. La participación de las editoriales mexicanas premiadas es mayor, con presencia en charlas y ponencias. El catálogo mexicano está disponible y de acceso gratuito en la página de la feria.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx