En principio, cualquier cosa que ostentara el nombre del Teatro Negro de Praga era recomendable. Hasta la tarde del sábado, en que bajo ese distinguido nombre se presentó un espectáculo llamado Las aventuras de Frankestein.

El espectáculo escrito, dirigido, producido y musicalizado por un tal Michal Kocourek resultó ser, sin más, unaverdadera estupidez y un engaño flagrante al público asistente.

Enlistemos algunos de sus principales problemas:

Incoherencia: La historia que se pretendía contar resultaba incomprensible si no se leía el tríptico y, aún leyéndolo, resulta incoherente y con una gran cantidad de escenas que no vienen al caso .

Como ejemplo se puede poner el duelo de violín entre Sherlock Holmes y el sabueso de los Baskerville que sólo aporta un brazo, el de Holmes, a la trama, con el agravante de que éste no se usa para la construcción del monstruo y que se pierde de una escena a la otra.

Otro ejemplo, es la presencia, bastante prolongada de un buzo y un tiburón que nada, absolutamente nada aportan a la trama.

Continuidad: Además del brazo, muchos elementos aparecen y desaparecen sin ton ni son. Como las maletas del Dr. Frankenstein, quien sale con una maleta rumbo a Transilvania (y desde un lugar que, gracias a un engañoso letrero, pensábamos que ya era Transilvania) y se le cae al mar, pero a la estación del tren llega con dos, tras un larguísimo viaje, se baja del tren con una, misma que después no utiliza.

Asincronía: El desfasamiento entre las acciones de los actores y la pista sonora, que incluía efectos de sonido así como música bastante mal hecha, se hacían evidentes a en todo momento.

Era teatro negro y probablemente proveniente de Praga, ya que hay unas 10 compañías del genero en la capital checa.

Así que el problema y toda la culpa es de Jiri Srnec, que no se ocupó de ponerle un nombre indistinguible e inconfudible a su famosa y prestigiada compañía, que ha recorrido el mundo y dado su nombre a advenedizos.