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El éxito en las series sobre narcos
Porque los malos no son tan malos siempre y los buenos no son tan buenos siempre.
Desde hace varios años, las series sobre narcotráfico han tenido gran éxito entre las audiencias tanto en tele abierta como en canales restringidos. Si lo vemos en retrospectiva y nos remontamos a los orígenes del mundo del espectáculo, en las tragedias y dramas griegos que trascendieron en la historia de la humanidad, invariablemente se muestran personajes buenos y personajes malos, el bien y el mal.
La envidia, la ira, los celos, el engaño, el robo, la ambición, la corrupción y todo lo que es visto como manifestaciones del mal por las sociedades son una constante en cualquier libreto que pretenda reflejar la sociedad de ese tiempo y lugar. Incluso en las producciones infantiles de Disney, la fuerza del mal se hace presente a través de brujas malvadas, madrastras despiadadas o lobos come niños.
Al final del día, el mal está tan presente en nuestras vidas como el bien. En la sociedad actual, el narcotráfico es considerado por los gobiernos como el enemigo?público número uno y los narcotraficantes como la encarnación de este mal. La imagen destructiva, inhumana, cruel y despiadada de ellos es difundida por los noticieros y los gobernantes con el fin de validar la eterna batalla contra el narcotráfico.
Sin embargo, en las buenas series, novelas y películas sobre el narcotráfico, más que encasillarlos como monstruos, los malos no son tan malos siempre y los buenos no son tan buenos siempre. Los escritores de estos guiones suelen hacer un gran trabajo periodístico con un resultado muy exitoso a la hora de llevarse a la pantalla.
Un ejemplo que me viene a la mente es La Reina del Sur, serie producida por Antena 3 y Telemundo, basada en la novela escrita por el español Arturo Pérez-Reverte. Esta producción ha logrado venderse en más de 86 países y su episodio final logró tener la audiencia más alta en la historia de Telemundo en Estados Unidos, con 4.2 millones de espectadores. A raíz de este éxito, la cadena ha decidido seguir en este camino, ahora con la serie producida por la casa mexicana Argos, titulada Camelia la Texana.
Las series de narcotraficantes nos gustan, ya que a través de ellas conocemos la realidad completa sobre estos polémicos personajes. Sus orígenes, generalmente humildes y tristes, la desesperanza, el hambre, el abandono, la miseria y la falta de oportunidad. ?Generalmente estos factores desatan rasgos y emociones ?destructivas, como la ambición desmedida, la capacidad de corromper todo y la violencia llevada a niveles extremos.
Pero también nos muestran el otro lado humano de los narcotraficantes, el de hijos amorosos, padres preocupados, amantes apasionados, patriarcas generosos y líderes comprometidos con sus causas y sus súbditos. Rasgos humanos que al igual que su lado oscuro, también es exacerbado.
Como espectadores, esta dua-?lidad nos gusta porque nos cuestiona, nos hace crear conciencia y con suerte nos vuelve críticos. Incluso, nos inspiran. Las vidas de los narcotraficantes son emocionantes: se rodean de guapas mujeres, tienen los mejores autos del mercado y en los niveles más altos viven mejor que cualquier empresario común y corriente. Podríamos afirmar que la vida de los narcotraficantes resulta altamente atractiva para la juventud.
Otra razón por la cual las series de narco han alcanzado ratings altos es porque todo parece indicar que el crimen en la modalidad en la que sea presentada, vende. Ya sea en películas, novelas, series, libros y en noticias.
Finalmente, las series sobre el narcotráfico han logrado ser exitosas porque nos muestran una realidad política, económica y social que ha transformado a los países productores y consumidores de estupefacientes. Al mismo tiempo, crean conciencia de un mundo en el cual las leyes necesitan revisarse para impedir que esta actividad económica continúe generando violencia y destruyendo vidas.
Seguramente acontecimientos como la espectacular fuga de El Chapo Guzmán seguirán fomentando la demanda y el culto por este tipo de producciones.