A La cuarta compañía le tomó casi una década realizarse. Vanesa Arreola y Amir Galván, sus realizadores, hicieron toda la filmación en poco tiempo. El problema fue lanzarla. ¿Será que la cinta pisa muchos callos?

Estamos en año electoral, no exactamente el momento para cintas incómodas. Pero como la historia está situada en la época dorada de la corrupción al estilo José López Portillo-Alfonso Durazo, el golpe se suaviza. Eso solo pasaba “antes”.

Pero me adelanto. La cuarta compañía es una película de acción interesantísima. Al mismo tiempo que está haciendo una denuncia también es un thriller de esos que si fueran libro se leerían sin parar toda la noche.

Esta es la historia real de los Perros de Santa Martha Acatitla, el equipo que siempre juega de local (como se le conoce entre los círculos locales de futbol americano), conformado por los reos más duros, fuertes, corajudos.

El lado malo es que estos jugadores son la fuerza de élite que controla el penal de Santa Martha. Controlan todo el tráfico de drogas, armas, quién debe ser asesinado. Por supuesto, las cabezas no son otros que el director del penal y el jefe de la policía. Por el día entrenan, juegan y se dedican a poner orden dentro de la cárcel. Por la noche, lo perros se liberan y roban coches, o salen de día a robar bancos.

Es como en varios genocidios sucede: las “autoridades” quedan con las manos limpias mientras que los crímenes los llevan a cabo un grupo privilegiado de internos que actúan contra sus iguales.

Lo más fascinante de la cinta es que no se siente exagerada. Parece cuidadosamente que investigada. La violencia es tremenda, pero en tiempos de Durazo todo era posible. El protagonista es Zambrano (Adrián Ladrón), un jovencito que ve en el equipo de los Perros su esperanza en la vida en la cárcel. Santa Martha es un hogar duro, ser Perro acaba siendo la única esperanza de supervivencia de Zambrano.

Después de una iniciación de acero al rojo vivo, Zambrano entra al equipo/pandilla y se entera de la realidad de la cárcel y del propio país. ¿Podrá Zambrano sobrevivir? ¿Se convertirá en una máquina sin alma de cometer atrocidades?

Debo confesar que ver La cuarta compañía me interesó sobre todo por su narrativa del futbol americano en México. Así como los Perros son usados como malandros, se dice que a los egresados de equipos como los Pumas de CU o las Águilas Blancas del Poli los usan para coordinar los grupos porriles dentro de las universidades. ¿Es el lado oscuro de un ambiente tan amable y familiar como nuestro tocho? Alguien tiene que contar esas historias y me encanta que al fin alguien lo haga.

La cuarta compañía es, por fin, una prueba de que se puede hacer cine de gran calidad en México, cine que es trascendental y también entretenido.

concepcion.moreno@eleconomista.mx