Las formas en que la tecnología digital ha cambiado las vidas de todos nosotros, incluidos los niños, son inminentes. Uno de los principales elementos es el uso de teléfonos celulares, el cual permitió una conexión exponencial. Sin embargo, con estas herramientas se presentan nuevos retos, uno de ellos es el uso de estos aparatos dentro del aula. Hoy, muchos gobiernos debaten ya sobre cómo evitar la distracción que provocan en las aulas e incluso se habla de leyes específicas que regulen su uso en los centros educativos.

El primer país en tomar medidas a nivel de legislativo fue Francia. En agosto del año pasado el parlamento aprobó de manera definitiva la restricción para el uso de aparatos móviles, tablets o relojes inteligentes en escuelas y colegios, donde estudian los menores de hasta 15 años, esto a menos de que su uso sea pedagógico o responda a alguna discapacidad. Ésta fue una campaña del actual presidente Emmanuel Macron, aunque para algunos en el Parlamento francés se trata de una operación de comunicación que no va a cambiar nada, el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, calificó la legislación como “una ley para el siglo XXI”.

Con este antecedente, el gobierno español ha anunciado que estudia la misma posibilidad y la ministra de Educación rusa, Olga Vasílyeva, se ha pronunciado públicamente a favor de seguir este ejemplo, aunque el mismo presidente de Rusia, Vladimir Putin, puso en duda la efectividad de la prohibición, dado que algunos dispositivos pueden ayudar en la educación, dijo.

Para otros países como Estados Unidos, Argentina, Puerto Rico, Chile, India, Alemania, entre otros, la decisión de permitir el uso de teléfonos móviles en las aulas corresponde a los centros escolares, pero la mayoría les obligan a mantenerlos en silencio o dejarlos fuera de clase.

En México, cada plantel decide

En México algo similar sucede. Autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP) respondieron a El Economista a través de un texto: “Por tratarse de un objeto personal, la SEP no puede prohibir el uso de teléfonos celulares en las escuelas. En este caso, tendría que haber un acuerdo entre autoridad (director) y padres de familia para prohibir su uso. Cada uno de los planteles pone sus reglas junto con las asociaciones de padres de familia”. 

Cabe mencionar que en nuestro país, cada estado tiene su propio reglamento de educación pública, por lo que no hay uniformidad en cuanto a la regulación de los teléfonos móviles en las aulas.

Herramientas en un mundo digital 

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por su sigla en inglés), a través del texto “Niños en un mundo digital”, asegura que hay que ofrecer a los niños un buen modelo de uso digital. “Los padres y otros adultos deben brindar a los niños modelos de uso responsable y respetuoso de las TIC”. Por ello establece que se debe hacer un mejor uso de las TIC en la educación y enseñar alfabetización digital en las escuelas y a los maestros, apoyar la capacitación, entre otras acciones que abonen al tema. 

Recomiendan uso razonable

En esto coincide Yanning Calderón Pérez, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM y especialista en Psicología Escolar. Ella explicó en entrevista que educar a nuestros niños y acompañarlos en este uso razonable es fundamental.

Dijo que cuando hablamos de celulares y herramientas digitales en general, los padres tienen muchos temores: “A que los niños se aíslen, dejen de jugar, que se vuelvan abusivos, compulsivos o que el celular contagie de conductas autodestructivas. Por otro lado, los papás tienen que ayudar a regular este uso del celular siendo corresponsables”, ¿cómo se logra? 

La especialista asegura que esto implica una relación, una interacción y un vínculo que se va formando poco a poco con los niños y como padres hay ciertos consejos que sirven para lograr esta empatía. 

Calderón Pérez expuso que debemos considerar que los niños principalmente usan el celular para dos objetivos: comunicarse con sus amigos y divertirse (ocio), “si este es el principal uso que ellos le dan, tiene que ver con otras necesidades” como de vinculación e intelectuales, por lo que pidió promover estos aspectos, pero no con el uso de la tecnología necesariamente. “Cuando no promovemos su creatividad o el juego y les damos el celular para que se entretengan, eso es un error y atenta contra los derechos de los niños”.

Agregó que es importante que entre la familia exista comunicación, “no sólo es hablar, también se trata de escuchar para generar empatía. Así saber qué es lo que ven, qué comparten en sus redes sociales, qué les gusta, y esto es importante porque cuando tengan un conflicto también lo van a comentar”. 

Aconsejó, además, establecer una estructura con horarios. Lo que implica revisar la rutina del niño, donde se estipula el tiempo para cada cosa. Por ejemplo en el caso de preescolares es suficiente de 30 minutos  a una hora de actividades digitales; en los escolares, de una a una hora y media; para niños menores de tres años no se recomienda bajo ninguna circunstancia.

También los padres deben investigar los programas que los niños frecuentan en el celular, investigar entre papás sobre los valores que se transmitan, después ver si son congruentes y platicar con nuestros hijos sobre los mismos, “así identificamos emociones y promovemos la solución de problemas”. 

Sobre el uso de los mismos en las escuelas, manifestó que la pregunta sería: “¿En verdad mi hijo necesita un celular para la escuela? Habría que preguntarnos si en un niño de preescolar, por ejemplo, ya se tiene la percepción de riesgo desarrollada, tiene el suficiente autocuidado y autocontrol, tiene que ver con la madurez y el desarrollo”.

En este sentido, explicó que siendo muy flexibles el uso en espacios escolares tendría que ser a partir de los 15 años, estrictos a partir de los 18, “pues en esta edad se desarrolla el pensamiento crítico y el autocontrol”.

Concluyó que un niño tiene que tener en claro cuál es el objetivo del teléfono. “Se debe reflexionar con ellos sobre los costos y el uso del celular”, y sugirió que el primer aparato que se le dé a un niño no sea nuevo, “para que aprenda cuáles son las implicaciones de tenerlo y que no se lo roben, mantenerlo en silencio, atender las órdenes y acatar las reglas.

“Tener en claro que en la escuela su uso está prohibido y únicamente se utiliza cuando se nos permita la búsqueda de información para que generar conocimiento, ante una emergencia o establecer comunicación con los padres”.

Por último, opinó que las legislaciones deben ir encaminadas a considerar las tecnologías. “Éstas ya son parte de los niños de hoy, pero nosotros tenemos que ir incorporando el uso razonable, identificando los beneficios y colocando límites, pues las tecnologías también pueden beneficiar al desarrollo de nuestros niños y adolescentes, esa es nuestra responsabilidad como adultos. Esto se hace promoviendo y garantizando sus derechos”.

[email protected]