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El caso Kalimba: del respeto y la vergüenza
Resulta inquietante la irresponsabilidad con la que se ha cubierto el caso Kalimba, el machismo y la falta de respeto con que los comentaristas de farándula han llevado la nota.

Para empezar, una explicación: lo normal es que los temas de la farándula no sean discutidos en esta columna. No por esnobismo (bueno, un poco) sino porque Garage Picasso es sobre todo un espacio para hablar del arte y sus creadores, ahí donde los haya. La farándula nacional se ha distinguido desde hace años por ser un circo de poca calidad, sin imaginación. El showbizz nacional es puro grito, escandalera y tontería. Poco es lo que yo pueda agregar al respecto. Baste a quien le interese explorar ese mundo que hojee un TV Notas.
Pero en esta ocasión, la que escribe quiere usar este espacio para hablar de un asunto que me resulta inquietante: la irresponsabilidad con la que se ha cubierto el caso Kalimba, el machismo y la falta de respeto con que los comentaristas de farándula han llevado la nota.
Para quien no lo sepa, Kalimba es un cantante mexicano de música pop, sobresaliente por tener carisma y cierto talento vocal. Hace un par de semanas, en plena pausa navideña, fue a trabajar a un club nocturno de Cancún como DJ. Esa noche lo acompañaron dos edecanes contratadas por el dueño del lugar, dos muchachas que, después se supo, tienen 15 y 17años de edad.
Al terminar la actuación, las muchachas se fueron con el cantante al hotel, donde según denunció al Ministerio Público una de ellas, Kalimba las emborrachó y violó. Mientras escribo este texto, la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo decidirá si ejerce acción penal sobre el cantante y quien resulte responsable.
Que la investigación judicial decida si Kalimba es culpable o inocente, si es un intento de chantaje o un escandalito inventado más. Lo que resulta alarmante es que siempre que se comenta el caso en los distintos espacios dedicados al espectáculo salgan sin falta frases como pero hay que recordarles a las fans que eso de meterse al cuarto de hotel es no darse a respetar , si no querían que les pasara nada, ¿por qué andaban solas de noche y con hombres? o el gran clásico: a esa edad ya saben lo que es bueno y lo que es malo .
De nuevo, bien vivo el viejo argumento de la-mujer-llega-hasta-donde-el-hombre-quiere, o dicho sea de forma más clara: la víctima de una violación tiene la culpa por provocar a su agresor, los hombres son todos violadores potenciales y siempre que vean a una mujer vulnerable tomarán lo que es suyo . Porque las mujeres no somos dignas de respeto porque somos seres humanos; no, qué va: tenemos que darnos a respetar y si te violan seguramente es porque no te defendiste con bastante brío.
Si eso no fuera ya lo bastante escandaloso, ah, sucedió algo peor: sin miramientos, ignorando los derechos de las dos víctimas menores de edad, se ha difundido sin ninguna ética periodística los nombres, los rostros y los detalles de la declaración de hechos de las presuntas víctimas.
Así, ignorantes de cuando se acaba el show y empieza la responsabilidad, los reporteros y conductores de los espacios faranduleros han convertido en verdaderas víctimas a esas dos adolescentes: en caso de que no lo fueran de abuso sexual, ahora ya lo son de abuso a su intimidad.
Y esos colegas no sólo le han faltado al respeto a ellas y a todas las víctimas de violación, también a su profesión y a su fuente. Una vergüenza.