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"El asesino dentro de mí", a romper convenciones
La nueva película del director Michael Winterbottomes es a ratos una sátira terrible del machismo y a ratos una cinta criminal en forma.

En la escena clave de El asesino dentro de mí, la nueva cinta del director Michael Winterbottom (el talento detrás de joyas como A Mighty Heart, la cinta que le regresara a Angelina Jolie su estatus de buena actriz) varias cosas se rompen: las convenciones del género policiaco, la corrección política y la cara de Jessica Alba.
Cassey Affleck, que interpreta al asistente del comisario Lou Ford, un joven convencido de que En Texas hay que ser un hombre y un caballero, si no eres una cosa no eres la otra , está urdiendo un plan de huida con su novia Joyce (Jessica Alba), la típica prostituta buena.
Justo cuando ya sabemos exactamente para dónde va la película (los personajes planearán un crimen y, tras muchas peripecias, se saldrán con la suya), el joven comisario se pone un par de guantes negros y comienza a golpear a Joyce. Una golpiza severa, fría, estudiada. La vemos en todo detalle. Se ven los fragmentos de hueso y sangre volando.
Tras cada golpe, Lou dice a Joyce con toda sinceridad: Te amo, perdóname . La sorpresa no ha sido sólo para la prostituta convertida en hamburguesa. Es uno de esos momentos cinematográfico en que el público no sabe cómo reaccionar: ¿reír, horrorizarse, seguir la corriente?
Atención: El asesino dentro de mí no es una película típica. Tiene toda la apariencia de ser una rutinaria película de cine negro, esas donde el protagonista es un policía-que-es-violento-pero-al-final-es-bueno. No lo es.
Basada en la novela del mismo título de Jim Thompson -autor de esas novelas policiacas que en los 50 eran el equivalente norteamericano a El libro vaquero , hoy considerado todo un clásico literario en el país del norte (el Dostoievski texano , le dicen)- El asesino dentro de mí es a ratos una sátira terrible del machismo y a ratos una cinta criminal en forma. Es sobre todo el retrato de un psicópata. Y así como Ford contempla con frialdad sus crímenes, la cinta nunca (hasta el final) se despoja de un tono neutro, completamente apegado a la realidad: la golpiza a Jessica Alba bien podría ser un spot contra la violencia marital.
Tengo la sensación, sin haber leído la novela, que la historia original debe haber tenido más misterio para el lector, un misterio para resolver: ¿de verdad el bueno y decente de Lou es capaz de toda esa violencia? En la versión fílmica de El asesino dentro de mí uno no tarde en darse cuenta que el título es absolutamente literal: dentro de Lou Ford hay, y siempre ha habido, un asesino. Tengo un pie a cada lado de la cerca le dice Lou a una de sus víctimas, no pude brincar ni moverme, sólo partirme a la mitad . La película narra, sin ambages, el momento en que el asesino toma el control.
Que Winterbottom haya escogido la vía sin sutilezas convierte a El asesino dentro de mí en algo más que una peliculita de fin de semana.