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El antes y el ahora del arte chicano
El Museo de Arte Carrillo Gil presenta una exposición que habita entre dos culturas.

Más de 50 años de arte chicano. Y si bien hoy en día el movimiento ya es considerado una forma de arte estadounidense, los artistas chicanos y latinos en Estados Unidos permanecen en disidencia artística contra la segregación social y geográfica, los prejuicios, el racismo, el despojo de los derechos humanos; buscan reivindicación y reconocimiento de identidad, dejando atrás de una vez por todas el desconsuelo de sentirse extranjeros en su propia tierra.
En ese contexto, a partir del pasado fin de semana, el Museo de Arte Carrillo Gil presenta Construyendo puentes. Arte chicano/mexicano de LA a CDMX, una muestra compuesta por 69 obras en todos los formatos, creadas por artistas estadounidenses de ascendencia mexicana o artistas mexicanos que han emigrado al país vecino.
Las primeras batallas
“We may have all come on different ships but we’re in the same boat now” (Todos pudimos haber venido en barcos diferentes pero ahora estamos en el mismo bote), se lee en uno de los tres letreros de luz neón con los que inicia la exposición. Es obra de Patrick Martínez (1980), un artista de origen filipino, mexicano y amerindio que creció en el Valle de San Gabriel, California, una población con 60% de habitantes de origen asiático y 25% de origen latino.
La curaduría de Julián Bermúdez (también estadounidense de origen hispano) mezcla estilos, épocas y discursos. El arte neón de Patrick Martínez, por ejemplo, convive a unos pasos con el mural de Los Four, que fue uno de los colectivos seminales del movimiento, integrado por Beto de la Rocha y Frank Romero, así como por los fallecidos Carlos Almaraz y Gilbert Magu Luján, quienes, bastante familiarizados con el street art, alzaron la voz en temas sociopolíticos y económicos, y fueron fundamentales en la legitimación del arte chicano.
El arte de este colectivo es “Los Four 20th Anniversary Collective Mural” (1994), un festivo políptico pintado con acrílico en aerosol sobre madera, con símbolos familiares de la identidad latina, como un hombre con penacho, una serpiente con un cráneo humano por cabeza y un nopal que se yergue al centro de la obra.
Pero también se exponen obras individuales del colectivo como el óleo sobre tela de Frank Romero (1941) “The Closing of Whittier Boulevard” (1984), una escena del cierre por parte de la policía de una avenida en un barrio latino al este de Los Ángeles para impedir la circulación de latinos a bordo de sus característicos automóviles lowrider.
Nueva visión de lo chicano
En la muestra también hay obras contemporáneas que más que ser un manifiesto político, revelan los instantes íntimos de las comunidades hispanas en California, como lo hizo Shizu Saldamando (1978), hija de padres norteamericanos con descendencias japonesa y mexicana, con el biombo “Highland Park Luau” (2006), un trabajo de fotorrealismo con collage y óleo sobre tabla que permite hurgar de espaldas en una fiesta latina en el barrio conocido como The Mission, en San Francisco, habitado por artistas y activistas latinos en su mayoría.
A la mitad de la exhibición, la maqueta “Cartonlandia”, de 160 centímetros cúbicos, trabajada exhaustivamente por Ana Serrano en el 2008: Una colonia a escala sobre una montaña aglomerada de casas, con rasgos latinos, como los cables que cuelgan y los característicos medidores externos, las calles laberínticas, los tejados y las casetas telefónicas; la reproducción colorida de un característico barrio popular en México.
También sorprende la técnica en el trabajo de Einar y Jamex de la Torre, nacidos en Guadalajara en los años 60 pero emigrados a California una década después. Son dos trabajos de gran formato sobre lenticular; uno de ellos: “Border Park of Earthly Delights” (2014), aísla varias de las escenas más monstruosas del “Jardín de las delicias”, de El Bosco, las mezcla con recortes de motivos mexicanos y religiosos, y ubica esta nueva composición sobre el cruento paisaje de la frontera entre Tijuana y San Diego.
También hay discursos pictóricos simples, como el que emplea José Ramírez en “Middle East LA” (2009), que derivan en críticas mordaces para el gobierno norteamericano. Dicha obra al óleo sobre lienzo imita el mapa de un barrio latino en el que se aprecian muchas explosiones en diversos puntos del territorio delimitado por Ramírez. Es una crítica al discurso norteamericano sobre la inseguridad y violencia en Medio Oriente, que no dista mucho de los problemas causados por la segregación social en la propia ciudad de Los Ángeles.
Como éstas, muchas piezas más en el museo hablan de la identidad, las raíces heredadas de lo que es ser mexicano y la afrenta por ser aceptados en el país que por derecho les pertenece.
Construyendo puentes. Arte chicano/mexicano de LA a CDMX permanecerá en el Museo de Arte Carrillo Gil hasta el próximo 25 de noviembre.