“Un día llegué corriendo a una presentación, saqué mi instrumento (la trompeta), y donde yo tocaba de solista me quedé paralizado; después mis compañeros me preguntaron ¿qué te pasó?, en ese momento yo lo atribuí a que llegué con prisa; jamás pensé que estaba a punto de enfrentarme a un diagnóstico de Parkinson”, platica José Cantero Arriaga, músico y arreglista.

En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez, se estima que 50 de cada 100,000 habitantes podrían desarrollar Parkinson, una de las enfermedades neurológicas que más afecta la calidad de vida de las personas. A nivel mundial, el Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente que afecta aproximadamente a 6.3 millones de personas, y para el año 2030 dicha cifra podría duplicarse, de acuerdo con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.

José, hasta antes de su enfermedad, viajaba todo el tiempo, tenía presentaciones en individual y trabajaba al lado de artistas como Yuri, Ana Gabriel, Juan Gabriel, Vikki Carr, entre muchos otros, grababa discos y no paraba. La pausa fue obligatoria.

“Después los episodios comenzaron a presentarse con mayor frecuencia, comencé a documentarme, pero a pesar de ir encontrando respuestas, no lo aceptas. Después empecé a no querer ir a trabajar porque sabía que iba a fallar; al cruzar la calle, un día me quedé congelado, empezaron a sonar los claxon, hasta que una señorita me jaló para quitarme de ahí, mi caso empezó hace 16 años cuando tenía 45, aun así, pasaron de tres a cuatro años para un diagnóstico certero”.

El Parkinson es una alteración neurológica caracterizada por la pérdida prematura de algunas células del cerebro. Anteriormente se creía que esta enfermedad era propia de la vejez; sin embargo, se han presentado casos en personas jóvenes en las que afecta sin importar el género o raza. Además, recientemente se han encontrado algunos casos donde el factor genético influye; cabe mencionar que esta condición no es contagiosa y tampoco prevenible, pues se desconocen sus causas.

“Hay mucha desinformación (sobre el Parkinson), incluso a nivel médico”, platica Josefina Reyes, esposa de José. “Primero se asocia a edades avanzadas y los médicos generales recetan medicamentos para dormir bien, relajantes; pasamos por quiroprácticos, psicólogos y una cantidad de médicos que no eran certeros. Lo atribuyen a todo menos a un Parkinson. Además, pasamos por herbolaria, brujas, yerberas, masajistas, sobanderos y todo lo que nos recomendaban”.

La doctora Minerva López, neuróloga clínica con especialidad en Movimientos Anormales del Hospital General de México, explica que actualmente no existe una cura para este padecimiento; sin embargo, existen terapias físicas, opciones farmacológicas y opciones quirúrgicas con neuroestimulador cerebral, que ayudan a controlar eficazmente los síntomas durante muchos años, lo que permite a los pacientes llevar una vida relativamente normal.

“Esta última década con los nuevos electrodos el desarrollo ha sido espectacular, es una tristeza que los pacientes no lo sepan o no lo conozcan; hoy afortunadamente en el hospital general hay muchos pacientes que lo han logrado y hay varios más esperando poder operarse. La tecnología médica es una importante aliada en la atención del Parkinson, principalmente en pacientes con un deterioro progresivo y cuyo tratamiento con base en medicamento puede ser complementario con un neuroestimulador cerebral”.

Este neuroestimulador es un tratamiento quirúrgico que consiste en implantar un aparato que envía impulsos eléctricos a puntos específicos del cerebro. Seleccionando estos puntos se han conseguido beneficios terapéuticos para enfermedades resistentes a tratamiento como el Parkinson.

Para José, este último tratamiento ha hecho la diferencia: “Comencé a tratarme hasta que llegó un día en que el medicamento ya no me hacía nada, pregunté cuál era el siguiente paso y me dijeron que podría ser candidato a un implante. En agosto del 2018, después de la cirugía volví a respirar bien, se fueron también los dolores del cuerpo y pude volver a tocar. A las dos semanas ya estaba trepado de un árbol cortando peras y hasta me caí, ese día mi esposa me regaño (ríe)”.

Josefina, por su parte, asegura que la historia de esto ha sido muy difícil desde el inicio, el intermedio mucho más, antes de decidir que se le colocara el dispositivo, ya no podía mover los dedos, no podía caminar, abrocharse la camisa, bañarse, se le caían las cosas, era inexpresivo. “Para mí es gracias a Dios, a la ciencia, la tecnología y los doctores que hicieron posible este tipo de aparato, que logró cambiar la vida no sólo de un paciente, sino de una familia completa”.

Ella asegura que está más allá de la felicidad, pues sólo por poner un ejemplo, ir a un restaurante causaba problemas: “La gente no lo entiende, somos demasiado crueles, cuando él no podía levantarse para salir del restaurante porque se quedaba paralizado era terrible. Ahora puedo disfrutar de un esposo, un José maravilloso y de su música. Lo que ha hecho con José la tecnología va más allá del milagro”.

“La terapia de estimulación cerebral profunda es una de las más avanzadas para tratar la condición”, explica la doctora López, ya que en los pacientes indicados ofrece periodos prolongados sin síntomas motores, reduce la cantidad de medicación y permite realizar tareas cotidianas, lo que se traduce en una mayor autoestima, independencia y calidad de vida. Los pacientes deben consultar a un neurólogo especialista en trastornos del movimiento para informarse sobre todas las opciones de tratamiento disponibles para ellos, con el fin de asegurarse de elegir la opción adecuada en cada caso.

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