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Arte e Ideas

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El Capitán América ?y la complejidad de la ?política del siglo XXI

Alan Moore dijo que los cómics son una catástrofe cultural. Si la catástrofe es tan divertida e inteligente como el Capitán América, que venga a nosotros su reino.

El domingo pasado, Batman cumplió 75 años. ¿Por qué un personaje de historieta se mantiene relevante durante casi un siglo? ¿Por qué los cómics siguen importando?

Desde cierto punto de vista, la pregunta cabría para todo tipo de literatura. ¿La ficción perdió importancia en la era de la razón? ¿La narrativa es puro escapismo? Y entre todas las caras de la narración, esos personajes en mallas que viven aventuras coloridas deben ser el colmo de la evasión.

Para Alan Moore, escritor de formidables novelas gráficas (es decir, novelas que usan el cómic como medio) como Watchmen y The Killing Joke, que sigamos consumiendo historias de superhéroes es una catástrofe cultural.

Para mí está aceptación pública de personajes creados para niños a mediados del siglo XX me indica una retirada, una renuncia a comprender la complejidad abrumadora de la realidad , declaró a principios de este año.

El cómic de superhéroes estupidiza, nos advierte Moore. La supervivencia de Batman y de todos sus colegas habla de una sociedad que ha renunciado a su conciencia temporal, política y social: vamos comiendo papitas por la vida.

Preferimos los universos finitos, controlables, con los que nos alimentan DC Comics y Marvel.

La última trilogía de Batman, filmada por Christopher Nolan, contradice a Alan Moore. Son películas políticas, sobre todo la tercera, si bien Batman acaba estando del lado del infame 1% y es contrario a cualquier tipo de revolución popular. Batman es liberal, sí, pero sobre todo institucional. Antirrevolucionario, dicotómico. A Moore, anarquista desde siempre, seguramente el Batman de Nolan no le hace gracia: es peor que comer papitas, es como comérselas con salsa de cianuro. Y luego tenemos la películas de Marvel. Iron Man, Thor, el Capitán América, Avengers.

Es posible que todas las cintas con las que Marvel ha revivido a sus personajes sean la serie fílmica más ambiciosa y bien lograda de todos los tiempos. No todas han sido grandes películas, pero ese afán tan divertido de mantener una coherencia entre todas es la mejor traducción que se ha logrado de la vivencia del fanático del cómic que va cada semana persiguiendo tramas de revista en revista.

Para Moore, casi podría asegurarlo, el ejemplo perfecto de la estupidización-cultural-vía-los-superhéroes deben ser películas como las de Marvel. Divertidas y ya, sin ninguna complejidad moral, sin mayor conciencia política. ¿O no?

Y que llega Capitán América y el soldado del invierno. Por primera vez una cinta de Marvel se atreve a ser algo más que chistes, referencias pop y efectos especiales. No renuncia a nada de eso, de hecho tiene de las mejores referencias pop de todas las cintas de Marvel, pero busca ser algo más.

Steve Rogers, el Capitán América, miembro de élite de la agencia ultrasecreta SHIELD, tiene que luchar contra una nueva amenaza contra la libertad. Una que viene de la propia SHIELD: grandes naves que vigilarán a cada persona del planeta de manera tan cercana que serán capaces de detener la maldad antes de que suceda. Esto no es libertad , le dice Steve Rogers (Chris Evans) a su jefe, Nick Fury (Samuel L. Jackson), es miedo . Uno podría imaginar a Edward Snowden diciendo lo mismo.

El Capitán América es, dentro del universo Marvel, el más simple de los héroes. Como Superman, su misión es mantener vivo el sueño americano. Es decir, el sueño americano de hace medio siglo, pues Rogers fue puesto en animación suspendida durante 50 años. En cintas anteriores de la saga hemos visto cómo Rogers tiene que ponerse al tanto de todo lo que se perdió; ahora, por primera vez, tiene que enfrentarse a los nuevos ángulos con los que rebota la cambiante pelota del poder estadounidense.

Hay un montón de acción, una química deliciosa entre Chris Evans y Scarlett Johansson, un tipo que vuela con alas mecánicas (eso es tan de cómic) y una referencia a Pulp Fiction que me hizo el día.

Capitán América y el soldado del invierno es muy divertida. El discurso ideológico, siempre presente, no se ahoga entre ruiditos y trancazos (ah, qué divertidos son los trancazos en esta película, sobre todo porque el Capitán encuentra a su match perfecto). Es una buena mezcla. Es, para decir la verdad, un asunto muy inteligente.

Quizá Alan Moore tiene razón, sí hay algo de perverso y de fracaso cultural en que los adultos sean incapaces de consumir nada que no tenga colores brillantes y carezca de grandes complejidades y de la belleza de lo ambiguo. Pero los cómics también pueden transportar mensajes trascendentes como debería reconocer el autor de Watchmen, ni más ni menos, el cómic más importante y más inteligente que se ha escrito.

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