México carece de héroes. No lo son ni la selección nacional ni los políticos. Pero antes que héroes, México carece de "figuras ejemplares" que sean gente "a la cual admirar y que muevan, tanto nuestras conciencias como nuestra acción", reflexiona el director de teatro Mauricio García Lozano, quien hace clara alusión a la vigencia que tiene para nuestro país y que buena falta le haría, uno de esos héroes de carne y huesos, carismático y ejemplar: el conde de Egmont, que vivió en los Países Bajos en el siglo XVI y cuya vida sirvió de inspiración al pueblo oprimido por la Corona española.

El director afirma que la grandeza de Egmont estriba en haber entendido "su dimensión heroica, siendo un hombre común y corriente, es decir haber entendido que su muerte iba a provocar una catarsis colectiva" porque una vez que lo entiende "abre los brazos y se deja sacrificar por su pueblo, y ese es el punto de partida para que todos los demás despierten", dice el director.

La vida del conde de Egmont motivó una obra de teatro homónima escrita por Johann Wolfgang Goethe. A más de dos siglos de su creación, Luis de Tavira conminó a Juan Villoro para que hiciera una traducción y adaptación de la obra, la primera en español, la cual se estrenó en México en el Teatro de la Ciudad a finales de 2009 con la dirección de Mauricio García Lozano y la escenografía de Jorge Ballina, quienes, ahora vuelven a montar la ambiciosa puesta en escena en el Teatro de las Artes del CNA por una temporada un poco más extensa.

La adaptación

Ballina y García Lozano hacen una mancuerna muy interesante, su apuesta estética es de vanguardia y el resultado sorprendente. La adecuada orquestación de la partitura de Beethoven es además un deleite pero en su momento puso ante los directores un gran reto: en la obra el personaje Clara no canta pero en la partitura se indica como una soprano.

"Teníamos una actriz que no cantaba para Orquesta y una cantante que no actuaba, así que ante ese problema, Jorge y yo decidimos plantear tres dimensiones de Clara: la Clara personaje, la que es voz, y otra Clara desdoblada o colectiva que trae un discurso político", relata García Lozano.

Egmont es una obra eminentemente política y social, el centro del discurso libertario de esta obra pone muy sobre la mesa la necesidad de la rebeldía, de la autodeterminación versus el miedo a la opresión. En esta obra, sin embargo, gana el miedo a la opresión porque el pueblo decide no seguir a Clara. Y eso es algo absolutamente humano y vigente, es decir uno puede sentir la necesidad de rebelarse en contra de un opresor pero no siempre tienes los arrestos para hacerlo. Lo divertido de la obra es ver cómo un ser humano se convierte en una causa: Egmont", afirma Lozano.

Por su parte, Jorge Ballina, quien crea una escenografía monumental y simbólica, describe así su trabajo:

"La escenografía tiene dos objetivos, uno es crear espacios en rampas inclinadas para que los grupos de actores se vean en diferentes niveles haciendo composiciones y sin taparse, y por otro lado, hay un aspecto simbólico que se divide en dos elementos:

"Primero una bandera con un árbol rojo que representan las venas de sangre del pueblo oprimido, esa bandera se va rompiendo con hachas, armas, cuchillas, también gigantes y lanzas, que simbolizan al país opresor. Al final esa bandera se vuelve a restablecer simbolizando la ulterior libertad de Flandes que logra muchos años después", dice Ballina.

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Egmont

Teatro de la Artes

Dirección: CNA, Churbusco y Tlalpan

Fecha: Del 8 de julio al 01 de agosto de 2010. J y V 19 hrs; S 18 y D 17 hrs.

Entrada: $150.00 y $120.00. en Ticketmaster