Lectura 5:00 min
Diálogos entre lo contemporáneo y lo rupestre
La exposición exhibe el trabajo de 12 artistas que evocan el arte primitivo.

Ese impulso de expresión, de la perpetuación, esa necesidad por legitimar la existencia con lo imperecedero. La obligación autoimpuesta de representar un tiempo, un entorno, una manera de vivir. Las técnicas expresivas y los materiales para consignarlas. Todas son inquietudes inherentes de la especie humana. Ahí están las pinturas rupestres, en la piedra de los cinco continentes, con sus estéticas, sus veracidades iconográficas y sus abstracciones, para confirmarlo.
¿Qué pasaría si un artista contemporáneo tuviera la oportunidad de convertirse en un artista rupestre? ¿Cómo reconectaría con el origen milenario de la gráfica pétrea? ¿Hasta qué punto su técnica podría simplificarse o enriquecerse con la técnica de esos primigenios artistas?
El acercamiento
“La roca permanece al arte. El arte le pertenece”. Es un extracto del texto que da la bienvenida a la exposición 7000 años de arte contemporáneo. Arte rupestre en México, que se exhibe en el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología. Está escrito por Nuria Sanz, directora y representante de la Oficina de la UNESCO en México y coordinadora de la muestra, en colaboración con el recinto, con motivo de las celebraciones por los 50 años de la presencia en el país de la organización internacional.
Para esta iniciativa, fueron convocados 12 artistas plásticos, visuales y orfebres: Alberto Castro Leñero, Teresa Cito, Libre Gutiérrez, Perla Krauze, Magali Lara, Ricardo Mazal, Ofelia Murrieta, Sandra Pani, Gerardo Ramos Brito, Roberto Rosique, Susana Sierra y Paloma Torres.
Los convocados viajaron a locaciones de arte rupestre. Tres sitios en Guanajuato: Arroyo seco, El tecolote y Cueva de indios, así como tres en Cuatro Ciénegas, Coahuila: Cueva pinta, El hundido y El junco.
La experiencia estética de arte del paleolítico fue evocada con trabajos personales y colaborativos. El resultado fue la producción y exhibición de 24 piezas de arte gráfico y 20 objetos escultóricos.
Las obras
En la exposición, se proyecta parte de la exploración, el proceso creativo y las impresiones de los 12 creadores. Sandra Pani reflexiona: “Hay una parte primitiva en nosotros que nos motiva a seguir haciendo lo mismo”. Por su parte, Castro Leñero diserta que “el buen arte tiene ese algo que la hace inexplicable”. Las obras corresponden a las conclusiones que cada uno compartió en las reuniones de trabajo coordinadas por Nuria Sanz. La mayoría de las piezas son monotipos, otras obras fueron trabajadas con pigmentos oleosos, grafito, pastel y acrílico sobre tela.
Unas más son simplificaciones de figuras en tinta china sobre papel, como las que propone Magali Lara en “Hombre sin cabeza” y “Adentro afuera”, dos ensayos de trazos simples, prácticamente instintivos, que representan, uno, la figura antropomorfa ejecutada con dos simples y gruesas pinceladas, y dos, la forma de una estructura todavía más abstracta, como si se tratara de la figura más minimalista de una casa.
Hay otros trabajos con nociones geométricas, collages y barridos de pintura, sin tirar por la borda las referencias de creación primitivas y sus escalas de colores marrones y escarlatas.
Sorprenden las obras de Teresa Cito, sobre todo ese fresco sobre yeso, sin título, con trazos de tonos marrones que parecen imitar la rugosidad de la piedra y, dentro de ella, algunas formas orgánicas, pero que también se refieren al arte abstracto del modernismo del siglo XX. Debajo de ella, el monotipo “Vuelo de pájaros”, donde es posible advertir el aleteo de al menos tres aves y hasta imaginar la dinámica del viento a través de trazos tan simples como dinámicos; evoca esas pinturas rupestres en las que los artistas milenarios plasmaron el movimiento de los animales a través de las distintas posturas de sus extremidades.
Luego están las cuatro propuestas de Ofelia Murrieta: dos en técnica mixta y dos monotipos. En ellas la artista plasmó fondos de tinta y óleo sobre papel que después raspó para crear figuras simples de hombres, animales y astros en interacción.
Al centro del espacio de exhibición, una vitrina con 20 objetos de varios creadores. Muchos están tallados con materiales rudimentarios de piedra porosa, mármol y madera.
Reunidas ahí, las piezas parecen integrar un ajuar u objetos rituales inexplicables, como los que propone Ofelia Murrieta, composiciones casi místicas de tronco, hueso y concha, atadas con hilos que parecen sacados de un hallazgo arqueológico, pero bañadas en dorado, quizás para conferirles el valor de tesoro o, tal vez, para no desdeñar su carácter de arte contemporáneo.
7,000 años de arte contemporáneo. Arte rupestre en México permanecerá en el vestíbulo de Museo Nacional de Antropología hasta el próximo 30 de septiembre.