Algo quedó claro en el primer concierto de dos que ofrecerá Depeche Mode en México: ellos nos hicieron asumir nuestra naturaleza sintética, y ahora, nuestro sistema inmune electrónico rechaza sus acometidas con guitarras y baterías. Concierto irregular, con un Dave Gahan y Martin Gore —voces gemelas, Rómulo y Remo del electro pop— que conectaron intermitentemente con el público.

Apertura con Going Backwards. Al término de las últimas secuencias de la obra, Dave extiende los brazos, esperando la aclamación unánime y entrega incondicional del Foro Sol, habituado como está a la adoración. Débil respuesta en gradas, tal vez por el clima, tal vez por la apertura; este será un público difícil o no será.

Deja las secuencias, cambia la estrategia. Serán batería, guitarras, bajo, alineación clásica del rock. Empuja a la aparición de una chispa que ayude a inflamar al público. La noche ventosa no ayuda. Pasos dislocados a la Jagger, parafernalia básica de estrella de rock.

Pero esto es Depeche Mode. Quiero el sonido sintético que arrastra a lo análogo a las profundidades abisales del sonido y el silencio puros; quiero a Dave y su voz de barítono que parasita los ruidos electrónicos.

La estética en blanco y negro de los videos manufacturados por Anton Corbijn es retomada en la transmisión en vivo plasmada en pantallas gigantes en el escenario. Blanco y negro, switch encendido o apagado, 0 y 1. No hay más. Maniqueísmo del sonido, silencio y sonido. Nada de estados simultáneos. Los sintetizadores de sonido cuánticos nos harán sentir nostalgia de estos tiempos, pienso para mí.

El escenario oscurece. Entran las bases electrónicas de Precious. El público deja el estado cero y transita al uno. Dave lo sabe, y sus ojos maquillados a la usanza de los actores del cine silente lo dejan saber en las pantallas gigantes.

World in my eyes. El sonido de los sintetizadores encuentra resonancias en lo sintético en nosotros. Dave se lleva la mano a la entrepierna, sabedor de que él y su agrupación nos abrieron a la experiencia del contacto con los sonidos y silencios de la máquina.

Insight. Toca turno a Martin Gore de tomar el escenario acompañado del piano y un coro. Acto de valentía para el compositor de Depeche, el poder tras el trono de su majestad Dave. Aún tengo presente las imágenes de Gahan atravesando verdes campos investido de corona y manto real en el video Enjoy the Silence, creación de Corbijn.

Pero este público es sintético o no será. Martin prueba suerte ahora con Home, obra cruzada por violines y bases sintéticas. Depeche Mode llevó a esta feligresía a las radios y luego a las tiendas de discos. Ellos crearon este culto. Martin está, luego entonces, oficia el culto. Nos dirige. Somos obedientes ovejas siguiendo a nuestro pastor, y el Foro Sol se une en un coro gospel eléctrico a Martin.

Dave sale, interrumpe el éxtasis de la feligresía. Su presencia nos promete nuevamente los abismos. Y suena In Your Room. La dramatización performativa de Gahan se pierde, pues las pantallas exhiben una estilizada pareja de baile en pulcra ejecución dancística. No hay Dave de los lamentos, el mismo que pasaba por una crisis existencial aderezada con drogas cuando se editó Songs of Faith and Devotion.

Everything Counts, y la voz de Dave deviene un sonido metálico. Depeche Mode hizo que el sonido análogo nos fuera artificial, somos todos sintéticos ahora, es nuestra naturaleza.

Con Enjoy the silence, Dave extiende el micrófono a la audiencia, y por momentos, todos somos el front man de Depeche Mode. En esa posición recuerdo su declaración al terminar el concierto de 1988 en el Rose Bowl, que en medio de llanto, tuvo la premonición que lo que advendría sería sólo la repetición de ese momento. El eterno retorno de lo mismo. Una extraña maldición, pienso.

Al llegar Never let me down again, todos acompañamos a en este viaje a Dave-Martin (DM), cantaremos y haremos coros, agitaremos de lado a lado los brazos, seremos uno, nso sentaremos junto a ellos en esta travesía y no querremos bajar jamás.

Vuelta a lo acústico que sabe a traición. Strangelove, en sólo voz y piano. Martin nos deja ver los hilos del volador, la obra tal y como fue creada. Nadie quiere leer al escritor relatando cómo concibió la obra, queremos que la obra se plante frente a nosotros y nos atraviese. Aplaudimos, esperando seducirles así y que se entreguen tan sintéticos como nosotros.

Walking in my shoes, clamor de Dave por empatía. Question of time, y veremos el  famoso giro de baile de Gahan en torno a sí mismo.

Personal Jesus. La obra que introdujo a toda una generación a nivel mundial en los misterios de la música electrónica fuera de los circuitos cultos y de culto. La droga de apertura. La obra seminal. Cuando comenzamos a ver como ajeno lo que hasta entonces nos era natural, y acogimos como propio lo que hasta entonces era lo ajeno: la música sintética.