Con la muestra más grande que se ha realizado de cualquier estudio y que evalúa conductas humanas, se hizo un muestreo mundial con11,570 participantes. En él se encontró que, Independientemente de la cultura y su geografía, los individuos tienden a juzgar de la misma forma las percepciones subjetivas que trata experimento; componentes de atractivo, dominancia y confiabilidad estaban fuertemente vinculados.

El estudio publicado en la revista Nature Human Behavior explica que de forma instintiva los seres humanos pueden reconocer cuando alguien es confiable o podría hacerles daño, “de manera innata tenemos la capacidad de juzgar de manera subjetiva la confiabilidad o la intención de dañarte, lo que pudo favorecer la supervivencia y, posiblemente, la reproducción del individuo”, dijo Isaac González Santoyo, investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y participante en el estudio.

En términos prácticos, si una persona percibe que el rostro de otra es dominante, será más cautelosa al interactuar con ella; en cambio, si percibe que puede confiar, se favorecerán más las colaboraciones sociales.

Replicabilidad en el estudio

Un problema recurrente en la psicología es la falta de replicabilidad en investigaciones que han tenido gran impacto en el área, por lo general son pocas las muestras y solo abarcan un grupo poblacional. En el pasado se habían hecho investigaciones pero en poblaciones caucásicas o grupos culturales de altos ingresos socioeconómicos.

En ello se había encontrado que es más probable que las personas cooperen en interacciones socioeconómicas con individuos cuyos rostros lucen confiables, votan por aquellos con rostros que parecen competentes y buscan relaciones románticas con los más atractivos. Y, por el contrario, quienes no parecen dignos de confianza pueden ser socialmente menos favorecidos.

Aun así existía la duda de si estos resultados se podían replicar en otras poblaciones, por ello este es uno de los principales reconocimientos del reciente estudio, que surgió como parte de una red internacional llamada Psychological Science Accelerator (PSA).

González Santoyo, también doctor en Ciencias Biomédicas, explica que cada uno de los investigadores presentó imágenes de 120 rostros (60 hombres y 60 mujeres) de cuatro grupos étnicos. Así se pudo comprobar que en el mundo los seres humanos, independientemente de si nacieron en África, Europa o América Latina, juzgan de forma similar las imágenes o el rostro de otros en dos dimensiones, principalmente: confiabilidad y probabilidad de ser dañado.

En este trabajo, también participaron investigadores de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, además de la Universidad de Sonora.

Un siguiente capítulo mexicano

A pesar de esta consistencia en la percepción de confiabilidad en los determinantes para emitir juicios de forma innata como especie, este grupo internacional encontró que con el uso de una estrategia de análisis alternativa se observa mucha más variabilidad en la percepción facial entre países, para dimensiones sociales muy importantes como el atractivo, la inteligencia o la responsabilidad.

Por ello el equipo del doctor González Santoyo expandió sus estudios encontrando que el mexicano modifica su percepción de acuerdo con otra característica facial: el tono de piel. Estos componentes han sido aprendidos como favorables o desfavorables socialmente por los miembros de un país debido a procesos históricos determinantes, como una historia de conquista.

“Evaluamos si el cambio en la coloración de la piel asociada a características caucásicas aprendidas a mejor jerarquía social está asociada a la percepción subjetiva que tenemos de los individuos o si esta percepción se relaciona con la forma del rostro, independientemente del tono de piel”. Los resultados de esta nueva etapa estarán disponibles a finales de 2021 o 2022.

nelly.toche@eleconomista.mx