Vuelta a la tuerca de la historia y ruego a los lectores de más de 50 años no dejen de enriquecer este alegato. Arranco con la campaña de Luis Echeverría. Pocos podrán negar que los temas culturales ocuparan su atención. Tanto como a José López Portillo quien con Carmen Romano se hizo acompañar de intelectuales y artistas antes de llegar a Los Pinos y no se diga durante los seis años de gobierno.

La "foristis aguda" también fue la tónica en la campaña de Miguel de la Madrid, quien tampoco soslayó lo cultural como parte de la estrategia electoral. Para ese entonces era estudiante de comunicación en la UAM-Xochimilco. Inicié el proceso de aprendizaje de la gestión cultural y para las campañas del 88, al salir de mi trabajo, me topé con las concentraciones del Frente Democrático Nacional. ¿Alguien recuerda el activismo de los creadores que apoyaron a Cárdenas?

Tantos como los que se sumaron a Carlos Salinas. La suya fue una magistral operación política que culminó con la creación del Conaculta y del Fonca, así como instrumentó una de las etapas más aleccionadoras de la diplomacia pública y cultural para efectos del proyecto económico. Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos hicieron una talacha fundamental en el ámbito en contextos distintos al de Salinas, quien sostuvo un maridaje sin par hasta el levantamiento zapatista y demás sucesos que sobrevinieron.

Ernesto Zedillo imprimió su propio sello con el medio cultural y optó por la continuidad institucional. Su dinamismo fue ostensible. Por segunda ocasión formé parte de un equipo de trabajo transexenal. Me tocó el desarrollo de una trama de políticas culturales que, para el año 2000, se toparon con el triunfo de Vicente Fox.

Una de mis chambas era como colaborador de El Universal, desde cuyas páginas culturales dimos la noticia de que Sari Bermúdez era la coordinadora de la agenda del equipo de campaña. Cubrí de cabo a rabo el proceso. Mientras el candidato priista, con el apoyo de su hermano, mantuvo el estilo de la casa, y el perredismo aplicó métodos similares, con el panista se vivió la falta de pericia y en buena dosis, su desinterés hacia lo que el medio cultural podía representar en votos. El anecdotario de curiosidades es abundante. ¿Alguien recuerda la primera reunión con la "comunidad" en Oaxaca a horas de haber asumido (ambos) sus respectivas presidencias?

Para el 2006, apenas inscritas las plataformas electorales, en el periódico perfilamos las propuestas de López Obrador, Calderón y Madrazo. En los tres casos, las campañas apenas se ocuparon de promover lo que debían. En los tres equipos, los responsables de cultura se transcurrieron envueltos en el desorden. Cuando apareció Sergio Vela, lo nodal de la labor de campaña había pasado. ¿Se puede olvidar el desaseo del cónclave del "Peje" en el Anfiteatro Simón Bolívar?

Vivimios una sucesión "adelantada". Si bien no son identificables los operadores culturales de Peña Nieto, Beltrones, Creel, Vázquez Mota, Lujambio, Cordero, Lozano, López Obrador y Ebrard, lo cierto es que lo aprendido de las elecciones de 1988 a las del 2006 no es en vano. Quienes dan forma al sector cultural, cuentan con mucho más peso, conocimientos y certezas para sostener sus demandas y presionar compromisos. Hay un vasto andamiaje horizontal que sostiene un frente rico en actores, lo que propiciará que abiertas las contiendas al interior de cada partido, los intereses puedan permear para convertirse en un importante soporte para quienes aspiran la candidatura a la Presidencia.

El PRI, a través de la Fundación Colosio, ha dispuesto promover foros para integrar la plataforma del candidato. No tardaremos en saber lo que hará el resto de la partidocracia. Un fuerte jaloneo se da en las rutas que conducen a las cámaras y a la asamblea, en la que lleva a la coordinación de la agenda cultural pues es la que conduce al Conaculta.

Ante el escenario, es importante que los interesados no dilaten las propuestas en estos y otros niveles de intervención, convencidos de que han de ir por igual a todos los partidos y a sus abanderados. Dentro de un año sabremos si lo que llamo la reforma cultural y que promovemos desde la UAM-Xochimilco pudo insertarse en el proyecto de nación, cuáles son los atisbos del nuevo gobierno, quienes se apuntan para presidir el Consejo y, por qué no, a quienes proponemos para que el Presidente elija a uno para acompañarle en el tramo que concluye el 30 de noviembre de 2018. Las piezas se mueven.