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Arte e Ideas

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Cuentos jíbaros ?sobre sirenas

Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí: Julio Torri.

A Javier Perucho, académico y buscador de tesoros literarios, le gusta acuñar términos para definir sus devociones. A él se debe, por ejemplo, los conceptos cuento jíbaro para referirse al microrrelato y, sirenología, ciencia que estudia a ese monstruo marino mitad mujer y mitad pez, ese ser dual que el imaginario colectivo tanto disfruta.

Pero si bien se sabe que las primeras sirenas combinaban el cuerpo de mujer con el de los pájaros o aves, el gozo de Javier Perucho se centra en aquellas que son de orígenes nórdicos y griegos y, en específico, las que son imaginadas por cuentistas jíbaros de Latinoamérica.

Ya en el 2008, Ediciones Fósforo y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León le publicaron la antología Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano, una joya en la que Perucho antologa a 42 escritores que van desde Alfonso Reyes hasta Édgar Omar Avilés que es el más joven de los autores que aparecen en el libro .

De dicha obra transcribo A Circe , de Julio Torri, de quien Perucho llama en su Sirenalia padre fundador del microrrelato mexicano , un texto que el antólogo toma de Tres libros (FCE, 1964).

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

En Yo no canto... ya se vislumbraba el siguiente estudio y antología de Javier Perucho: La música de las sirenas, recientemente publicado por el Fondo Editorial del Estado de México, en la que el sirenólogo revela como el primer sirenario que documenta las muy amenas apariciones de la sirena en la narrativa brevísima hispanoamericana de la centuria pasada y del corriente siglo XXI .

Aquí el antólogo reúne 60 piezas de escritores de la talla de Jorge Luis o Gabriel García Márquez, inicia con Rubén Darío y cierra con Ana Clavel, y escriben expresamente para el libro jóvenes microrrelatistas como Laura Elisa Vizcaíno, de quien transcribo Una cosa por otra .

Ocurrió que una mujer padecía mal humor. Los médicos la examinaron y descubrieron una larga cola de pez que le impedía abrir las piernas. Se la quitaron y disfrutaron de la paciente hasta dejarla sin voz.

Según mi propia mitología, que no sé que tanto difiera o se parezca a la de Perucho, la sirena, gracias a la belleza de su torso, rostro y canto, seduce a los navegantes no para hacerles el amor, sino para devorarlos. Así, en la vida cotidiana, representan los peligros de la pasión, simbolizando la sublimación imaginaria del deseo insatisfecho, pues dadas las extremidades inferiores o las alas de las primeras sirenas, éstas siempre escapan y pueden llevar a la locura y muerte a los hombres.

Javier Perucho, quien en la actualidad imparte cátedra en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, también ha publicado, además de los libros mencionados, la trilogía Los hijos del desastre (2000), Hijos de la patria perdida. Pachucos, chicanos e inmigrantes en la narrativa mexicana del siglo XX (2001) y Estética de los confines, así como El cuento jíbaro. Antología del microrrelato mexicano (2006) y Dinosaurios de papel. El cuento brevísimo en México (2009).

Se trata de un estudioso a la vez estricto que generoso, su lado académico no achata sus posiciones, lo que lo convierte en una voz inteligente, aguda y, por lo tanto, indispensable, en la literatura breve mexicana.

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