Memorias de la procuración de justicia es el más reciente proyecto editorial de Casasola México, empresa encargada de difundir el archivo fotográfico Colección Gustavo Casasola a los mexicanos. El libro, que gira en torno a la procuración de justicia en el Estado de México, inicia en la segunda década del México independiente, pasando por el primer Procurador General de Justicia, para finalizar con la creación de la Fiscalía General de Justicia.

“Tuvimos un acercamiento con el Fiscal Alejandro Gómez Sánchez, quien resultó ser un hombre apasionado de la historia de México, y le propusimos hacer un libro en el que se contara la historia de procuración de justicia del Estado de México. Y le pareció muy oportuno, porque no había un conjunto documental que lo contara de esa forma. Llevamos a cabo la investigación, buscamos en todos los fondos documentales e hicimos entrevistas con ex procuradores para que nos contaran su experiencia, logros de su gestión y sus retos; y que nos dieran su opinión sobre por qué no o por qué sí, hacer una fiscalía. Tenían opiniones encontradas así que es un libro que no le hace la barba a nadie”, nos dice Vania Casasola, directora general de Casasola México.

Si bien el trabajo editorial no es ajeno a la tradición familiar, la particularidad del tema fue en parte, gracias a los esfuerzos de Vania por abordar temas históricos de manera distinta, a la que se había hecho durante muchos años con la colección del archivo.

Vania comenzó trabajando formalmente con su padre a realizar curadurías para clientes que deseaban hacer algo conmemorativo sobre la revolución mexicana, aunque recuerda que toda la vida ha fungido como una mano extra para el trabajo de su padre Gustavo Casasola Salamanca, quien fue curador e investigador en continuación con el legado familiar.

“Comencé a notar que la chamba estaba bien aburrida (ríe)… porque era muy cuadrada. La fotografía iba sólo en un tipo de impresión, en un tipo de bastidor, en este sentido y tenías que seguir una cronología específica. Y yo decía, para la gente que viene, qué flojera que les cuenten el mismo cuento una y otra vez. La gente que conocía el archivo eran quienes se dedicaban a la fotografía o era gente mayor. Había que hacer algo para llegar a la gente en otro sentido y comencé con el gusanito”, recuerda Vania.

Así pues, al momento de hacer una exposición para la ciudad de Puebla sobre el 5 de mayo, a Vania se le ocurrió hacer algo distinto como Contar la vida amorosa del presidente Manuel González (1880-1884)… “y contar algo con los recortes de periódicos de la época. Que los tenemos, porque el archivo de mi abuelo (también llamado Gustavo), se trata de eso: de muchos documentos que te ayudan a investigar para hacer libros, que fue lo que él hizo. Y si hacemos algo que te cuente este chisme y de ahí te vas para el gobierno y luego a una quermés de Carmelita… La presentamos en 2007 y se llamó México después del 5 de mayo. A la gente le gustó mucho. Estaba muy larga, eran 140 fotos. Y el público la veía una por una y soltaba una carcajada, y soltaba el tedio. Y mi papá me dijo: ‘te quedó bien’”.

Y después vinieron algunas más como Retrospectiva de la Explotación del Petróleo en México (2008); Soldaderas, que se inauguró en París (2010) para luego recorrer varias ciudades europeas hasta el 2011, y RevolucionAtl (2013), una exposición que daba cuenta de la participación del artista Gerardo Murillo (Dr. Atl), en la Revolución Mexicana.

Otra de las iniciativas de Vania fue la conjunción del diseño con el archivo fotográfico. Literalmente, la directora nos cuenta que un día se le ocurrió hacer bolsas con la inclusión de una fotografía en el diseño, para que la gente tuviera un “Cachito de historia para llevar”. Comenzó con bolsas y ahora tiene maletas, carteras y hasta cojines.

El archivo Casasola tuvo sus orígenes a principios del siglo XX, gracias al amor del bisabuelo de Vania, Agustín Víctor Casasola (1874), quien fundó la primera agencia de información gráfica. El susodicho comenzó a tomar imágenes cotidianas, con una cámara prestada, de la calle Niño Perdido del Centro Histórico de la Ciudad de México, que era la cuadra donde vivía.

El archivo Casasola se fue engrosando gracias al trabajo del mismo Agustín, sus hijos y de más de 400 fotógrafos que participaron en la agencia. Pero para 1976, la familia de Vania decide aceptar una “propuesta de compra” del gobierno de Echeverría, y el acervo pasa a manos del INAH. El material se encuentra en el Museo Nacional de la Fotografía en Pachuca, Hidalgo. Al respecto, Vania nos dice: “No había signos de interrogación en la propuesta”.

La venta del archivo constituyó un golpe emocional para la familia. Sin embargo, el legado continúa gracias al trabajo de su abuelo Gustavo Casasola Zapata quien, en 1913, a la edad de 13 años, comenzó a incorporarse a la profesión, además de recopilar, con el tiempo, material documental que serviría para la compilación de distintos libros de historia gráfica de nuestro país.

Así fue cómo surgió la Colección Gustavo Casasola, que se encuentra cobijada bajo el ala de Casasola México, que engloba servicios como diseño, edición, curaduría, investigación, gestión de derechos de uso y creación de contenidos. La colección se ha nutrido del trabajo de ambos Gustavos, padre e hijo, y de gente que ha donado colecciones de fotografías y documentos del siglo pasado.

Más allá de lo fascinante de la historia de nuestro país y de la pasión de los Casasola por la fotografía, Vania se detiene para contarnos una situación triste sobre nuestro país: “En 1936, mi abuelo hizo un reportaje de las comunidades indígenas del país. Para 2010 hicimos una exposición para conmemorar los 100 años de la Revolución y de la familia en la fotografía. Un año antes yo había ido de paseo por el Chepe, y pude identificar los lugares que mi abuelo había retratado. Le enseñé las fotos que tomé a mi padre y me dijo: ‘Que tristeza, probablemente, si las ponemos en blanco y negro… siguen igual’”.

Si deseas conocer más sobre el trabajo de Vania y Casasola México, entra a casasolamexico.com

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