En México pareciera que dormir es un lujo y no una condición necesaria para mantener la salud física y mental, de acuerdo con la Academia Mexicana de Medicina del Dormir (AMMD), una de cada cuatro personas duerme mal, se trata de 36.9%, que ya sea por insomnio, apnea del sueño, ronquidos, trastornos por el estilo de vida o el mayor uso de dispositivos móviles, entre otros problemas, no puede llevar una vida sana. En el día mundial del sueño, reconocer esta actividad como algo tan necesario como comer o hacer ejercicio, se vuelve urgente.

Y es que las consecuencias de dormir poco son visibles en muchos ámbitos de la vida, por ejemplo, fallas en la memoria, déficit de atención, hipertensión arterial, deterioro cognoscitivo, obesidad, accidentes automovilísticos, eventos cardiovasculares, cáncer, enfermedades infecciosas y hasta muerte prematura. En adolescentes está asociado con el incremento en el riesgo de suicidio y de conductas autolesivas; también es factor de riesgo para depresión.

En contraste, el sueño es un elemento poco valorado y señalado, “las personas no comentan estas situaciones al médico, este no pregunta sobre cómo duermen sus pacientes y las autoridades no le dan la importancia necesaria. Es un problema de salud pública que pasa de noche para todos”, denunció Margarita Reyes Zúñiga, presidenta de la AMMD. De 50% de las personas que identifican su problema, sólo 5% recibe tratamiento.

Recordó que un problema de salud pública es aquel que tiene una prevalencia mayor a 1% en la población, hoy los trastornos del sueño están muy por encima de esta cifra. Por ejemplo, para el insomnio en la Ensanut, se reportó una prevalencia de 18.8% en la población, incluso el doble de la prevalencia de diabetes.

Sueño y envejecimiento

Este año es el 15 de marzo el día asignado para hablar del sueño y tiene como lema: “Sueño saludable, envejecimiento saludable”.

En la vejez, el insomnio es una de las quejas más frecuentes, la prevalencia es de 44% y en muchas ocasiones está asociada a alteraciones del estado de ánimo, síntomas físicos como tos o dolor; otra causa frecuente del insomnio en este grupo de edad es el consumo de algunos medicamentos.

Se ha observado que los adultos que realizan actividad física y mantienen un horario de sueño regular logran tener un mejor envejecimiento que quienes no lo hacen. “Dormir bien en la tercera edad nos retrasa el efecto del envejecimiento hasta por 10 años, comparado con el grupo que duerme menor tiempo”, comenta la también especialista de la Clínica del Sueño del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

Otro trastorno de alta prevalencia en adultos mayores es la apnea obstructiva del sueño, asociada con riesgo cardiovascular incrementado y con deterioro cognitivo. “Es importante mantenernos lo más cercano al peso ideal, evitar el consumo de alcohol o sedantes porque agravan la apnea, y sobre todo buscar la valoración de un especialista”, agregó la doctora Reyes.

¿Qué hacer?

La atención del sueño es algo relativamente reciente, en Estados Unidos a partir de la década de los 50 se empezaron a hacer los primeros registros del sueño humano y esto ha ido creciendo; de 20 años para acá se empezaron a ver los efectos de la privación de sueño. “Desafortunadamente, nuestro país está rezagado en cuanto a capacidad de diagnóstico y atención, aun así, cada vez hay más clínicas y especialistas”, asegura la especialista en entrevista.

Además, tenemos una incapacidad de reconocer los síntomas de la enfermedad, por ejemplo “la gente asocia roncar, con dormir profundo; o que tener insomnio o dormir cuatro horas es completamente normal”.

Ante ello, la doctora recomienda como primer factor reconocer las horas de sueño con base en nuestro grupo de edad: por ejemplo, un niño debe dormir más de nueve horas, hacerlo en menor tiempo se relaciona con obesidad infantil y menos optimismo. Para los adultos son de siete a nueve horas las requeridas, de lo contrario se presenta irritabilidad, ansiedad, aumento del apetito, somnolencia, dificultad en la atención, concentración y memoria, se presenta la gripe con mayor frecuencia, las vacunas no tienen la misma eficacia, además se incrementa el riesgo de accidentes automovilísticos y disminuye la productividad laboral. Recordó que roncar tampoco es normal y si el cuello de un hombre mide más de 40 centímetros y en mujeres 38, es un factor de riesgo de apnea. “Estos son algunos grupos de síntomas que habría que buscar”.

La doctora concluyó que si se presenta dificultad para conciliar el sueño por más de tres días a la semana, y más de tres semanas, hay que buscar valoración y tratamiento médico. Algunos casos los puede tratar incluso el médico general, para casos más específicos se cuentan con clínicas del sueño en la UNAM, la UAM, dentro de los servicios de salud pública, algunos institutos de salud cuentan con clínica del sueño y hay algunas privadas.

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