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Conaculta: documentos para ponerse a trabajar
La centralidad del aparato institucional en todos sus niveles no deja de imponer un peso difícil de eludir.

En tanto algunos podrán no estar de acuerdo, soy de los partidarios de que en la discusión sobre la intervención del Estado en cultura y con ella, en el análisis de las políticas culturales, se ha vivido por décadas una suerte de revuelta. A pesar de que años hace que otros actores dan sentido al sector, como lo son las universidades públicas, el mecenazgo privado y los empresarios, la centralidad del aparato institucional en todos sus niveles no deja de imponer un peso difícil de eludir. El historial es abundante y todos los días se abona algo que nos pone a trabajar.
Así las cosas, cuando estaba por iniciar el periodo vacacional decembrino, Consuelo Sáizar abrió tres frentes para cerrar un 2010 lleno de sinsabores por cuenta del festín bicentenario. El primero trata de lo que ella misma califica muy atinadamente como un catálogo enorme y contundente . Un libro de arte de 607 páginas titulado Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Instituciones culturales de México. El segundo y el tercero son las actualizaciones del Atlas de Infraestructura y Patrimonio Cultural de México y de la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales. Tiene sentido ocuparse del primer frente, ya que habrá de facilitar el acceso a los intrincados caminos de los restantes, documentos que aún con muchos paredones de por medio serán difíciles de agotar. Además de encajar en las celebraciones históricas, la obra se inscribe en la campaña de imagen México es cultura y da cuenta de los 91 organismos que opera el Conaculta.
En la presentación, Consuelo Sáizar fija el que estima es el punto de partida para el ulterior desarrollo de las políticas culturales en el país: la aparición de la Historia antigua de México de Francisco Javier Clavijero. Mapa que despunta hacia la segunda mitad del siglo XIX de la mano de Ignacio Manuel Altamirano. Y enfatiza: El modernismo y el porfiriato; la Revolución, el inmenso Vasconcelos y las vanguardias fueron el parto de nuestras maneras de estar en un futuro en el que, como dijo Octavio Paz, somos, por primera vez contemporáneos de todos los hombres. Durante el siglo XX se consolidó nuestra idea de país; la urgencia de igualarlo y democratizarlo .
Luego asevera: Esta generación se dispone a abrir la segunda década del tercer milenio reconociendo nuestro ancestral y valioso legado, tomando como referencia el ejemplar ejercicio cultural del siglo XX y con el diseño de un nuevo proyecto cultural para el siglo XXI que entre muchos otros propósitos logre convertir a México en la plataforma intelectual del español que resuelva los desafíos de la era digital, respetando y preservando nuestro patrimonio y diseñando una política cultural tan amplia e incluyente que pertenezca y sirva a la comunidad entera . Concluye: El proyecto cultural del siglo XXI mexicano tiene como premisa irrenunciable la búsqueda de verdades amplias que nos contengan a todos . Cierto, debemos por principio aceptar la invitación al viaje: volver a revisar cómo y por qué se llegó a la institucionalidad que priva. Viene entonces la incitación a recapitular sobre lo realizado en este milenio y qué hace falta para perfilar una plataforma a largo plazo. Cerramos con el augurio: lo que resta del sexenio habrá de ser la trama de los consensos y de tal envergadura, que quien detente la Presidencia de México el primero de diciembre del 2012 los hará suyos. Toca, pues, reajustar en cierta medida la labor de quienes nos interesamos en la incesante revuelta.
Resta decir que el libro es espectacular. Mide 37.7x27.3cm, pesa 4.5 kilos y tuvo un tiro de 2,000 ejemplares realizados en la paraestatal Impresora y Encuadernadora Progreso. La coordinación editorial estuvo a cargo de Paola Morán Leyva y Fernando Collado Cuevas. El arte y diseño, en manos de León Muñoz Santini; la investigación iconográfica, de Germán Gómez y la investigación corrió por cuenta de Víctor Jiménez. Por cierto, entre algunas ausencias en la obra está el de un apartado de bibliografía, referencias y fuentes para el estudio de las políticas culturales y el aparato de Estado.
Esquirlas. Vaya usted a saber qué genio recomendó al gobernador Rafael Moreno Valle echar por la borda la Secretaría de Cultura para crear ¡un Consejo Estatal para la Cultura y las Artes!, adscrito a la Secretaría de Educación. Y además, calificarlo como modelo de vanguardia nacional . Esta locuaz decisión pone en relieve las otras historias, las de la institucionalidad cultural en cada entidad federativa y de las cuales habrá manera de ocuparnos, pues hay tela de donde cortar