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Comunidad judía reconoce a grandes mentes del país

 Cristina Pacheco, Pepita Serrano, Jacques Rogozinski, Michel Franco y Horacio Franco, entre algunos de los galardonados.

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ZULLEYKA HOYO, ZULLEYKA HOYO

Durante 21 años, el Instituto Cultural México-Israel (ICMI) reunió a un prestigiado grupo de mujeres y hombres destacados en ámbitos tan diversos como ciencias, literatura, economía, periodismo, artes y humanidades, para elogiar, con el premio del mismo nombre, la trayectoria ejemplar de cada uno y reconocer su trabajo en favor del enriquecimiento de la sociedad mexicana.

En su discurso inicial, David Serur, presidente del Instituto, agradeció la presencia de los reconocidos y de varios de los miembros de la comunidad judía, así como de integrantes de la élite empresarial y cultural del país, entre ellos, varios de los premiados.

“Fue un motivo muy honroso para nosotros crear el Premio Instituto Cultural México-Israel y ligar la amistad muy grande entre los dos pueblos. Impulsamos este reconocimiento para que ustedes sigan creando, para que nuestro México siga creciendo y podamos fortalecerlo profundamente”, dijo en referencia a quienes ocupaban la primera fila de lugares en el patio de la sede del ICMI.

Entre el grupo que fue homenajeado la tarde de este domingo estuvieron el doctor en Economía y director de Nacional Financiera, Jacques Rogozinski; el cineasta mexicano más premiado en Cannes, Michel Franco; la escritora y periodista Cristina Pacheco; el analista político y maestro en Ciencias Políticas y Economía Javier Tello, y el doctor en Psicología y vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría, David Szydlo.

También fueron objeto del galardón la reconocida filántropa y promotora de las bellas artes en México, Pepita Serrano; las integrantes del Patronato de la Fundación Kadima, que trabaja en favor de las personas con discapacidad y necesidades especiales; la también filántropa benefactora del sector salud Celia Daniel; el músico, profesor y director de orquesta Horacio Franco; el empresario, catedrático y conferencista Salo Grabinbsky, así como el periodista y escritor Héctor Aguilar Camín. También se realizó un homenaje póstumo para el benefactor del campo mexicano Antonio Azuela Rivera.

Gratitudes compartidas

Jacques Rogozinski subió al estrado para ofrecer un discurso de agradecimiento en nombre de los homenajeados. De manera muy personal, dedicó el premio a la resiliencia de sus padres, un matrimonio de inmigrantes sobrevivientes de los campos de concentración en Auschwitz y Buchenwald durante la Segunda Guerra Mundial.

El destacado economista, quien estuviera en condición de apátrida por 31 años, destacó la relevancia, generalmente inadvertida, de tener una nacionalidad reconocida y abogó por aquellos que, así como él lo hizo, luchan actualmente por obtener una identidad nacional.

“La nacionalidad es algo que todos damos por sentado, pero muy pocos nos detenemos a pensar en el inmenso impacto que esto tiene en cada una de las facetas de nuestra vida, desde lograr una beca de estudios hasta poder obtener un trabajo”, declaró.

Acto seguido, Horacio Franco se sumó a los agradecimientos por la distinción. “Esa convicción de disciplina, educación y culturización es lo que ha mantenido (a la comunidad) al pueblo judío tan admirado”, dijo antes de dedicar a la comunidad su interpretación del recital con flauta de pico de “Les folies d’espagne”, de Marin Marais.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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