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Arte e Ideas

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Comunicación responsable

Tres breves reflexiones coyunturales sobre periodismo, publicidad y medios.

Tres temas distintos, con actores separados y a la vez casados. Muchas veces con intereses encontrados, pero al final íntimamente ligados entre sí y con un supuesto fin común: generar y difundir información y entretenimiento en beneficio de la población.

Periodismo: la revista Rolling Stone y el caso?de violación en Virginia

El 19 de noviembre pasado, la revista Rolling Stone publicó un escandaloso y escalofriante artículo de 9,000 palabras describiendo una dolorosa violación en grupo a una estudiante de la Universidad de Virginia. La escritora, Sabrina Rubin Erdely, detalló el relato sobre cómo una estudiante, a quien se le puso el seudónimo de Jackie, fue engañada por su novio y la condujo a un cuarto cerrado en la Fraternidad Phi Kappa Psi y fue brutalmente violada por siete hombres.

A los pocos días el Washington Post y otras instituciones comenzaron una investigación de los supuestos hechos y en poco tiempo se dieron cuenta de varias inconsistencias. Al cabo de algunos meses y después de una investigación independiente hecha por la escuela de periodismo de la Universidad de Columbia,la institución detalló en un extenso reporte que la veracidad de los hechos es totalmente cuestionable. Hubo grandes errores al reportear, editar y revisar los datos, así como en la supervisión por parte de los editores.

¿Cuántos errores de este tipo pasarán inadvertidos todos los días que deforman la realidad y afectan la opinión pública?

Publicidad: las campañas

En las últimas semanas el bombardeo publicitario de la infinidad de partidos políticos, sumado a los anuncios del INE, ha saturado los espacios comerciales de las estaciones de radio y los canales de televisión abierta. Este hecho per se, si bien molesto para las audiencias, no es nocivo.

Sin embargo, el tema se ha polemizado a nivel parlamentario y poblacional por diversas razones.

El gasto: en primer lugar, la cantidad aproximada que el INE destinará a estas elecciones será de 5,080 millones de pesos. Ante tan exorbitante monto, los mexicanos no podemos más que preguntarnos por qué no se destina este monto a rubros capaces de generar bienestar a la sociedad en lugar de desesperanzadoras campañas publicitarias.

Cabe aclarar que, adicional a este gasto, las estaciones de televisión y radio, durante este proceso electoral que arrancó en enero y terminará el 7 de junio, habrán tenido que transmitir sin costo para los partidos 34 millones 876,698 spots publicitarios. Según estimaciones de Integralia Consultores, sólo en el Distrito Federal y el Estado de México, esto equivale para las estaciones de radio y TV a un monto aproximado de 15,000 millones de pesos.

El contenido: en segundo lugar, los anuncios son poco creativos, mediocres, llenos de lugares comunes y realmente aburridos. Quizá la tarea es difícil para los publicistas, pues aunque el presidente piense distinto, hay pocas cosas buenas de las cuales hablar y la credibilidad que tienen tanto los partidos como los políticos ante la opinión pública es nula.

La ineficacia: en tercer lugar, y quizá lo que resulta más odioso de toda esta historia, es la maraña de dimes y diretes, difamaciones, combates y acusaciones que se han desatado de las campañas. Sería interesante ver cuántos votos efectivos resultan de esta multimillonaria campaña. Suponiendo que estas erogaciones fueran necesarias para nuestra democracia, al menos deberíamos poder tener campañas publicitarias propositivas y eficaces.

Bien harían el INE y demás actores involucrados en tomar consciencia del inútil desperdicio de recursos derrochados en estas últimas semanas y plantearse nuevas y útiles campañas para poder promover la democracia en el país.

Medios de comunicación

Los medios de comunicación en México tienen una difícil tarea ante la sociedad para ser congruentes y objetivos. Por una parte son un negocio que necesita generar utilidades para sus socios y accionistas. Esto implica a veces tener que aceptar publicidad con la cual no necesariamente estén de acuerdo. Por otra, tienen que ser imparciales ante la opinión pública y promover la democracia, situación que se dificulta si se afecta a grupos de poder. Finalmente también se ven forzados a estar al servicio del estado, cuyos intereses no siempre están alineados con los de la democracia.

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