Soy Jorge y soy un glotón. Confieso que soy de esas personas odiosas cuyo metabolismo les permite comer mórbidamente sin subir de peso. Me alimento sin vergüenza alguna y, en verdad, hay pocas cosas que no me haya comido.

En uno de estos frenesís que todo glotón experimenta, comí más carne roja en una semana que lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud en un año. Y pese a que difícilmente hago caso a las declaraciones de la OMS (menos, después de su despotrique contra el tocino), mi cuerpo me hizo un guiño sobre sus necesidades, al súbitamente atormentarme con un tiránico antojo por una ensalada -sin croutons, ni aderezo o siquiera una porcioncita de proteína . Todo lo que quería era deforestar el camellón frente a mi casa.

Escuchar al cuerpo es importantísimo si se quiere evitar peligrosas secuelas de una dieta poco balanceada. Todos requerimos los nutrientes que se encuentran en los alimentos que ingerimos; excedernos o privarnos de ellos podría resultar en una severa deficiencia o, en el peor de los casos, en una enfermedad grave.

Otro aspecto no menos importante acerca de mantener una dieta basada en la monotonía es sacrificar el deleite que significa la combinación de sabores, texturas, aromas y sensaciones que todos los diferentes ingredientes pueden entregar.

Si se busca combinar ambos: la experiencia sensorial con los beneficios nutricionales, Coco y Chía es un gran lugar para hacerlo; sobre todo, si se es vegetariano o vegano -no requiero aclarar que seguir este régimen puede resultar muy complejo en esta ciudad-.

Producto del ingenio y esfuerzo de Denise Delait, este vergel en el centro de la colonia Del Valle ofrece platillos absolutamente veganos -creados por Denise y su talentoso cocinero en jefe, Alberto Salgado- con un plus: es barato.

Además de contar con una carta bastante amplia, Coco y Chía ofrece un menú diario de tres tiempos y agua por 120 pesos.

Mi expedición a Coco y Chía inició con una botana muy exitosa, según me comentó Alberto: tres chips de hoja de berza (kale) deshidratada con aderezos sabor nacho, cebolla y chipotle. Primero probé el de nacho: una insólita combinación de pimiento y nuez de la india resulta en el sorprendente sabor, tan cercano a un dorito nacho, menos la textura grasosa y la culpa. El segundo, el de cebolla, de un sabor intenso e intrigante; los aromáticos terpenos de la berza como los de la cebolla también deshidratada- generan una dulce combinación que, de primer golpe, resulta alucinante. Finalmente, el de chipotle es ideal para abrir el apetito, debido a su intensa pungencia y dulzor, que provocan una grata salivación.

Después, seguí con unos chilaquiles verdes con aguacate, cebolla morada, queso de macadamia, rebanadas de tomate verde y brotes de rábano. Una nueva adición al menú de desayunos en Coco y Chía. Si bien los chilaquiles son, de por sí, un plato extraordinario, epítome de la cocina mexicana, los de Coco y Chía son sobresalientes. Los totopos de tortilla azul son horneados, dándoles una textura crujiente, sin el exceso de grasa que tienen los fritos. La salsa es de una vibrante acidez que se complementa perfecto con la cremosidad y dulzura del aguacate. El queso de macadamia merece una mención aparte. Es hecho ahí mismo y tiene una textura y sabor muy similar al requesón o queso doble crema, incluida la ligera acidez, además del singular carácter de esta nuez.

Hamburguesa de portobello con un bollo de cereales germinados, guacamole, espinaca baby, cebolla caramelizada y, de guarnición, bastones de camote a la francesa y catsup casera. El portobello es horneado con romero, lo que logra que permanezca carnoso y jugoso, además de perfumado con el terapéutico y revitalizante aroma del rosemary (romero). El bollo, que es más similar a una galleta que a un pan suave, aporta una textura antagónica a la ternura del hongo, además de un sabor avellanado y protagónico. El camote resulta una guarnición muy interesante, ya que tiene una textura más tierna y un sabor más dulce que la papa, gracias a que no contiene solanina, el compuesto que le da el amargor a esta última.

Superlicuado Muy Berry, hecho con agua de coco, fresa, frambuesa, mora azul, plátano, mezquite y mucuna (una leguminosa exótica usada regularmente como complemento alimenticio). Sin duda los licuados o smoothies resultan el maridaje apropiado cuando se busca mantener una dieta saludable y rica. Este batido no es la excepción, fundamentalmente porque las moras o berries son una gran fuente de vitamina C, antioxidantes y fibra vegetal. Nadie podría negarse a probar este saludable batido de intenso color magenta y sabor perfumado.

Refresco casero de zarzaparrilla: sin duda, otro de los alimentos que iría a mi lista de gustos adquiridos. Hecho con un jarabe casero (con raíz de zarzaparrilla, betabel y melaza) resulta una bebida vigorizante y de mucho carácter, similar a una cerveza de raíz, pero con un prominente y marcado sabor a regaliz. Si no se ha probado el orozuz, esta bebida podría resultar impactante.

Coco y Chía no sólo es un restaurante vegetariano más. La filosofía de Denise lo consolida como un centro de bienestar y de consciencia que todos deben visitar.

Providencia 1263

?Esquina Pilares,? colonia Del Valle.?

Teléfono: 6390-5829

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?Twitter: @jdcamarena