Los límites entre las distintas disciplinas escénicas, en especial entre el circo contemporáneo y la danza, están satisfactoriamente más disueltas que nunca. Esa es la sensación que dejó al público el estreno en América Latina de la obra “Opus”, que la compañía australiana Circa presentó el pasado fin de semana en el Teatro Degollado, en la ciudad de Guadalajara, como parte de las actividades de la edición 22 del Festival Cultural de Mayo, que precisamente tiene a Australia como país invitado de honor.

El arte de Terpsícore deleitó a un público que llenó el Degollado durante las tres presentaciones de eso que fuera de protocolo podría llamarse espectáculo-recital, una propuesta escénica, musical, poética, rica en capas de lectura, que ofrecieron doce artistas en escena y los músicos integrantes del Debussy Quartet, que interpreta con precisión la música del compositor ruso Dmitri Shostakóvich, misma que más que acompañar, se entremezcla con los infartantes actos circenses de “Opus”.

Decir circo acrobático no queda pequeño al referirse la encomiable demostración de habilidad como gimnastas de los artistas en escena, ni decir que se trató de un delicado arte escénico quedaría grande para hacer referencia de una demostración estética, precisa, sensible y cautivadora al compás de Shostakóvich a lo largo de consistentes 80 minutos.

Cada acto cúspide, con acrobacias inverosímiles, está ligado por una narrativa estética digna de la alta danza contemporánea. No se trata de acrobacias aisladas sino de lances, figuras colectivas, flexiones al límite de lo imposible, coreografías cautivadoras, algunas divertidas, otras tremendamente lúgubres, que le dan carácter de puesta en escena, muy distante de números pausados con introducciones apoteósicas del circo acostumbrado.

Se trata de la belleza de los cuerpos y del cuerpo colectivo de obra. Pero también es acerca de la música, de los músicos que tocan en ese mismo escenario y ante los cuales, las mujeres y hombres de Circa, se descuelgan, se arrojan, y hasta se les acercan, juegan con ellos, los mueven de lugar, les atan los ojos, sin que ninguno de los cuatro músicos deje de tocar, en ningún momento.

Antes de ovacionar de pie, al final de la presentación, el público no pudo evitar aguantar la respiración y no contener los alaridos cada vez que una o un acróbata (y con esto, entiéndase: artista) se dejaba caer desde lo más alto de una torre humana o del trapecio y era recibido en brazos por sus compañeros. La tensión era tanta como el asombro, no había expectativa en esa demostración de los límites del cuerpo humano que no fuera satisfecha con creces.

Talleres de circo contemporáneo

El Festival Cultural de Mayo ha puesto especial énfasis en las artes escénicas, para mostrarla tanto dentro de los escenarios emblemáticos de la capital jalisciense –tal es el caso del Teatro Degollado, con “Opus”–  como fuera de ellos, priorizando un acercamiento de las artes escénicas al público de a pie.

Bajo este nivel de prioridad de acercar las artes a la gente y en el marco del Festival de Mayo, el pasado jueves 16 de mayo, Circa ofreció para 15 jóvenes artistas físicos el taller Circo Contemporáneo, encabezado por el director artístico de la compañía, Yaron Lifschitz, en el Foro Periplo, de la ciudad de Guadalajara, en el que compartió el exigente método creado por él mismo, de nombre 4-space theatre.

La también compañía australiana, Gravity and OtherMyths, hará lo propio con el taller “Acrobatics workshop”, que impartirá el próximo jueves 30 de mayo en el Foro Periplo, para 20 artistas seleccionados. Además, del 29 al 31 de mayo, la compañía ofrecerá tres funciones del espectáculo A simple space en el Laboratorio de Arte Variedades (LARVA), de la capital jalisciense.

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