Que alguien explique dónde quedaron los 8 millones de pesos y los más de dos años que se invirtieron en la exposición "Cine y Revolución", inaugurada el pasado martes en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, porque lo que se ve en las salas no es lo que prometieron en los discursos y en las palabras.

La película de poco más de 25 minutos sobre el triunfo de Francisco I. Madero, guión e imágenes del pionero del cine, Salvador Toscano, es un documento valioso y una gran aportación al cine nacional, pero no es suficiente.

El libro bonito y de pasta dura, titulado "Fragmentos, sobre la misma película", editado por el Conaculta, tampoco alcanza.

No se hable del montaje tipo establo, con maderas y herrajes tipo corral de película western, utilizado para colgar los más de 400 póster, imágenes, y objetos antiguos del cine es bizarro y pobre. El discurso museográfico es lineal y poco imaginativo.

Para este proyecto Pablo Ortiz Monasterio encabezó un nutrido grupo de investigadores notables, entre ellos Ángel Miquel, David Wood, Hugo Lara y Eduardo de la Vega Alfaro. El problema no es el equipo, sino todo lo contrario, es admirable. El problema es que el trabajo de estos estudiosos no se refleja en las en las siete salas temáticas, instaladas en uno de los pisos del antiguo edificio.

Al final de la muestra fue instalado un curioso experimento: un pasadizo da a una sala oscura que fue ideada para vivir la experiencia del sonido de películas mexicanas sobre la Revolución, pero el espectador sufre porque de entrada no saber si va a salir de las sombras el espíritu de Pancho Villa o va a aparecer la presidenta del Conaculta, Consuelo Saizar, para incitarnos a ver la exposición nuevamente. Las dos cosas son un suplicio nada más imaginarlos.

La exposición "Cine y Revolución" fue parte del mega proyecto del museo del cine que el presidente Felipe Calderón anunció en un arrebato de cinéfilo hace dos años. El proyecto del museo naufragó al poco tiempo de ser anunciado, en su contra se encontraba el escándalo de la mega Biblioteca José Vasconcelos, piedra en el zapato de la administración de Sari Bermúdez en el sexenio de Vicente Fox. No querían otro elefante blanco , dijo a este reportero Ortiz Monasterio.

El museo fue cancelado y la exposición continuó, pero lo que llegó a concretarse no es ni el 50% de lo que se quería hacer. El proyecto se fue acotando, y acotando, y acotando , dijo un integrante del equipo de este proyecto. Primero fue el dinero, de 18 millones de pesos prometidos, apenas llegaron 8, y luego el espacio, de tres pisos de San Ildefonso terminaron con uno y entonces la mitad de las 800 piezas e imágenes recopiladas terminaron en una bodega. Al final a los funcionarios el proyecto ya no les gustó y lo dejaron morir, eso fue lo que sucedió.

En el tintero quedó el trabajo de investigación y un tema que está pendiente y tampoco asoma en la exposición y que es el asunto del rescate y preservación de los materiales resguardados y perdidos del cine de la Revolución Mexicana.

¿Y si en lugar de malgastar dinero en exposiciones sin mucho mérito se lo dan a la Fundación Toscano para rescatar su acervo, amenazado por el tiempo? ¿O se lo dan la Filmoteca de la UNAM, que ahora tiene que pagar renta de un edificio al sur de la ciudad, cerca de 80,000 pesos mensuales, luego de ser desalojada de San Ildefonso para instalar el llamado Museo de la Luz? Es sólo una idea y se aceptan más.

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