El Gran Acuífero Maya tiene una extensión de 1,650 kilómetros de redes acuáticas mapeadas, en donde se encontraron restos humanos, cerámica, entre otros materiales que según los estudios de carbono hechos en la Cueva de Balankanché, tiene 200 años de ser depósito, actividad que está estrictamente ligada con motivos rituales.

Estos santuarios tienen una gran relación con altares dedicados a la lluvia con restos que datan del año 825 a. de C. Algunos acuíferos también eran lugares que servían como observatorio astronómico, según dio a conocer el director del proyecto, el arqueólogo Guillermo de Anda

Se anunció también de la posibilidad de la existencia de un quinto cenote debajo del Palacio de Chichén Itzá, conocido como Pirámide de Kukulkán, además de los cuatro que se encuentran alrededor de la estructura. Según la tecnología con la que se ha desarrollado la investigación, hay cavidades en el suelo que se conectan hasta la cima de la pirámide. Este "Osario" en el centro de la pirámide es una característica cosmogónica que fue una de la primeras en utilizarse en la región, según los investigadores.

Guillermo de Anda registra una vasija bajo el agua en el cenote de Balamkanché. Foto: Cortesía Gran Acuífero Maya.

La tecnología empleada también permitió tener la primera imagen de Chichén Itzá con modelos en 3D y tener la ubicación exacta de la cueva de Balankú, de la que no había registro. 

"La sacralidad del agua y la cueva", fue una de las ponencias a cargo de la investigadora Mercedes de la Garza quien explicó la relación de las cuevas con el dios maya Chaak "señor de agua" y de la interpretación que se tiene de los cenotes como fuente de agua sagrada y del inframundo, sin embargo, destacó que en la actualidad el agua de estas cuevas se encuentra contaminada "como en muchos lugares de la Península", comentó. 

Reconocen a  los primeros exploradores

El Primer Coloquio de Arqueología del Gran Acuífero Maya se realizó en el Alcázar del Castillo de Chapultepec con la presencia del investigador Pedro Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, Fredrik Hiebert, director de la National Geographic Society y Guillermo de Anda, director del Gran Acuífero Maya (GAM).

"Este coloquio es parte del esfuerzo de la difusión de la ciencia. Es también una ocasión histórica en que el INAH y National Geographic unen esfuerzos en arqueología", dijo Guillermo de Anda. 

Ofrenda maya (el trono del Dios Jaguar), en la mística cueva Balamkanché. Foto: Cortesía Gran Acuífero Maya.

En 1959, Balankanché fue explorada con apoyo de National Geographic y todavía en la actualidad continúan otras exploraciones. 

Los primeros de estos exploradores que se aventuraron entrar a los cenotes fueron George Stuart (1935–2014), a quien se rindió  homenaje en el coloquio, junto con  William J. Folan, el único sobreviviente de la primera expedición, quien también recibió el reconocimiento de autoridades del INAH y National Geographic

Sánchez Nava dijo que no se descarta la posibilidad de nombrar este conjunto de cenotes como valor patrimonial mixto para la UNESCO "y que puedan trascender a otras generaciones", destacó.

kg