CELESTÚN, Yucatán. Quien rechaza la hipótesis del amor a primera vista probablemente no ha visitado la Reserva de la Biosfera Ría Celestún. Basta desplazarse entre los manglares de la zona para entender esta afirmación y percibir los síntomas del enamoramiento que surge al observar al flamenco rosado en su hábitat, libre, siendo la estrella turística de un ecosistema que llena los pulmones con el aire más limpio de la península de Yucatán.

El arribo a la Biosfera, ubicada a 90 kilómetros de Mérida, aumenta la expectativa en torno al encuentro prometido por los guías, pero también acarrea el nacimiento de algunos miedos: primero, el no observar ningún flamenco, ello al considerar que la principal temporada de avistamiento comprende los meses de noviembre a marzo. Después, el haber olvidado el repelente de mosquitos, indispensable al adentrarse en la zona. El último temor, por fortuna, se desvanece al palpar a tientas un bote conocido en la mochila.

Una estación de servicios para turistas equipada con tiendas de artesanías y recuerdos es la primera parada de la jornada. Desde aquí hay que caminar pocos pasos para llegar a un pequeño muelle de concreto que, pintado de rosa y blanco, alberga distintas embarcaciones que alternan el servicio a los visitantes; cada una de ellas luce lista para detonar una estela de espuma blanca que parta en dos las aguas de la ría con su avance.

Al iniciar el paseo, el viento vuela algunos sombreros de las cabezas (que por fortuna son rescatados gracias a los reflejos de los compañeros de tour sentados en las sillas traseras) mientras se avanza a toda velocidad a través de la Reserva. La vista descubre sendos bloques de mangle que se levantan imponentes, como si fueran parte de un laberinto perceptible sólo desde las alturas, y el cielo invita a imaginar figuras fantásticas entre las nubes que lo atraviesan.

Su majestad, el flamenco rosado

Celestún, Yucatán

Cuando la embarcación se estaciona en una de las orillas del mangle, el corazón comienza a latir con fuerza ante la cercanía de un encuentro largamente anhelado. Y late con más intensidad cuando se descubre un sendero de madera que se abre paso entre la espesa vegetación, rescatando a los visitantes de una superficie pantanosa visible entre las rendijas tableadas del camino. Al fondo de la pasarela, un brillo luminoso que emana del suelo anticipa la llegada al destino.

Y de pronto, todo es alegría. La visión de una parvada rosada tiñe de fantasía ese punto de la Reserva y despierta la fascinación de su audiencia. En la distancia, algunos de los flamencos permanecen quietos y con una pata doblada, formando un cuatro, mientras otros levantan el vuelo al unísono y parecen flotar, en sincronía perfecta, al mismo nivel del suelo. A la distancia, los viajeros contienen el aliento mientras siguen el desplazamiento de las aves con el mismo movimiento de cabeza.

La observación de los flamencos transcurre ente el tartamudeo de quien intenta describir sin éxito la belleza del momento y los suspiros de la multitud; sin embargo, al cabo de unos minutos, un silencio compartido por el grupo se adueña del espacio, permitiendo una mayor compenetración con ese entorno privilegiado de la geografía yucateca y descubriendo el nacimiento de una verdad irrefutable: esos seres fantásticos, casi de ensueño, han logrado robarse el corazón de sus visitantes.

El regreso al sendero que construyen las tarimas de madera desborda el entusiasmo de los afortunados que acaban de presenciar uno de los espectáculos naturales más bellos que tiene México para ofrecer al mundo, y los suspiros de algunos permanecen, incluso, después de abordar la embarcación en busca de nuevos senderos escondidos en Celestún.

Un chapuzón inesperado

Celestún, Yucatán

El regreso a la tierra tras la visión celestial o mejor dicho, la vuelta al manto acuático de la ría tras la vista de los flamencos permite respirar a plenitud el aire del ecosistema entre ráfagas de viento que, si bien saben quitar gorras y sombreros, también prodigan caricias al rostro de quienes se aventuran a conocer los secretos de esta Reserva de la Biosfera.

Sobre todo cuando la lancha aumenta la velocidad para ofrecer un paseo zigzagueante que arranca sonrisas nerviosas a la tripulación, mientras ésta escudriña cada detalle del entorno con el objetivo de conocer más habitantes de la Reserva, entre ellos, algunos pelícanos extraviados que planean muy cerca del bote y un grupo de patos que avanza en fila casi perfecta, ajenos a la prisa ?de la embarcación.

La segunda parte del trayecto conduce a otro extremo de la zona de manglares, donde un ojo de agua cristalina reta a sentir, de una vez por todas, la frescura del entorno escurriéndose en la piel. Es un rincón idílico que reposa entre árboles centenarios, invitando a sus visitantes a olvidarse del calor al sumergirse en sus aguas dulces y frescas.

Después del chapuzón, tras decidir dejarse secar por ese viento que acaricia el paseo, el grupo de viajeros retoma el paso veloz del bote y la visión de un muelle que alterna tonos rosas y blancos se hace cada vez más cercana, anticipando, a sus pasajeros, el final del recorrido.

La promesa de amor lanzada por la Reserva de la Biosfera al inicio de la jornada se cumple sin demora, y no son pocos quienes, como hacen los amantes, comienzan a soñar con el próximo encuentro en el momento exacto en que perciben la llegada inminente del adiós.

Dato de viaje

La Reserva de la Biosfera Ría Celestún alberga más de 300 especies animales distintas, de las cuales 11 son endémicas.

Empaca unos binoculares, son indispensables para apreciar con mayor precisión el vuelo de los flamencos y permiten descubrir otras especies de la Reserva

El color rosado de los flamencos se debe a la alta concentración de caroteno en las aguas de la ría Celestún

Los flamencos rosados son aves monógamas, que alcanzan a vivir 40 años en estado salvaje y hasta 45 años en cautiverio

Cómo llegar

Para arribar a Mérida, Yucatán, Vivaaerobús, Interjet y Aeroméxico ofrecen vuelos directos desde la Ciudad de México con duración promedio de una hora y 45 minutos. Desde Mérida, touroperadores ofrecen transportación a Celestún con duración de una hora y 30 minutos.

Hospedaje

Presidente Intercontinental Villa Mercedes

  • www.presidenteicmerida.com
  • Avenida Colón 500, Mérida, Yucatán.
  • Tel: (01999) 942-9000

Hotel Xixim

  • hotelxixim.com/es
  • Municipio de Celestún, Yucatán.
  • Tel: (01988) 916-2100

Restaurantes

La Palapa

  • Municipio de Celestún, Yucatán.
  • Tel: (01988) 916-2063

Zaxim

  • hotelxixim.com/es
  • Municipio de Celestún, Yucatán.
  • Tel: (01988) 916-2100

Operador

Mayan Ecotours

  • Calle 80, 561, Residencial Pensiones Sexta Etapa, Mérida Yucatán.
  • Tel: (01999) 987-3710

Ecoturismo Yucatán

  • Calle 3, 235, Mérida, Yucatán.
  • Tel: (01999) 920-2772

alberto.romero@eleconomista.mx