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Capital mental: Las leyes de poder
Para quien quiera entender la naturaleza de ciertos acontecimientos imprevistos y sorprendentes que ocurren de tanto en tanto en la vida, pero cuyo significado y consecuencias suelen ser considerables, vale la pena enterarse qué son las "leyes de poder".
"Aprendió a verse desde la distancia, en primer lugar a mirarse como un hombre entre los demás hombres, luego como un conjunto de partículas de materia sin orden ni concierto y, por último, como una brizna de polvo solitaria -y entre más se alejaba de su punto de partida...más cerca estaba de encontrar la grandeza".
Paul Auster, The book of illusions (2002)
Para quien quiera entender, o al menos aspire a explicar racionalmente, la naturaleza de ciertos acontecimientos imprevistos y sorprendentes que ocurren de tanto en tanto en la vida, pero cuyo significado y consecuencias suelen ser considerables, vale la pena enterarse qué son las "leyes de poder".
Si usted no se dedica a la física o a las matemáticas -igual que yo-, lo más probable es que crea que se trata de un asunto de política, grilla y mafias.
Sin embargo, los científicos se han dado cuenta que la naturaleza en ocasiones produce cantidades excepcionales (de cualquier cosa) y que su distribución NO sigue la tradicional gráfica de campana donde el promedio se localiza en las partes centrales y las minorías se reparten en ambos extremos. Por el contrario, este tipo de eventos surge repentina e inesperadamente y con ello también la posibilidad de que varios sucesos menores coexistan con unos pocos otros de gran envergadura.
A fin de cuentas lo que distingue una ley de poder no es solamente que en la naturaleza se producen muchísimos eventos pequeños, sino que esos acontecimientos minúsculos o insignificantes, en un momento dado, tienen la posibilidad de compartir el escenario con sucesos tremendos, fabulosos e imprevistos.
Hace un par de semanas se presentaron en mi vida algunos sucesos extraordinarios. En el primero, un pariente con quien conviví intensa y divertidamente durante la niñez y parte de la adolescencia, se puso en contacto conmigo a través del facebook después de 45 años de distanciamiento.
En el segundo, una hija con quien hacía por lo menos 14 años había perdido la comunicación, me envió un correo electrónico proponiendo afectuosamente un reencuentro y para que conociera a mi nieto de casi tres años.
En esos mismos días ocurrió que mientras charlábamos mi esposa y yo con un amigo en un café de la Ciudad de México se acercó a saludar una mujer muy importante en mi vida y a quien no había visto en 30 años.
Esa tarde, decidimos ir al cine y al cruzar una avenida nos encontramos casualmente con nuestra hija quien se dirigía a una reunión de trabajo. En la mañana habíamos desayunado todos juntos quedando de vernos esa misma noche. En ningún momento intercambiamos información acerca de por donde estaríamos moviéndonos.
La ciencia que estudia las redes sociales está avanzando a pasos agigantados. El ir encontrando constantes que nos permitan identificar similitudes de relación y comportamiento entre la internet, las grandes corporaciones, los gobiernos, las familias, el cerebro y hasta las moléculas de una célula, representa una gran oportunidad para comprender de manera racional los fenómenos más simples del diario acontecer, pero también los eventos más trascendentes, dramáticos y conmovedores de nuestras vidas.