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Brote de viruela del mono no anuncia nueva pandemia

Aunque el brote es uno de los más grandes ocurridos fuera de África central, conocemos la enfermedad y tenemos vacunas para controlarla, asegura la doctora Ana Lorena Gutiérrez Escolano, infectóloga del Cinvestav.

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Tubos de ensayo con la etiqueta "Monkeypox virus positive": Positivo a viruela del mono. Foto: Reuters

La viruela símica había sido declarada una enfermedad zoonótica erradicada desde 1980, transmitida de animales a personas, hasta que a principios de mayo pasado se detectaron los primeros casos fuera de África que pusieron en alerta al mundo. Pero ¿qué tan grave es el problema?, ¿estamos frente a una probable pandemia nuevamente?

La doctora Ana Lorena Gutiérrez Escolano, investigadora del Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular del Cinvestav, explica que, aunque el reciente brote de viruela símica es uno de los más grandes ocurridos fuera de África central, no implica que se convertirá en una pandemia, “la diferencia es que ya conocemos la enfermedad, tenemos experiencia con la viruela humana, declarada como erradicada por la OMS, y las vacunas contra el virus variola podrían producirse en grandes cantidades y utilizarse en caso de ser necesario”.

La viruela símica no es una enfermedad nueva, fue detectada en humanos en 1970 en la República Democrática del Congo y desde entonces se han presentado casos en diversos países de África occidental y central, mientras que en 2003 se identificó el primer brote fuera de este continente.

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A partir de los primeros casos reportados en mayo de 2022 en más de 20 países, se conoció que el virus fue importado, es decir, la infección con el virus no tuvo lugar en el país en el cual fueron detectados. Esto fue lo que levantó preocupación.

En México, el 24 de mayo de 2022 la Secretaría de Salud emitió un aviso epidemiológico respecto de la viruela símica, estableció las definiciones de caso sospechoso, probable y confirmado, así como del procedimiento a seguir ante la identificación de algunos de ellos.

Cuatro días después, el subsecretario de salud, Hugo López Gatell reportaba el primer caso de viruela símica dentro del territorio nacional. Un hombre de 50 años, residente permanente de la ciudad de Nueva York, quien probablemente se contagió en Holanda, quien es atendido en la Ciudad de México.

Bajo este escenario, lo más importante de acuerdo con la doctora en patología experimental, es la contención de brotes mediante una vigilancia epidemiológica y el contar con información de los síntomas, esto permite la identificación de las personas infectadas, proceder a su aislamiento y brindarles el tratamiento adecuado, pero al igual que con la Covid-19, no es posible predecir los alcances de la enfermedad.

Para diagnosticar de manera precisa la infección con el virus de la viruela símica, se utiliza la prueba molecular llamada reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por su sigla en inglés), con la que se identifica la presencia del material genético del virus en las muestras de saliva o del líquido de las pústulas de los pacientes.

Además, existen dos vacunas licenciadas para prevenir la viruela humana, pero como el virus variola, que producía dicha enfermedad, y el de la viruela símica están relacionados, también evitan esta infección con una eficacia de alrededor de 85 por ciento.

“Estas vacunas se han administrado después de la exposición al virus de la viruela símica, pues se piensa que podrían evitar la infección o hacerla menos severa. Además, se tienen identificados algunos antivirales con posibilidades de usarse, ya sea para inhibir la entrada o evitar la reproducción del virus dentro de las células”, dijo Gutiérrez Escolano.

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¿Qué sabemos sobre la viruela símica?

El virus de la viruela símica pertenece al género Orthopoxvirus y es transmitido al humano principalmente por contacto directo con los líquidos corporales, incluyendo la sangre, las lesiones de la piel o las mucosas de animales infectados, entre ellos ardillas, ratas y lirones; aunque también tiene una propagación de persona a persona.

Esta puede producirse al tener contacto estrecho con la saliva, secreciones de las vías respiratorias, las pústulas de una persona infectada o con objetos contaminados recientemente, como ropa y utensilios para comer. Por lo cual ante un caso confirmado se recomienda aislar al individuo y que la persona cuidadora utilice cubrebocas, evite el contacto directo con lesiones cutáneas y la ropa sea lavada con jabón abundante y agua tibia.

Si bien el contacto físico es un factor de riesgo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), por el momento no está claro si la viruela símica se transmite a través de la vía sexual.

“Un aspecto del cual sí tenemos certeza es que irrumpir en hábitats naturales y trasladar a los animales a otros lugares facilita la propagación de enfermedades antes exclusivas de ciertas regiones; así como el surgimiento de nuevos padecimientos”, confirmó la especialista.

El periodo de incubación de este virus es de 6 a 13 días, lapso en el que se debe estar alerta de cualquier primer síntoma, para acudir al médico y recibir tratamiento.

Sobre cómo detectarla, explica que el intervalo entre la infección con el virus de la viruela símica y la aparición de los síntomas de la enfermedad es de siete hasta 21 días y se distinguen dos etapas: La primera caracterizada por fiebre, dolor de cabeza, lumbar y muscular, además de fatiga e inflamación de los ganglios linfáticos (ubicados en varios sitios del cuerpo, entre ellos el cuello).

En la segunda fase se presenta la erupción cutánea en la cavidad bucal, cara, palmas de las manos y plantas de los pies, que se extiende al tronco; las lesiones inicialmente son pequeñas, rojas y con una base plana que se transforman en pústulas llenas de líquido amarillento altamente infeccioso, las cuales, finalmente, se secan y con ello termina la infección.

Hasta el momento las autoridades de salud aseguran que el cuadro clínico para los humanos en general es leve y por lo tanto, la mortalidad es muy baja, casi ocasional, “no se considera que tenga un alto impacto”.

nelly.toche@eleconomista.mx

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