En diciembre pasado La Casa del Cine, uno de los espacios alternativos de exhibición y de fomento del séptimo arte en la Ciudad de México, se declaraba desahuciada, sin las posibilidades financieras para continuar. Su entonces director, Carlos Sosa, hizo pública una carta para despedirse de una década de funciones y más de 146,000 espectadores que dieron vida a este espacio alternativo en el Centro Histórico.

Pero el desahucio duró apenas unos meses. Un nuevo grupo de socios decidió arriesgar pese a la incertidumbre e hizo posible que a partir del viernes 14 de mayo La Casa del Cine se reactive como un espacio para privilegiar la cinematografía nacional.

El anuncio, efectuado este martes, fue el pase de estafeta en la dirección y también un foro de expresión en la defensa de la cinematografía mexicana, las salas alternativas, la necesidad de creación de públicos y por la diversidad cultural en el séptimo arte.

“Ximena Hernández (la nueva directora), junto con un grupo de amigos que no trabajan en la industria pero son particularmente cinéfilos, algunos de ellos abogados, economistas y mercadólogos, me decían que este es el momento de los contenidos y de las salas independientes, que desde que la competencia de los contenidos comerciales se volvió Netflix, la gente que quiera salir lo hará para buscar experiencias distintas”, relató el otrora director y ahora socio, Carlos Sosa.

Por su parte, la nueva encargada, Ximena Hernández, declaró: “estamos aquí porque creemos que hay muchísimo cine mexicano de calidad y pocos escaparates. La distribución no ha sido la mejor por la falta de espacios y creemos que es ahí donde La Casa del Cine puede hacer algo por la cultura mexicana, llevando todas esas películas, muy dignas de verse, a la mayor cantidad de espectadores posibles. Vale la pena el riesgo”.

Alonso Ruizpalacios, director de Güeros, una de las cintas que se exhibirán en los primeros días de reactivación, consideró que “como directores estamos cada vez más a la merced de las grandes corporaciones, de los imperios de Netflix, Amazon y demás. Se necesitan estos pequeños bastiones para ir a contracorriente, en donde se combata la inercia y se cree comunidad”.

Opiniones sobre la nueva ley de cine en el Senado

El productor Ramiro Ruíz coincidió con Ruizpalacios en que el gran problema de los exhibidores no es la cuota en pantalla para cine nacional o el límite del 45% para cualquier corrida en salas comerciales, sino las grandes plataformas: “ganaron una cantidad de terreno tremenda en la pandemia y están acaparando la exhibición”.

Por su parte, el actor Tenoch Huerta fue tajante: “las dinámicas del mercado no tienen que afectar al arte y mucho menos al arte identitario (...) hay un montón de prácticas perversas por parte de los exhibidores que han venido lastimando al cine y eso se tiene que regular definitivamente”.

Urgió una ley que contemple las narrativas de la periferia y al cine indígena, pero no como un ornamento o una cuota. Esta, dijo, debe contemplar la creación de escuelas aptas para la diversidad cultural del país y desconcentrar los recursos y narrativas que se amasan en “la pequeña élite cultural”.

“De nada sirve que la gente vaya a una comunidad indígena y cuente sus historias desde la visión occidental, porque se van a seguir repitiendo las mismas historias, la misma pornomiseria, la visión chilangocentrista y de la blanquitud hablando de las marginaciones. Si una ley no contempla las diferentes narrativas está condenada al fracaso”.

Globos de Oro 2021

Mientras tanto, en Hollywood, “la tormenta perfecta”

El boicot de la comunidad en Hollywood a los Globos de Oro, acusados de “falta de diversidad y transparencia”, el desplome del rating en las últimas galas de los Oscar, entre otras convulsiones actuales en la meca del cine occidental, tienen denominadores comunes.

“Es parte de un profundo reacomodo de la industria que aceleró la pandemia”, explica el crítico de cine Arturo Aguilar, consultado al respecto por este diario. “Es parte de una fórmula con un montón de variables que hacen una tormenta perfecta. Se están juntando todos los elementos para profundizar cambios en la industria. Es un proceso social natural, importante, en el que todos vamos a participar y por el que la industria se ve presionada”.

En contraparte, afirma, una de las varias razones del desplome del rating es la pérdida de interés de un sector de la población estadounidense, mayoritariamente blanco, que ahora no se siente representado en las premiaciones.

Remarca que la industria hollywoodense está haciendo un trueque de rating y popularidad a cambio de prestigio y credibilidad por la inclusión. “Es una tendencia importantísima desde hace años: el mercado en Estados Unidos ya no es el prioritario para los grandes estudios”.

Concluye que “la gran oportunidad hacia adelante es que la manera en la que terminemos de reacomodar todas las partes sea más equitativa”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx