Cierta mañana de la década de los 70 u 80 del siglo XX, los mexicanos nos despertamos con la noticia de que, en uno de los canales de aguas negras de la ciudad de México, se encontró el cadáver de un hombre rata, o bien, de una rata del tamaño de un hombre.

El suceso se mantuvo vigente en los medios de comunicación, en los hogares, en las cantinas y en los salones de belleza durante varios días y dio pie a varias leyendas urbanas que se pueden leer en Internet, aunque ninguna menciona el origen de las mismas.; Sin embargo, las autoridades de aquel entonces como las de ahora , dispuestas en dar certidumbre a la población, soltaron el rumor de que no, de que siempre no se trataba de un hombre rata, sino de un león de circo que, al morir de viejo, fue desollado y arrojado a las aguas negras.

He querido iniciar este Marcapasos con tal recuerdo porque el 30 de enero reciente, alguna de las sabias comisiones del Poder Legislativo del DF, deseosa de justificar sus modestos sueldos, dietas, primas, asesores, guardaespaldas, autos, viajes, seguros, celulares y lo que resulte del erario, publicaron en la Gaceta Oficial adiciones y reformas en el código penal sobre delitos cometidos por actos de maltrato o crueldad en contra de animales no humanos , por lo que, ni duda cabe, quedan al margen de dicha ley tanto hombres y mujeres como las razas híbridas centauros, sirenas, sátiros, esfinges, gorgonas, Tarzán (el hombre mono), las niñas tarántula que se portaron mal con sus padres, los hombres lobo y los descendientes de aquel mítico hombre rata, entre otros.

La ley agrega: Se entenderá (…) como animal al organismo vivo, no humano, sensible, que no constituya plaga, que posee movilidad propia, y capacidad de respuesta a los estímulos del medio ambiente perteneciente a una especie doméstica o silvestre.

Los animales abandonados o domésticos no serán considerados plaga .

Sin detenernos en la magnífica puntuación de los enunciados legislativos, el diccionario de la RAE define como plaga a la Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan grandes daños a las poblaciones animales o vegetales, como, respectivamente, la peste bubónica y la filoxera .

Es decir, las cucarachas, chinches, piojos, pulgas, ratones, zancudos, etcétera, no pueden ser considerados plaga si no causan grandes daños y si no se aparecen de manera masiva o repentina . Por lo que, si los chilangos no sufrimos un ataque tipo Los pájaros, de Alfred Hitchcock, dichas especies, entre muchas otras, desde la semana pasada están debidamente protegidas para su desarrollo y crecimiento hasta convertirse en plaga.

Agrega la legislación: Al que intencionalmente cometa actos de maltrato o crueldad en contra de cualquier especie animal no humana provocándole la muerte se le impondrán de dos a cuatro años de prisión y de 200 a 400 días de multa .

En otras palabras, el DF se convertirá en breve en una ciudad tan exótica como Calcuta, en donde las vacas que son sagradas se pasean por las calles; o el Peñón de Gibraltar, en donde los monos de Berbería, salvajes y ladrones, conviven tanto con la población local como con los turistas. Y aún más: aquellas personas que maltraten o maten animales para el consumo humano, los trabajadores de zoológicos, los pequeños propietarios de mascotas no hay peor crueldad que tener a un perro, gato, ave, tortuga, etcétera, prisionera en un espacio determinado , los científicos que recurren a conejillos de Indias, los domadores de los circos, los estudiantes que diseccionan ranas, los pajareros de la suerte, et. al., pasan a formar parte del crimen organizado.

Así las leyes, el único animal que se puede disfrutar en la ciudad de México, tanto en el ruedo como en la mesa, es el toro de lidia al no ser doméstico ni silvestre, sino una especie creada exprofeso para la fiesta brava.

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