Siete fragmentos antes del fin. Siete textos independientes unidos por el desencanto.

Siete piezas dramáticas que mantienen una misma estética aunque fueron trazados por seis directores distintos. En siete días se creó el mundo y en siete fragmentos se anuncia su derrumbe. Pero el anuncio existe y esa es una ventaja: el anuncio es como la conciencia o como un fantasma que ha recorrido los tiempos. El anuncio es una alerta: no hay más certeza que el derrumbe, el acabamiento, el polvo, el dolor y la desaparición. ¿Qué hacer?

Respuestas puede haber muchas: acelerar la destrucción del planeta, ser indiferente, ser responsable, hacerse rico, matar gente, suicidarse, amar a los tuyos, tener un hijo, plantar un árbol. La respuesta que Martín López Brie obtuvo fue hacer teatro y escribió siete fragmentos que unidos conforman una obra teatral que es un lamento y una despedida: Pedazos del Apocalipsis.

Un lamento porque las lágrimas son la materia de estos textos, lágrimas por el mundo, lágrimas por el ser, lágrimas de auto conmiseración. Lágrimas que son un rellano para la autodestrucción inconsciente en la cual los seres humanos moran desde hace siglos.

Y es una despedida porque la vida humana, con sus bondades y todo, sigue una pendiente de banalidad acelerada, sobre todo, en las últimas décadas: pendiente que, no obstante, es casi casi inherente al humano: una pendiente de ignorancia que él inauguró desde el momento en que fue fascinado (y encantado; es decir, engañado) por la idea de que a su alcance estaba la posibilidad de comprender el mundo, misma idea que lo condenó a necesitar controlarlo y ponerlo a sus pies.

Las siete obras cortas de López Brie no son panquecillos. Son un potaje condimentado con la abyección más mordaz e insana que hacen imposible mantener una conciencia obediente y recta.

Los pedazos son los siguientes: 1. Génesis 9-11: dos ángeles le hablan a los últimos muertos; 2. Las Plagas: los demonios y su peste; 3. Serenata de Maximiliano y Clementina: dos imbéciles después del fin del mundo; 4. Famosas últimas palabras: las frases de los desahuciados; 5. El día de los tomates: un perro filósofo y una cabeza empalada; 6. La singularidad: dos astronautas se precipitan en su nave espacial rumbo a un agujero negro; 7. Revelación 9-11: un coro de ángeles se acerca al único sobreviviente luego de la destrucción. Le dicen cuál será su nueva misión: ir más allá de su propia humanidad.

Esta obra invita a la reflexión y, al mismo tiempo, entretiene. Es una obra que rasca una comezón que no sentimos pero que hemos cargado desde siempre: la comezón de la importancia personal, la comezón de la mentira y el engaño, la comezón de la estupidez.

La obra cuenta con las actuaciones formidables de Eduardo Castañeda y Jorge Núñez, quienes son acompañados de un modo serio por Madeleine Sierra y Sofía Beatriz López. La escenografía de Emiliano Ortega va de lo futurista a lo cruento: con pocos recursos se logran atmósferas interesantes, los muebles modulares, de acuerdo con el acomodo que tengan en la escena o fragmento, significan cosas distintas. Un acierto.

Los directores de los fragmentos son Alberto Domínguez, Silvia Ortega, Gabriela Ochoa, Aarón Hernández, JLB y Martín López Brie. La producción contó a cargo de Teatro de Quimeras. Si le interesan las propuestas interesantes y distintas, esta es una alternativa que tiene que ver. Termina temporada dentro de dos semanas.

Pedazos de Apocalipsis

Teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán)

Boletos: $150 y $100 con descuentos.

Viernes 20 horas, sábados 19.