La cita, en Oca Restaurante, sito en Moliere 50, Colonia Polanco, teléfonos 5281-5055, 5281-5062.

El motivo, celebración del primer aniversario de la apertura del restaurante, y presentación de nuevos platillos.

Convocantes, Karen Wix, principal propietaria del establecimiento, Vicente Torres, chef ejecutivo y Jocelyn Porras, su esposa, la directora del manejo del comedor.

Asistentes, seis comensales quienes desde un principio creyeron en las bondades del lugar y su equipo humano.

La carta, siete platillos salados y dos postres, cada uno con su correspondiente vino, seleccionados cuidadosamente por Karen, que últimamente está inmersa en este tema con gran pasión e interés.

Charlando con ellos en diferentes momentos de la cena, varios interesantes temas salieron a flote, después de un año de operación, entre ellos, el mejor conocimiento de los productos estacionales y sus proveedores, la mayor experiencia con técnicas vanguardistas culinarias (nitrógeno para deshidratar, el uso de la olla a presión al vacío, la cocción a bajas temperaturas, y muchas otras) y sobre todo, la congruencia entre el servicio y la cocina.

La deliciosa carta en nueve tiempos fue la siguiente...

Antes de pasar a la mesa, champaña Taittinger Brut Reserve, para entrar en el ambiente festivo que se estaba celebrando.

Ya sentados, aparecen los snacks, flores de calabaza deshidratadas, tecas de cacahuate y piquín, polvorones de jitomate y olivas esféricas.

El primer tiempo, tenazas de King crab de Alaska, con acedera (hoja mediterránea de sabor ácido), berros pequeños y nabo dulce crudo, todo aderezado con aceite de almendras.

El vino fue un champán francés J. Charpentier Brut Prestige Rosé, en boca con sabores de fresa, cerezas y tonos sutiles ahumados.

El segundo tiempo, corazones de alcachofas (sabor ligeramente amargo), gajos de naranja (sabor dulce), gajos de pomelo (sabor ácido), gotas de jugo de limón, polvo de oliva (sabor salado) y flor de mastuerzo, platillo que mezcla diferentes sabores acertadamente.

El vino acompañante fue una manzanilla andaluza, de la familia de los jereces, de las bodegas La Gitana, de color oro pálido, ligera y seca.

El tercer tiempo, gazpacho (jitomates cherry, pepino, pimiento y pan), cerezas dulces, anguila ahumada (elemento graso) y esferitas de Campari (elemento fresco).

El vino en este caso fue un Emblema Sauvignon Blanc, 2008, blanco monovarietal de San Antonio de las Minas, B.C., en boca con sabores de frutas tropicales y cítricos.

El cuarto tiempo, camarón de roca confitado en aceite de oliva y hierbas aromáticas, servido con fideua (tallarines del jugo de las cabezas del camarón gelatinizados).

Para este caso, Karen escogió un Chateau St. Jean Chardonnay 2007 Sonoma, californiano blanco, con sabores en boca de pera, mango, clavo y un toque de vainilla.

El quinto tiempo, arroz meloso con bacalao desalado, coliflor cruda y un velo de pimiento.

El vino acompañante resultó ser un blanco francés alsaciano Gustave Lorentz Reserve 2005, Gewurtztraminer, de espesa textura y aromas de lichee y madreselva.

El sexto tiempo, foie gras fresco (marinado en salmuera, congelado y finalmente salteado), con higos naturales aderezados con manzanilla La Gitana.

El vino indicado fue un francés blanco licoroso, Sauternes Haut Bommes 2005.

El séptimo tiempo, cabrito regiomontano confitado al alto vacío, servido con puré de anchoa cantábrica y esferitas de mostaza, combinación interesante de sabores salados.

Para acompañar este platillo de sabores más fuertes, un tinto Marqués de Griñón 2002, Petit Verdot, de color cereza oscuro, potente y denso en boca.

El octavo tiempo, helado de coco, reducción de mandarina y zanahoria confitada.

Aquí surgió el Vin de Gel Gewurtztraminer, vino de hielo blanco de Cataluña, dulce, concentrado, de color amarillo pálido envasado en una bella botella estilizada.

El noveno tiempo, melocotón crudo impregnado con Amaretto, macarrón de almendra y helado de aceite de almendra.

Para terminar con los vinos, se sirvió un Moscatel Palomino L.A. Cetto, de Ensenada, B.C., en boca con sabores a naranja, hierbas y miel.

Esta inigualable cena fue el marco adecuado para conmemorar el primer año de vida de este delicado restaurante, otro ejemplo de fine dining en nuestra ciudad.