Un par de días después de darse a conocer la trágica muerte del poeta y traductor mexicano Guillermo Fernández García (Guadalajara, 1932), un grupo de amigos cercanos al artista comentó que, de acuerdo con la forma en que fue encontrado (bajo signos de violencia, amordazado y maniatado), se sospecha que alguien cercano lo mató.

Lo que suponemos, dadas las circunstancias, es que fue alguien que Guillermo conocía porque la cerradura no estaba violada y había indicios adentro de que Guillermo estaba tomando un trago con esta persona. Es terrible. Los que conocemos a Guillermo sabíamos que él no le abría la casa a nadie. Cuando te decía, vamos a casa era porque te estimaba y tenía la confianza de abrirte las puertas de su casa , comenta en entrevista la editora Rocío Franco López, perteneciente al grupo de amigos cercano al poeta.

La editora mencionó que Fernández era un hombre solitario, ermitaño y muy disciplinado con su trabajo. Todos los cercanos sabíamos que no le podíamos hablar entre las 9 de la mañana y las 4 de la tarde porque estaba traduciendo.

De hecho, incluso, si lo llamabas a esa hora él te contestaba muy cortante. Si le llamabas te decía: ‘qué cosa quieres’. Nosotros, que lo conocíamos no lo tomábamos a mal porque sabíamos que esa era su personalidad, vaya así es el, gruñón , dice Franco como quien aún no se acostumbra a la ausencia de un ser querido.

A las 14:20 del sábado 31 de marzo de 2012, un grupo de amigos muy cercanos al poeta y traductor tapatío lo encontraron muerto en la sala de su hogar ubicado en la calle Guillermo Marconi # 105, colonia Científicos de la ciudad de Toluca, en el estado de México. El hogar está ubicado al interior de una unidad habitacional privada con forma horizontal, con alrededor de seis u ocho departamentos, la cual se mantiene siempre cerrada. Fernández había sido golpeado en la cabeza, maniatado y amordazado con cinta canela.

NO HABÍA MODO DE RECLAMARLO

Una vez que encontraron el cuerpo, los amigos se enfrentaron ante un problema:

al no ser familiares directos no tenían el permiso por parte del SEMEFO (Servicio Médico Forense) de Toluca para poder reclamar el cadáver. La situación era más grave porque Fernández no mantenía contacto con ningún familiar. Salió de Guadalajara desde los 10 años de edad para no volver, solo hasta que llegó a la juventud y decidió reencontrarse con su madre con quien mantuvo contacto hasta la muerte de ella. Después mantuvo contacto con su hermana Alicia Fernández, quien actualmente es una mujer muy mayor que padece de sus facultades mentales.

Por tal motivo, los amigos del poeta buscaron a algún familiar en los últimos días, hasta que, finalmente, el lunes, encontraron a un sobrino de Fernández quien vivía en Cuernavaca y se trasladó a Toluca para el trámite de reconocimiento. Dicen que lo conoce fundamentalmente por fotografías.

La forma como murió hizo todo muy complicado. La situación hubiera sido más sencilla si hubiera sido muerte natural. Pero dadas las condiciones, no nos dejaron entrar a identificarlo al SEMEFO ni nos dieron los resultados de la Necropsia. En el SEMEFO el cuerpo estaba en calidad de desconocido porque nadie podía entrar a identificarlo , comenta Rocío Franco.

La editora también comentó que si no localizaban a ningún familiar del occiso ellos iban a seguir presionando, a través de un notario que hiera el trámite para que ellos pudieran reclamar el cuerpo.

Los amigos aprovecharon para quejarse de otros medios de comunicación quienes difundieron informaciones falsas: El Sol de Toluca básicamente dice que murió de un balazo y que al parecer el móvil del crimen fue pasional debido a las preferencias sexuales del poeta , lo que criticaron como absolutamente falso.

EL AUTOMÓVIL ABANDONADO

La mañana del viernes 30 de marzo, otros inquilinos de la privada donde vivía Guillermo Fernández se extrañaron de no ver el automóvil del poeta desde la tarde del día anterior, lo cual era muy extraño porque a Fernández no solía salir de noche, entonces era normal ver el auto estacionado. A dos cuadras de la privada el automóvil de Fernández obstruía la entrada de otro hogar. Los particulares dieron parte a la policía, quienes acudieron a revisar el automóvil que estaba abierto, encendido y con las llaves puestas. Tomaron la tarjeta de circulación y ésta les indicó el domicilio del poeta. Los policías se apersonaron en el lugar, tocaron pero como nadie les abrió se fueron después de estacionar el coche donde no estorbara y llevarse las llaves. En ese momento, los vecinos notificaron a la autoridad que no sabían del paradero del traductor.

El sábado por la mañana, David Trejo, pareja sentimental de Fernández, llegó temprano a casa del poeta, todos los sábados lo visitaba y le ayudaba por gentileza –porque los amigos de Fernández cuentan que tenía una vitalidad envidiable- con las labores del hogar. Ese día Trejo había quedado de ayudarle a arreglar unos azulejos del baño. Cuando llegó, las vecinas lo alarmaron contándole lo del automóvil y la policía y que no lo habían visto desde el jueves en la tarde.

Entonces, David Trejo fue a ver el vehículo, confundido, llamó a otro de los amigos de Fernández, Santiago Matías, y él, a su vez, localizó a Blanca Ocampo y Lorena Romero. Acordaron encontrarse en la entrada de la casa de Fernández. Rocío había ido al DF a tomar una clase. Entonces, llamaron a algunas personas que pudieran tener noticia del paradero de su amigo.

Cuando, finalmente, agotaron las opciones, fueron por un cerrajero quien abrió la puerta y así fue como finalmente encontraron el cadáver de Guillermo Fernández. Lo vieron Santiago Matías, Lorena Romero y Blanca Ocampo. David Trejo no entró. A las 2:40 le llamaron a Rocío para informarle de la situación: me vine corriendo en cuanto supe , dice.

De pronto es un poco complejo entender esta cercanía con Guillermo porque no somos amigos que estuvieran cada tercer día en su casa. Guillermo era muy especial y no permitía que uno estuviera tan apegado a él, pero como es un grupo de varias personas éramos como satélites que estábamos ahí, de pronto podían pasar tres meses sin que lo viera uno de nosotros, pero sabías que otro lo había visto la semana pasada, etc.

SIN ÚLTIMA VOLUNTAD

Guillermo Fernández podía desvelarse platicando con sus amigos, leyendo poemas, tomando una copa. Si él veía que los alcanzaría el sol, les decía Vamos a ahora al volcán a ver el amanecer . De vez en cuando Guillermo hablaba de la muerte y les confesaba a sus amigos su última voluntad: quería que lo cremaran y esparcieran sus cenizas en el Nevado de Toluca. Sin embargo esta voluntad quedará en suspenso porque ahora el cuerpo del poeta es una evidencia.

SI LO CREMAMOS, ENTORPECERÍAMOS LA INVESTIGACIÓN , DICE LA EDITORA

Toluca era el lugar en el que Fernández había decido morir porque ese modo de vida tranquila se adaptaba a sus requerimientos. Además, el volcán le gustaba. Guillermo era un hombre muy ágil con una vitalidad infinita .

BVC